Silvina Ocampo, una vida misteriosa en 10 anécdotas

La publicación de “La hermana menor”, de Mariana Enríquez, ilumina a la más secreta de las escritoras.

Silvina Ocampo es, quizás, una de las cuentistas argentinas más admiradas. Se conoce su vida, origen y puntos de un mapa que compartió con otros grandes de la cultura. Dicen los que la conocieron que era hermética, reservada, y todo ese mundo interior no llegará jamás a Wikipedia. Pero está su obra.

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La publicación de La hermana menor, de Mariana Enríquez, ilumina a la más secreta de las escritoras

Y La hermana menor (Anagrama), ensayo escrito por la periodista y escritora Mariana Enríquez. El libro va por un acercamiento a eso que la más joven de las Ocampo fue: el misterio de ser Silvina. Toma los hechos, las anécdotas y la palabra de quienes la conocieron. “Lo que más me sorprendió a partir de los testimonios -dice Enríquez- es que todos coincidían en la fascinación intensa por ella, una seducción irresistible. Lo que es atrapante de su literatura está muy claro, pero sobre ella, no; esa cosa del alma, de no poder contarla: lo intransferible de una persona”. Su naturaleza y lo que hizo, lo que vivió siendo una Ocampo, como esposa de Bioy Casares, amiga de Borges, hermana de Victoria: la mujer con una vida de novela.

1 – Cuestiones de clase
Nació en la casa familiar de la calle Viamonte. En sus cuentos y poemas está la claraboya, la escalinata de mármol, las dependencias de servicio donde pasaba horas. Parte de su obra tiene su centro en la infancia. No fue a la escuela, ella y sus hermanas tuvieron institutrices. A esa niña de clase alta que viajaba con su familia una vez al año a Europa en barco, acompañada de sirvientes, le encantaba estar entre ellos. Se lee en el libro: “Ama a las niñeras, a las costureras, a las planchadoras, a los cocineros que viven en las dependencias de servicio del último piso”.

2 – La escondida
De niña, cuando la familia dormía por la tarde, Silvina se trepaba a un cedro del parque de la casa. Eran diez hectáreas de un verde intenso por la cercanía al río, en las barrancas de San Isidro; la casa, la mansión Villa Ocampo construida por su padre ingeniero. Nadie sabía que ella estaba ahí y que sentada sobre una rama comía terrones de azúcar con limón. De adulta, diría sobre sí misma que “era el etcétera de la familia”.

3 – Un acting del dolor
Tenía seis años y su hermana Clara, 11. Veían un desfile militar desde la casa de la calle Viamonte, cuando Silvina giró para hablarle y la notó violeta. Clara murió a los pocos días de diabetes infantil. Su madre le preguntó si sabía que Clarita se había ido al cielo. “Ahí supe que se había muerto. Después me pusieron un cinturón negro en signo de duelo. Entonces lloré. Pero lloré porque creía que había que llorar, porque había visto llorar a personas alrededor. ¡Me sentía tan sola!”.

4 – Primero fue la pintura
Tras la muerte de su padre se fue a estudiar pintura a París. Tenía 26 años. Buscó a Picasso, pero no consiguió que le diera clases. Luego, no muy convencida, seis meses con Giorgio de Chirico. Por último, Fernand Léger, amigo de Le Corbusier. Otra vez en Buenos aires, Pettoruti le propuso exponer sus dibujos de desnudos en Francia. La madre de Silvina se escandalizó. La muestra nunca se hizo.

5 – Silvina y Bioy
Cuando Silvina lo vio por primera vez, “él tenía una raqueta de tenis en la mano y ella quedó impactada por su hermosura”. Pero ese encuentro no fue significativo para él. Las familias eran amigas. Adolfo conocía a todas las Ocampo, menos a Silvina. La madre le dijo que tenía que conocerla. En cuanto la conoció, Bioy se enamoró: “Me sentía tan atraído por ella que, sin haber cambiado muchas palabras, allí mismo en el ascensor la abracé y la besé”.

6 – ¿Casar o cazar?
Como los escritores que fueron, Bioy y Silvina contaron cómo le dijeron a los suyos que se casaban. Él estaba en el campo con su amigo Oscar Pardo. “Preparate. Nos vamos a casar”, le dijo. Y el amigo fue a su cuarto y trajo una escopeta. Silvina, en cambio, mandó dos telegramas: uno a su amigo escritor y editor de Sur, Pepe Bianco, y otro conjunto a sus hermanas Victoria, Francisca y Rosa, que decía: “Caséme con Adolfito. Besos. Silvina”. Fue el 15 de enero de 1940 en Las Flores, con Drago Mitre y Borges como testigos.

7 – Los planes simples de Silvina
Además de la elegancia y el misterio, quienes la conocieron se maravillaban por sus piernas firmes y de bella forma. A Silvina le gustaba caminar con unas zapatillas que compraba en un negocio de ramos generales del pueblo. “Indianas comunes, sin cordón, rosas o rojas. Calzaba 39”.

8 – El fallido de Victoria
Entre las hermanas Ocampo, había 13 años de diferencia. Un hecho familiar marcó el vínculo entre ellas: cuando Victoria se casó, se llevó a Europa a Fanni, la niñera de Silvina. La adoraba. “Es posible que en ese momento -nueve años-, el de Fanni fuese el único afecto maternal que había experimentado”, relata Enríquez. Ya adulta, Silvina le había dado a Victoria el manuscrito de Viaje Olvidado. “Y Victoria lo perdió”.

9 – Borges como familia
Fueron amigos toda la vida. Cada uno tenía sus versiones sobre cómo se habían conocido. “Me parece que lo conozco desde siempre, como ocurre con lo que se ama. Hace mucho que lo conozco, pero mucho más que lo quiero”, decía Silvina.

10 – Silvina abuela, el azúcar
En el departamento de la calle Posadas, a mediados de los 80, había tres televisores encendidos. “Cuando mis nietos comen acá cada uno quiere ver un programa diferente”. Esa tarde había llegado un periodista para entrevistarlos a ella, Bioy y Borges. Ella ofreció té. Ante la pregunta de si había azúcar, Silvina dijo: “Ay, voy a ver”. Al rato volvió. “Se apoya en la puerta que daba al comedor como se apoyaban las divas del cine mudo. Nos mira y nos dice: las hormigas se comieron todo el azúcar”.

Fuente: Marcela Ayora, La Nación.

Nota: Diario de cultura.

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