El nuevo libro de Senac se presenta en General Pico

La colección El Lobo Estepario que lanzáramos desde esta plataforma con Tierraplana de Héctor Massara, encuentra ahora continuidad con El viento que pasa, de Eduardo Senac, que fue presentado la semana anterior en Mundo Libros de Realicó y que lo será en General Pico la semana que viene, más precisamente el viernes 14 en la Casita de los Escritores del Grupo de Escritores Piquenses (GEP).

El viento que pasa fue escrito en momentos en que el autor se mudara a vivir a la localidad serrana de Los Reartes a propósito de producir este libro. Luego de tres años de correcciones finalmente los borradores fueron encuadernados y salen a escena tras un largo silencio por parte del escritor trenelense, quien se desempeña asimismo en la esfera del periodismo cultural.

Luego de haber incursionado en relatos cortos, teatro y fragmentos, finalmente Senac llega con El viento que pasa a un género diferente: los prólogos. En este libro el autor hace una suerte de selección de los mejores libros que leyó y construye un prólogo imaginario para cada uno de ellos. Puede leerse indudablemente como un ensayo de lo que efectuara Borges con Biblioteca personal, donde el gran autor argentino reseña las lecturas que mayor impresión crearon en su vida.

Senac elige para prologar imaginariamente a Bukowski, Kinski, Melville, Stapledon, Rilke, Akutagawa, Hesse, Pessoa, Camus, Faulkner, etc. Y en esa suerte de referencia reseña aspectos particulares de sus biografías y de sus libros, siempre desde la visión propia y desde el sentido poético.

Nada mejor que una parte del libro para comprender mejor a este nuevo libro que rompe con diez años de silencio por parte de Senac. En este caso publicamos el prólogo a Miguel de Asturias.

El viento que pasa, tapas

Miguel de Asturias: Leyendas de Guatemala

La recreación e incluso la invención de cosmogonías debiera ser un género literario, debiera ser el impulso primordial para aventurarse en el gran arte y sentarse con derecho frente a una hoja en blanco. Quizás todo buen libro sea el principio de una cosmogonía. En tal caso un maestro del género sería Miguel de Asturias, quien fusionó una técnica nebular y poética con el sagrado mandato de explicar el mundo.
Nació el 19 de octubre de 1899 en la Ciudad de Guatemala, en el antiguo barrio de la Parroquia. A los 5 años de edad sus padres lo llevaron a la casa de sus abuelos maternos, en Salamá, donde permaneció hasta 1908. Conoció a Rubén Darío en 1916. En 1923 estuvo preso. Vivió en Argentina y se casó en nuestro país. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967. En 1971 publicó una advertencia a la reedición de su tesis en la que señala “la vigencia de mi protesta de entonces frente a la injusticia con que se trata al indio”. El 9 de junio de 1974 murió en España y fue sepultado en París.
Entre todas esas fechas sintió con real impresión las obras líricas de las que se compone la vida en la tierra, en especial el principio de las cosas y la prosperidad silenciosa de la naturaleza. Tuvo una empírica comunión con el mundo vegetal y su papel creador. Si los árboles ardiesen, Asturias podría oír el grito.
Su procedimiento fue impresionante. Escuchó a la gente, a los indios, trajo para sí las viejas leyendas mayas, las cosmogonías y florecimientos de los hombres de maíz. Luego tradujo las tablillas que estaban ilustradas por hechiceros y que despertaban historias dormidas sobre los siglos, cubiertas por la selva.
¿Pero cómo historiar al mágico pueblo maya que aún duerme en las noches de Guatemala?
Nada de eso tiene importancia ni vale la pena su difusión. Resultan impensables los libros de pedagogía, de psicología educacional, los libros de historia. Cómo perder tiempo en esas disciplinas congeladas de quietas, que de tan frías y especulativas no dejan cerrar los ojos y no sueñan al hombre. Para contar la historia de un pueblo mágico se necesita del mismo hechizo. Como dije, su procedimiento fue impresionante: reunió algunas leyendas, inventó otras, y luego hizo de ellas poesía.
¿Cómo hablar de los tres hombres que vinieron del viento y los tres hombres que vinieron del agua y que juntos navegaban en la vegetación y fundaban las cosas a su paso? De hecho escribió: “Nueva vida la luz. El aire. La cabaña abierta al sol y de noche la cristalería de los astros”.
Esos tres que venían en el viento tenían el trabajo de despertar la tierra; los tres que venían en el agua, el de dormirla en la caída del sol. Los seis se alimentaban de las frutas de los árboles, y no encontraban buenas o malas, todas eran sangre de la naturaleza. Los seis hicieron la selva, prolongación del mar en tierra firme. Uno de ellos después de un día que duró siglos, un día sin aurora ni ocaso, ni sombra, cristalino en eterno mediodía, fundó el pueblo Maya, la gente del maíz, que fue apenas un templo y cien casitas alrededor.
El uso de la alegoría, la perífrasis y el paralelismo sorprendió a Paul Valéry, sin embargo Asturias estaba más allá de la sintaxis: se quejaba que los dioses revelaran la sustancia que usaron para crear al hombre, pero que nada dijeran de la sustancia utilizada para organizar el universo.
En la leyenda de las tablillas que cantan se explica el origen del arco iris, responsabilidad principal de uno de los mascadores de la luna, Utuquel, y de los demás poetas, condenados a depositar nubecitas en los volcanes, que son como semillas que explotan con colores, con siete colores. Todo eso hicieron, y cuando el humo se quedó quieto se transformó en una estatua de figura colosal que luego crearía al mundo, quizás otro mundo distinto a este, donde había más espacio para los espíritus elegantes. Y Asturias lo vio, antes que se esfume para siempre.

Mini Bio

Eduardo Senac ha sido director de la revista literaria “Sueños”, condujo los programas radiales Confortablemente adormecidos (música) y Babel (literatura), también fue creador y director (desde 2003 hasta el 2008) del suplemento cultural “La Galera”, editado semanalmente por el diario La Reforma (La Pampa).
Ha publicado “Instrucciones para ser un Quijote” (1° ed.: 2003; 2° Ed.: 2004, 3° Ed.: Llanto de mudo, 2009); “El vals del duende” (Sueños, 2005); “La precisión de la fiebre” (Llanto de mudo, 2006); “Satori” (Llanto de mudo, 2008). También dirigió las publicaciones “El Diario del Siglo” editado por el diario La Reforma en ocasión de cumplirse los 100 años de General Pico, y el “Libro del Centenario” en ocasión de historiar los 100 años de la Biblioteca Estrada.
Publicado por distintos diarios y revistas del país, recibió los elogios de Alejandro Dolina y Daniel Posse. Dolina calificó a su libro Instrucciones para ser un Quijote diciendo “estoy realmente sorprendido con él, es un libro excelentemente escrito”; en tanto que Posse señaló a Senac como “uno de los escritores más brillantes del interior”.

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