Roy Rodríguez: Siete cuentos peronistas

Si me preguntan por la vida primero viene una imagen, siempre así, de Fernándo Pessoa caminando por Lisboa, pensando para sí mismo que la vida es un viaje experimental e involuntario. Lo primero es claro; lo segundo también, pero más sorpresivo. Esa imagen y las palabras que vienen tienen un efecto y sobre todo una visión de lo que la literatura debe ser: el punto de comunión entre nuestra pobre raza y el infinito. Si queremos salir de aquí, estirándonos a nosotros mismos, arrancando los pies de la tierra para remontarnos como enfebrecidos cometas, uno de los boletos lo puede dar la literatura. La política no, por el contrario. El místico sueco Emannuel Swedenborg, que tenía la facultad de conversar con los ángeles y discutir con los demonios visitó alguna vez el infierno y lo describió como una región de “política, mucha política”, y conspiraciones constantes entre réprobos que se pasaban de un bando a otro para alcanzar el poder, que el Diablo no es un ser constante sino un presidente momentáneo.
Para decirlo de otro modo, más contundente quizás, las piezas cumbres con las que construiremos los escasos momentos notables de nuestra vida, no son momentos políticos. Si tenemos a bien sacar nuestras estrellas debemos olvidarnos de los terrenales asuntos. Nuestras mejores visiones no ocurren cuando hablamos de política, que no es más que una acotada herramienta para la organización ciudadana. Tomarla como ley o motivo de vida equivale a preferir la inteligencia de un concejal a la de Frank Kafka. ¿Podríamos imaginarnos a Cristo, a Hermes Trimegistus, a Lao Tsé, a Jiddu Krishnamurti, en una Unidad Básica?
Recibir generosamente del propio autor el libro “Siete cuentos peronistas” no me provocó la mayor de las ilusiones para despegarme, durante sus páginas, de la atmósfera del día. Esperaba lo que esperaban tan temerosamente los lectores europeos del boom latinoamericano. Sin embargo fue grande la sorpresa al comprobar que la referencia a Perón y Evita, no es más que un hilo conductor y que el libro de Roy Rodriguez ocultaba varias sorpresas y particularidades.
De modo que no debemos acongojarnos por el título, que de hecho termina justificado y hasta es un buen punto de apoyo en los relatos, cuyo adn resulta ser la nostalgia y la evocación de cierta vida pueblerina que ya no existe más entre nosotros. Eso es este libro: rumores de calles polvorientas y viejos vecinos que construyeron una vida simple a la cual siempre queremos volver.
La curiosidad es que “Siete cuentos peronistas” está escrito en una olvidada segunda persona, tan olvidada y en desuso como el género epistolar. Pero no molesta, al contrario, es uno de los ladrillos que ayudan a construir el clima de intimidad y remembranza de una época que se nos coló por entre los dedos, que se nos cayó de los ojos, sin que siquiera nos diéramos cuenta.

Así escribe:
«(…) Después de la una, cuando el motor de la usina se apagaba y todo quedaba a oscuras, bajaba la neblina apretándose contra los techos de las casas. Tanto que hasta las ventanas desaparecían cuando todo se unificaba con la nube densa de humo de caldén y olor a pan de los hornos de las panaderías. En esa neblina de otoño, que ya no viene, cerraba la noche y era como si todo dejase de existir.»

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Autor

Eduardo Senac