«Siempre me interesó la buena música clásica poco interpretada»

El piano es noble y solitario. Es como un león en la sabana. Lo increíble de un instrumento polifónico con posibilidades casi orquestales. Posee una gama tal que un recital de piano puede resultar una experiencia totalmente enriquecedora. Alguien sostuvo cierta vez que «lo mágico del instrumento es que hay muchas cosas que deben suceder antes de que la música empiece a salir». Para el pianista argentino Alejandro Graziani, lo importante es hacer música con sentimiento, y de una manera sincera. Nacido en Buenos Aires en 1964, actualmente vive en la ciudad de Karlsruhe, en Alemania, país donde desembarcó hace más de 25 años.

Graziani estudió piano en Buenos Aires, egresando en el antiguo Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo como profesor de piano y música, habiendo realizado la actualización de su diploma como Licenciado en Artes y Ciencias Musicales en el otrora IUNA. Es también egresado de la Universidad del Museo Social Argentino como director de coro. Estudió y trabajó en el Colón, fue pianista del Conservatorio Nacional, profesor del Collegium Musicum y pianista en el Instituto Goethe. Cuando emigró, fue correpetidor en el teatro Estatal de Heilbronn, trabajando con muchos grupos internacionales de ópera y ballet. Brindó conciertos en diversas partes del mundo, y en París participó como preparador y cantante en una reposición del Requiem de Berlioz, en Saint Eustache.

«Continúo en la dura tarea de la música, la profesión ha cambiado mucho en los últimos 30 años y no es fácil continuarla. Siempre me interesó la buena música clásica poco interpretada, poco difundida o desconocida. Es algo que me gusta mucho, por lo que sigo intentando darle este touch a todas mis actividades en la medida en que se puede. Siempre fui un estudioso, un difusor y un intérprete intentando ser lo más fiel posible a mis ideas. Sigo con la idea de crear una fundación para la difusión de esta música apuntando a esos objetivos, y espero poder concretarlo antes de partir de este mundo», señaló Graziani, consultado por El Lobo Estepario.

Desde hace muchos años acompaña en diferentes presentaciones en nuestro país y en el exterior a la soprano Gladys Martino, radicada en la ciudad de Santa Rosa. Ha sido profesor de escuelas Waldorf en las ciudades de Heilbronn, Munich, Backnang, Ludwigsburg y Lörrach. En Suiza dirigió a la Orquesta Sinfónica de Budweis, de República Checa, participando de cursos de perfeccionamiento en Viena y Le Marche. Viaja asiduamente por todo el mundo como pianista de cruceros internacionales, fundamentalmente por zonas polares, especialmente Groenlandia, el Artico, Alaska y también la Antártida. Tiempo atrás estuvo en Japón, Rusia, Indonesia, China, Brunei, Malasia y Filipinas.

¿Qué le hubiese gustado ser?

Más feliz.

¿Quisiera cambiar de trabajo?

No exactamente, pero algo que me diera más dinero no vendría mal.

¿Un lugar para vivir en el mundo?

Holanda.

¿Qué desea para su vejez?

Paz y armonía.

¿Qué mejoraría de su cuerpo?

La agilidad.

¿En qué tarea no se siente inteligente?

A la hora de ordenar.

¿Cuál fue el momento más feliz de su vida?

Cuando pude emigrar.

¿Su primer trabajo?

Profesor de música en una escuela argentina.

¿Cuál es el buen cine?

El cine francés.

¿El último libro que leyó?

The europeans, de Orlando Figes.

¿El mejor libro que leyó? 

Varios.

¿Un programa de TV?

No tengo TV desde hace más de 15 años.

¿Qué músico influyó en su camino? 

Fueron muchos.

¿Qué hito de la historia mundial le hubiese gustado vivir personalmente? 

El comienzo del siglo 20.

¿Cuál fue la vez que más lloró?

No me acuerdo.

¿El mejor político en la historia del país?

Alfredo Palacios.

¿La mejor persona que haya conocido?

Varias. Quizás Nany, una amiga suiza que falleció tras una enfermedad terminal.

¿Extraña algo de su niñez?

A mi abuela.

¿Qué profesión u oficio nunca ejercería?

Político. Los considero una mentira, al menos desde que tengo uzo de razón.

¿Un personaje nefasto en nuestra historia?

Macri.

¿Le preocupa la muerte?

Creo cada vez menos.

¿El arte salva?

Absolutamente.

¿Qué opina del aborto?

No estoy de acuerdo, pero acepto que en ciertos casos puede ser una solución.

¿Qué le gustaría saber del futuro?

Qué sucederá con el desastre ecológico que hemos creado.

¿A quién no dejaría entrar a su casa?

A gente que me hizo sufrir mucho.

¿Donaría sus órganos? 

Sí.

¿Recuerda su primera maestra?

Sí. La señorita Lidia.

¿Qué opina de la religión?

Es buena, pero sin fanatismos.

¿Una película?

La joven del aro de perla, de Peter Webber. Una obra de arte.

¿Cuál es la persona que más le gustaría ver en estos momentos?

Mi madre.

¿Le molesta que fumen al lado suyo?

Muchísimo.

¿Qué sabe o recuerda de la dictadura militar?

Qué fue una mierda, y que arruinó mi adolescencia.

¿Cuál es su idea de la felicidad?

Absolutamente personal. Y una búsqueda constante.

¿Qué es lo que más valora en sus amigos?

La sinceridad.

¿A quién le gustaría parecerse físicamente?

A mi mismo.

¿A quién le gustaría parecerse intelectualmente? 

A cualquier persona inteligente, sin arrogancia.

¿Le niega o le negó el saludo a alguien?

No, pero lo haría si volviera a toparme con cierta gente.

¿Qué le gustaría saber ante todo?

Qué sucede al morirse.

¿Qué otro instrumento musical le gustaría tocar?

Tuba.

¿Su peor defecto?

La impaciencia.

¿Qué le gusta regalar?

Artesanías o cosas lindas.

¿Qué piensa del periodismo en general?

Es bueno si actúa con sinceridad.

¿Justificaría en algún caso la tortura y aún la muerte?

Nunca.

Se incendia su casa, sólo puede llevarse una cosa, ¿cuál?

Un par de buenos discos.

¿Una canción?

Lullaby for a Secret Garden.

¿Cuál lugar de la casa es el mejor para leer?

No sé.

¿Si fuese presidente, qué es lo primero que haría?

Trataría de erradicar la pobreza y la diferencia social o de clase, al menos en un país como Argentina. Sigue siendo una sociedad llena de ghettos y estupidez.

¿Si fuese Dios, qué es lo primero que haría?

Quitaría el libre albedrío.

¿Cuál fue la persona que más lo ayudó?

Varias.

¿Se arrepiente de algo?

No haber emigrado antes.

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Autor

Raúl Bertone