«Siento que entre el charango y el cancionero pampeano hay un lazo»

Es un músico inquieto. Y lo demuestra en su andar. A esa paleta acústica que fue acompañando su búsqueda inicial, esos primeros pasos forjados con un instrumento en sus manos, con el transcurrir del tiempo le sumó otros senderos. Matías Bonavitta no deja de experimentar con sonidos y entablar comuniones con otros instrumentistas. Está en permanente y constante búsqueda musical, una exploración que pueden integrar géneros tan diversos como lo clásico, el tango, el jazz o los folclores del mundo.

Nacido en la bonaerense Pellegrini en 1983, actualmente reside en General Pico, ciudad que lo cobijó desde niño y a la que regresó tras cursar distintas carreras universitarias en Córdoba. Matías, además de cultivar la música, es Licenciado y Profesor en Psicología, Especialista en Psicología Clínica y Acompañante Terapéutico. Es Tesista de la Maestría en Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, y también docente, volcando sus conocimientos en diferentes Centros, Escuelas y Espacios. Así, sus días conviven con motivaciones y disparadores varios, donde surgen el modelo social, las variantes artísticas en salud mental, el psicoanálisis, los derechos humanos, etc.

«Si bien ya de niño jugaba con un teclado que tenía mi hermana y tocaba una armónica, formalmente comencé a los 16 años en el Viejo Galpón aprendiendo guitarra folclórica con Chaico Coronel, a la par que con varios amigos armábamos nuestras primeras bandas de rock. Esa fue una etapa bonita, llena de aprendizajes y amistad. Tiempo después me volqué a estudiar guitarra clásica en el conservatorio Félix Garzón de Córdoba. Consecutivamente a mis estudios musicales me recibí de Psicólogo y Antropólogo en la Universidad Nacional de Córdoba, eso es algo que me marcó hondo porque me dejó transitar entornos ligados a la Discapacidad y la Salud Mental, vivenciando un universo humano que desconocía y en donde las epistemes artísticas son bienvenidas (talleres, grabaciones, grupos)», contó Bonavitta, entrevistado por El Lobo Estepario.

La música eleva el espíritu. Es un estado de emoción y armonía. Bonavitta sabe de ese don único que tiene la música. Lo busca, lo encuentra y lo exalta. Cuando desenfunda el charango, por ejemplo, posa sus dedos sobre las cuerdas y la magia sucede. Empieza a transmitir desde la particular unificación con el instrumento. «El charango, antes de estudiarlo con Pedro Medrano (Córdoba), Francisco Nieves (Humahuaca) y Patricio Sullivan (Buenos Aires), llegó por primera vez a mis manos gracias a mi papá, quien un día de sorpresa me regaló uno. Era un charango tipo adorno, arqueado, un desastre. Yo no sabía ni cómo templar, así que lo primero que hice fue conseguirme un librito de Arnoldo Pintos, que explicaba como afinar. Una anécdota que hoy me parece linda pero que era un reniegue, es que en aquel momento en Pico no se vendían cuerdas de charango, tampoco existían sitios de Internet para comprar, por lo que no quedaba otra que agarrar la cajita de pesca para cortar tanza y encordar», recordó.

Pulsando sonidos con el charango hace que surjan melodías, reflejando diferentes ritmos. Quien esto escribe mantuvo cierta vez una larga charla con Jaime Torres y en un momento de la misma le manifesté que me producía cierta fascinación mirar el movimiento de sus manos a la hora de ejecutar un charango. Bonavitta es un estudioso de la esencia de los sonidos y busca elevar cada obra a la máxima expresión. «Nunca me hubiese imaginado que me inclinaría más por el charango que por la guitarra. No sé, pienso que en su pequeñez entra toda la música americana, incluso la pampeana. Y si bien puede parecer sin nexo, siento que entre el charango y el cancionero pampeano hay un lazo. Me refiero puntualmente al “sincretismo”. Por un lado, La Pampa expresa un acervo musical multicultural, presente por ejemplo, en la raíz africana que originó la milonga o en el dialogo poético entre el castellano y el mapudungun, y justamente, el charango también es sincrético: no existía ni en la América Precolombina ni en la vieja Europa, nació, aún se discute dónde, de la ruta comercial de la plata, cuando por estas tierras no había países sino que virreinatos y colonias españolas».

Preguntado por su actual momento con la música, y cuál es la búsqueda que viene alimentando, Bonavitta señaló que «sospecho que hay algo de la exploración que tracciona más allá de los arribos. No sé. En los últimos dos años estuve escribiendo adaptaciones y arreglos de música pampeana para charango, ronroco y charangón. Eso me demandó cierta mano de obra porque no existen referencias charanguísticas pampeanas. Es un proceso en el que no tengo recetas, porque cada obra sugiere un rumbo: una tonalidad o un color. Para mí los colores se traducen en percibir primero que tipo de charango voy a tocar. Porque eso no solo determina un registro sino que un tipo de motricidad. En mi caso, los motivos nacen intuitivamente, solo después con paciencia, puedo ordenarlos. Probablemente sea como plantea la filosofía griega, es decir, que el arte irrumpe, en tanto, la racionalización opera más como un esfuerzo voluntario por abrir la narrativa. Cada operación tiene su tiempo, en este sentido, un arreglo expresa un deslizamiento entre lo que es y no es reflexivo».

Bonavitta fue parte del Proyecto Casa, una iniciativa que transcurre por su tercera edición producida por Isla de Contenidos, de Paraná, Entre Ríos. El estreno de cuatro obras en el marco de una plataforma de creación en situación de residencia artística virtual tendrá lugar este jueves 17 de septiembre, desde las 21.30 horas, y se podrá seguir a través del Facebook de Isla de Contenidos. El músico piquense contó que «a través de una convocatoria pública se agrupa artistas de todo el país, pertenecientes a dirección escénica, danza, teatro, música, artes visuales y audiovisuales. Bajo la presentación del Instituto Nacional de Teatro (INT), tiene el objetivo de proveer un espacio para realizar una obra. Los dos años anteriores se llevó a cabo en La Vieja Usina, un Centro Cultural de Residencia y Formación Artística de Entre Ríos. Este año, por la pandemia, se hace de manera virtual, lo cual implica un desafío ya que producir en conjunto se traduce hoy a una órbita digital no acostumbrada. Luego de quedar seleccionado junto a otras 11 personas de todo el país, se armaron tríadas de trabajo, y en mi caso ésta se estableció con Paula Baigorri, una actriz sanjuanina radicada en Buenos Aires, y Juan Kohner, actor y director paranaense. Ambos tienen una trayectoria muy interesante y potente en lo escénico, de allí es que en cada encuentro sitúan un acervo artístico que me interpela a jugar el paisaje musical en función de esos códigos».

En estos tiempos extraños y difíciles que atraviesa el mundo a partir de la pandemia de coronavirus, mucho se ha dicho de la importancia que adquiere el arte en medio de tamaña crisis social y sanitaria. Lo que sí está claro es que el arte tiene mucho que decir en los días que vivimos. En ese sentido, Bonavitta cree que «esta pandemia revela aquello que Freud escribió en el Malestar de la Cultura, o sea, que el destino de la especie humana depende de hasta qué punto la cultura podrá hacer frente a la agresividad humana. En efecto, durante el tiempo transcurrido vimos como las calamidades y las desigualdades se profundizaron: económicas, de género, ecológicas, tecnológicas, etcétera. Por eso creo que hoy más que nunca resulta central pensarnos en clave de “inter-dependencia”; comprendiendo que la condición humana está sujeta a fragilidades y que necesitamos tirarnos una mano. Y algo de eso se puso en juego en nuestro circuito pampeano, por ejemplo, donde distintas asociaciones musicales (MIPA, MAPU, Coral de La Pampa) impulsaron conciertos virtuales para recaudar fondos. Y se vio cierto fomento gubernamental que no vino de más. También bajo el horizonte de esta pandemia me anoticié con alegría de que el sello musical Pampa Noise Records reeditó un trabajo que grabamos con Nicolás Giorgis hace 20 año llamado La Oreja, y que además, el mismo sello está por largar un material sobre la historia del rock de General Pico, en el cual participa mucha gente. Por lo que, más allá de las complicaciones, Eros, la vida, sigue tejiendo redes, no renuncia, crea y resiste».

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Autor

Raúl Bertone