Premios Gardel 2018. Charly García de oro: “El rock no es fácil, hay que sangrar”

Todo indicaba que la leyenda viva del rock no iba a aparecer por el escenario de la Sala Argentina. Pero a medida que avanzaban las horas, crecían los rumores de que había llegado al edificio del ex correo. Pero después de que Rosario Ortega, el Zorrito ‘von’ Quintiero, Kiuge Hayashida y Toño Silva, y no él, subieran a recibir el premio a mejor álbum de rock por Random, muchos empezaron a enfilar para la salida.

Sin embargo, hubo sorpresa. A pasos lentos pero seguros, enfundado en un saco plateado, Charly irrumpió en el escenario para recibir su tercer Gardel de oro de manos de su fiel ladero Palito Ortega. Y luego de dedicarle el premio a varios amigos que ya no están, desplegó esa verborragia honesta y espontánea de siempre: “Hay que prohibir el auto-tune”, disparó.

Ahora, sentado en ese sillón, con el Zorrito a su lado, amplía su visión sobre esa herramienta tecnológica utilizada para encubrir desprolijidades vocales: “La música tiene un límite. Y el auto-tune es un límite. O sea, es una pendeja que va a un estudio de grabación, le muestra el culo al productor y el productor la contrata. Eso es el auto-tune. No tiene nada que ver con la inspiración, con nada”.

Si hay algo que queda claro, después de unos minutos de charla con el genio del oído absoluto es que no perdió las mañas. Ni la verba filosa, ni el talento para componer. Si su disco Random o los shows de este año en el Coliseo y en el Gran Rex no bastaban para corroborar que esta vuelta de García iba en serio, el Gardel de oro, en parte, lo reafirma.

¿Éste tiene un gusto más especial que los otros dos? “Sí, le pasé la lengua pero no me gustó”, suelta, con la ocurrencia de viejos y nuevos tiempos. Pero enseguida va en sin ironías: “Sí, por ese toque de venganza que te estoy tirando. Pero no quiero hablar de eso porque estoy contento; mis amigos están acá, vino Palito. Amigos”.

De amigos se habla. De María Gabriela Epumer, de Luis Alberto Spinetta, del ‘Negro’ García López y de Gustavo Cerati, aquellos que nombró cuando volvió a tener en sus manos el Gardel de oro después de 15 años. “Eran amigos míos. Hace un tiempo me dolió mucho eso. Y realmente lo dije de corazón. Es toda gente que puso el pecho por mí en situaciones bravas”, se sincera.

Llega entonces el momento de hablar de rock. Del rock de antes y del de ahora. Y ahí, el rockstar argento por excelencia, es tajante. “El rock no es fácil, hay que sangrar. ¿Viste los Who cuando vinieron acá? Eso es rock. Hasta te diría que Gardel es rock”, sostiene. Y agrega: “Falta sangre hoy. Los pibes no sé en qué andan. Pero a mí me afanan a lo loco. Pedazos de canciones. Y ya estoy un poco podrido, digamos… El rock es una puñalada que te llega hasta acá. Y si fallás, pegate un tiro”.

Una horas antes, entrada la tarde, durante la primera parte de la entrega, el creador de Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y Serú Giran había ganado premios a ingeniería de grabación, diseño de portada, mejor video clip y producción del año. Está claro que Random ha dado sus frutos. Pero Charly ya está pensando en un próximo trabajo. Y lo anuncia apenas arranca la entrevista en su camarín: “Ya tengo otro disco por venir. Se llama La torre de Tesla”. ¿Y cómo va eso?, es la pregunta. “Como cualquier utopía. Cuesta, pero va a salir”.

Por más que muchos lo daban por acabado, como él mismo acusó al comienzo de aquel show de abril en el Gran Rex, está claro que la llama musical de uno de los grandes del rock argentino está más latente que nunca. “¿Y quién habló de parar?”, redobla la apuesta. Y no se diga más.

Fuente: Clarin

Nota: Diario de cultura

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