“Tenemos muchas más cosas para decir todavía”

La pasión por el teatro, en estos tiempos, no está muy valorada. El teatro es una forma de vida. Entrar a un reducto con butacas o sillas, el escenario, los focos. Y los actores interpretando cada uno un personaje. Las artes escénicas y en particular el teatro, son herramientas muy importantes para alimentar el espíritu y reflexionar sobre las situaciones cotidianas. Es como sentir la hierba húmeda en tus pies. O la brisa del mar en tu cara. Días atrás se presentaron en nuestra ciudad tres mujeres que contagian con su entusiasmo y energía. Tres mujeres de la contemporaneidad que batallan desde diferentes ámbitos de la sociedad, lo mismo en la casa que en el trabajo cumpliendo disímiles roles.
Pinta y Punto en Concert es una pieza de exaltación a la figura femenina y los retos que cada día debe enfrentar. Una estética que reivindica la visibilidad y la igualdad real a través de monólogos expuestos por Magalí Ventimiglia, Ana Alba y Manuela Quiroga, que entran y salen de escena en el rol de personajes como Grudke, La Telemarketer, Normita, La Mujer Bagre, La Polizia, La Hipocondríaca o La Crítica. Haciendo reír, a través del absurdo, el humor satírico o de situaciones grotescas, pero también construyendo aperturas de conciencia, socavando actitudes estereotipadas que oprimen a la mujer.
“En 2012 se nos presenta la posibilidad, nos llaman de un bar en La Plata pensando en un espectáculo de humor para adultos una vez en la semana. El grupo ya estaba con ganas de cambiar de rubro y empezar a identificarnos con producciones de adultos, en mi caso vengo del palo del humor en producciones infantiles, se laburaba mucho el humor para chicos y bueno, nos pareció un desafío muy interesante. Todas teníamos algún personaje para hacer, algunos textos e ideas escritas, y eso nos sirvió para sentarnos y darle forma. Al momento de elegir un nombre nos decidimos justamente por el de nuestra compañía y fue entonces que nació Pinta y Punto en Concert, colocándole el sello de la nocturnidad”, contó Ana Alba, una de las integrantes del trío, durante la extensa entrevista con El Lobo Estepario.
Surgida de la Escuela de Teatro La Plata, en todo este tiempo ha actuado o dirigido en varias obras, algunas de su autoría, como La Garrapata, Tandramáticas, La loca historia de Aracne, Forjadores de Imperio, La Intergaláctica, Despertando a la princesa dormilona, Mierda, Llegaron los cuentacuentos, Los cocineros de la reina, Menos pausas, Milagro en la colmena, Viajera del arte, o Excesos y exageraciones. “En una época donde en La Plata se estaba moviendo mucho el tema del stand up, nos propusimos hacer un café concert de actores teatral, relacionado más con ciertos referentes del humor que tenemos como Gambas al Ajillo, Juana Molina, Urdapilleta o Tortonese, todo ese humor grotesco y sacado, que indefectiblemente nos toca con la realidad y es crítico. Buscamos mezclar todas esas cosas y nos pusimos a escribir con el formato de que saliera una seguidilla de monólogos que tuvieran cierta correlatividad, pero que no se relacionen entre ellos, que hubiera cambios rápidos de ropa y siendo la misma actriz en diferentes personajes”, agregó Alba.

– ¿Cómo resultó la primera presentación en sociedad?
– La hicimos en el bar que nos había convocado, después ese ciclo se cerró y cuando nos volvemos a replantear de qué manera seguir adelante con las funciones, empezamos a pensar en espacios asociados a la cultura, pequeñas salas teatrales. Arrancamos a mediados de 2012 y cuando uno pone un producto en escena empieza a suceder este diálogo con el público. Un café concert tiene un constante diálogo con la realidad, con las cosas que van pasando y entonces es como que empiezan a tener vida propia los personajes, uno no puede mirar para otro lado si estamos haciendo un humor crítico. El punto fuerte que se empezaba a producir es hacer reír a carcajadas a la gente y que se vaya a su casa pensando cómo nos dice. Eso fue muy bueno para nosotras. Las tres atravesamos la formación pública en la Escuela de teatro, y eso es fuerte, nos planta ideológicamente frente a otras cosas. Fue entonces como apareció Saverio Cultural, una sala donde actualmente estamos ensayando y montando el nuevo proyecto. Posee un sótano muy copado y arriba un espacio con mesitas y escenario para hacer café concert. La sala es de Omar Sánchez, que es nuestro director, lo abrió con el criterio de unión pero que lo fundamental sea también lo teatral. Es un espacio muy contenedor en ese sentido. Cuando retomamos el espectáculo se terminó armando con tres mujeres por una cuestión de interés, quedamos Manu, Maga y yo, mientras César (Benítez) pasó a ocupar otro rol, dedicado a la producción y difusión. Así se armó un equipo diferente, con Yanina Engroba que es nuestra maquilladora, y está en el armado de pelucas y demás, mientras Esteban Benítez se ocupa de la técnica. Siempre nos movemos como una compañía.

– El hecho de hacer una obra que empezaba a sostenerse en el tiempo motivó que aparecieran otros caminos ¿de qué manera vivenciaron esa experiencia?
– Haciendo base en Saverio empezamos a recibir invitaciones y entonces comenzamos a pensar en la posibilidad de mover la obra por el circuito de Capital Federal, es el que tenemos más cerca y donde uno siempre busca probarse. Pero también llevarlo por el interior de la provincia. En 2013 fuimos con La Garrapata al Festival de teatro de Olavarría, y en la mochila metimos un par de pelucas para presentar personajes donde se diera. Así empezamos a conocer gente y a ampliar esta perspectiva que seamos nosotras con nuestras pelucas y que no precisamos más que una silla. Estuvimos actuando en Pigüé, Olavarría, Mar del Plata, 9 de Julio, conociendo otros teatros y otros grupos, buscando crecer desde ese lado. La gira fue maravillosa, tuvo esa parte mística que acompaña a los grupos independientes, esto es, conseguir una camionetita y salir a las cuatro de la mañana para cruzar la provincia. Todo eso nos fue curtiendo y hoy a los personajes se los repiensa, se los planta y se hace una depuración de momento.

– ¿Hasta qué punto los personajes se les asemejan?
– Cada una de nosotras escribió sus propios textos, entonces son muy personales, están muy ligados a nuestra ideología. Pero a veces utilizamos personajes que piensen y digan todo lo contrario a lo que pensamos nosotras, que es lo que me pasa por ejemplo con Normita. Uno debe amar a sus personajes para poder prestarle su voz, sus gestos, su cuerpo, pero ella piensa y es totalmente lo opuesto a mí. Me sirve para hablar de qué pienso yo sobre la realidad llevándolo a ese grado grotesco que tiene Normis. También se liga con esta búsqueda estética a nivel grupo, por eso lo del maquillaje y la peluquería, desde cosas muy grotescas como que todas buscamos esa riqueza dual que a veces es más que dual, no siempre es tan binaria en nuestros personajes. Creo que ahí está la fortaleza de Pinta y Punto, a veces hemos dicho “y si buscamos nuevos monólogos…”, pero cuesta terminar de darle forma. Ninguna nos podemos plantear un humor ligero, de chiste cosificado, necesitamos que tenga esta doble cara y eso lleva mucho laburo.

– Has escrito y dirigido obras infantiles ¿cómo definirías ese ida y vuelta con los chicos?
– Hice varios trabajos, algunos con dramaturgia propia, y también con otros directores, he trabajado con textos de otros y he dirigido. El público infantil es lo más maravilloso que hay. Pensarlo desde ese lado, estoy comunicando una historia a los niños para que imaginen o con cierto mensaje, es muy fuerte, mucho más en tiempos de tanta tecnología, de tanta invasión de información. En un momento de teatro donde todo sucede en vivo el trabajo con ellos es genial. Yo lo disfruto muchísimo. Una de las obras que más disfruté hacer fue La Garrapata, que era una obra montada con la estética del comic, donde había estereotipos del súper villano, el inspector tonto que le sale todo medio por rebote, una señorita que se le pierde los perros, todas situaciones así, pero en realidad atrás de todo ese juego que armábamos en tono de comedia se hablaba sobre el bullying, la discriminación, el maltrato. Era que no solo se llevaran un momento de divertimento, sino que se llevaran también un mensaje o una invitación a hacer algo diferente. Por ejemplo, con Excesos y Exageraciones, que era un cuentacuentos infantil que dirigí con textos de Pablo Bernasconi, había un montón de instrumentos hechos con tapitas de gaseosas, con tachos de agua de cinco litros, había un monstruo armado con hojalata que era muy soñador y se les proponía a los chicos que leyeran, que leyendo te imaginas tu propio mundo. Cuando uno conecta con los chicos y la devolución es inmediata, se te llena el alma realmente. Tiene algo maravilloso que sucede durante la función, la risa de ellos es algo que te eriza la piel, y es saber que le estás haciendo pasar un buen momento, que se están divirtiendo con vos. Es fantástico.

– ¿Qué es ser mujer y artista en estos tiempos que corren?
– Te voy a decir algo personal. Si bien vamos encontrando puntos de coincidencias con todas las compañeras que nos cruzamos en el camino, hoy por hoy el hecho de estar plantada como mujer arriba de un escenario hace que constantemente te estés preguntando ¿qué mujer estoy mostrando y por qué lo hago?. Quienes pensamos el teatro atravesado siempre por la política, en el sentido amplio de lo que es la política, es ver qué temas estamos eligiendo poner en discusión, de qué temas nos estamos burlando, o estamos denunciando, y qué lenguaje estético estamos eligiendo constantemente para contar nuestra producciones. Yo no podría hacer jamás un personaje que vaya en contra de mis ideales, de lo que quiero transmitir. Lo que sí sucede es que se van generando también circuitos de mujeres donde nos vamos encontrando y esto es un intercambio de puntos de vista, no solo desde la producción, sino desde el debate sobre el arte que nos hace crecer. Es muy enriquecedor formar parte de esta movida en este momento y haber elegido esta profesión. Yo no podría ser otra cosa que actriz por más que escriba o dirija. El escenario, ese momento que tenés plantada ante el público. Es un espacio muy fuerte, una conexión muy directa donde hay miradas a los ojos, donde suceden un montón de cosas en las cuales nos planteamos cuál es el discurso que estamos transmitiendo, sin hacer de esto obviamente algo panfletario, sino buscar la metáfora, buscar la manera de no decir una verdad, sí algo que se ponga en discusión, que se vaya pensando y dejar en claro a lo mejor cuál es tu postura. Tiene que ver también con nuestras realidades, todas somos laburantes, viajamos en colectivo, vemos la realidad frente a frente, participamos de diferentes movidas sociales. Soy actriz pero no solo para ese momento escénico, sino también para poder utilizarlo como una herramienta de modificación de pensamiento nuevo. En estos tiempos tenemos muchas más cosas para decir todavía, tenemos una estructura patriarcal con la que nos seguimos enfrentando día a día, y elegir el teatro es eso.

– ¿De qué trata la oferta cultural que brinda hoy La Plata?
– Es una ciudad que tiene muchísimas producciones a nivel teatro independiente y muchísimos espacios alternativos donde poder generar funciones. Si bien somos un círculo muy grande los que laburamos en esto tenemos bastante conexión interna entre nosotros, nos conocemos, vamos a ver las producciones de nuestros compañeros, debatimos sobre estéticas. En los últimos tiempos han aflorado varios festivales autogestionados y generan circuitos donde vienen elencos de otros lugares. Es increíble la cantidad de gente que empieza a circular. Hay que remarla mucho, a veces faltaría que estuvieran encarados por un rol del estado más presente y que entienda de qué se trata el palo, acompañar estos emprendimientos que son hechos a pulmón con resultados maravillosos. Distintas estéticas, distintos lenguajes, es una buena ciudad para hacer laboratorio, muy vanguardista. Poder trabajar en tu ciudad es fundamental. Con otros compañeros formamos una agrupación que se llama Teatristas Independientes La Plata. Y la contracara son todas las salas que se van cerrando también, se pelea desde hace bastante tiempo para que se termine de reglamentar la habilitación de espacios, y la Municipalidad por una cuestión política y caprichosa nunca termina de destrabarla. Hoy peligra, por ejemplo, la expropiación del Olga Vázquez, un centro cultural que está tomado desde hace mucho tiempo, un edificio que tiene un grado de contención barrial increíble. Por lo que no todo es color de rosa.

Personaje x personaje

La Polizia: “Una mujer policía de la Bonaerense bastante grotesca y sacada que es la cabo primero Martínez. Mientras mantiene comunicaciones con las distintas bases, realiza un peritaje, hace un cacheo, trabaja con una persona del público. Este personaje es como el rompedor de hielo, es entrar y con eso abrir la cancha para que después siga creciendo a la vez de hacer una crítica sobre el accionar de la fuerza de seguridad en nuestra provincia y cómo se replica esto en otras instancias. Es un personaje que vengo haciendo desde 2003, le han pasado un montón de cosas a la cabo primero Martínez, que se va del local llevándose una pizza para la fuerza”.

La Telemarketer: “Es uno de los personajes de Magalí. Pertenece a uno de esos centros de reclamo del cliente y mantiene una comunicación telefónica con una persona. Se genera ese reflejo, ¡quien no ha estado un montón de tiempo colgado en la línea esperando!. Es poder ver lo que le pasa a esta pobre mujer alienada, metida en un cubículo de un call center. Tiene una lectura femenina y una crítica hacia la explotación laboral, pero no obstante puede generar en paralelo mucha risa, buscamos que suceda eso, que se pueda mostrar esa parte tremenda pero volcado en un personaje grotesco, que tiene un acento centroamericano y una peluca armada con frutas. Obviamente no resuelve el problema del cliente”.

La Mujer Bagre: “Es un personaje de Manuela. Se trata de alguien hipergrotesca, sexualizada totalmente, pero que posee dos bigotes al estilo sensei que le llegan hasta las rodillas, no se depila para nada las axilas y es a la vez una cosa monumental que viene a plantear cuales son los cánones de belleza de la mujer, planteado desde un lenguaje absurdo en un punto. Lo va fusionando con las técnicas del bagre del Nilo, de cómo hacer para atrapar a su presa y entra desorbitada buscando a alguien que la ha dejado plantada. Es fantástica. Manu hizo todo un trabajo de campo sobre los gustos, habla de la morfofilia, la olfatofilia, investigó todas esas filias para poder utilizarlas en su monólogo, y además hace una coreografía”.

La Crítica: “Un personaje que hago yo, con un vestidito negro y una fajita, donde estoy más volcada a lo que es el trabajo del texto, si bien no es un stand up, es un monólogo de humor crítico hecho por una actriz. Así lo definiría. Habla de cómo somos las mujeres con las publicidades, mechado con el aprendizaje frente a los baños públicos, de como nos enseñan a las nenas a hacer pis en un baño público y se da eso de “acá se hizo justicia”, alguien está hablando de los que nos pasa a las minas. Lo mismo sobre la menstruación que está sacado de un libro de sexualidad pero tiene un rigor cómico científico. Es buscar mandar a todos los publicistas a la mierda, déjense de joder, las mujeres somos otra cosa. Hoy día sigue pasando lo mismo con las publicidades, las parejas siguen siendo heterosexuales, las mujeres nos preocupamos por ponerle Fuyi a nuestros hijos y así somos buenas madres. Es tremendo lo que siguen bajando”.

La Hipocondríaca: “Lo hace Magalí, es una mujer de la alta sociedad, con un jopo maravilloso y sus botas. Está llena de detalles, es hipocondríaca y está buscando un escribano que le firme el testamento porque si ella se llega a morir producto de esa hinchazón que tiene, quiere que la velen a cajón cerrado. “Qué van a pensar las chicas del Rotary…”. Una mina que tiene grados de psicosis pero te decís ¿quien no tiene eso en algún momento? ¿quien no conoce a alguien así?. Se entran a armar esas cadenas de asociación de lo que está pasando grotescamente en el escenario”.

Grudke: “El personaje de Manuela es una fusión, una nena de la calle que pide, que tiene reacciones violentas, pero que está preguntando ¿qué pasa con los niños que están en esta situación todos los días?. Llevado a un punto de fantasía también, mechado con Hansel y Gretel, pero es Panzar y Grudke, entonces va contando un poco esta historia, de por qué a los niños se les sigue dando esos cuentos de mierda. Este personaje quiere crear la revolución infantil, es como un llamado a todos los niños del mundo, es muy crítico y a la vez el trabajo que hace Manu con su cuerpo, con lo vocal, es increíble. Es para reír y pensar”.

Normita: “Es una señora bien, trabajadora, del barrio, es anti-aborto, anti-putos, es esa cosa anti pero que en verdad están interfiriendo en todo momento en las grandes decisiones que se deben tomar y nunca se toman. Normita tiene una cosa muy interesante, si bien está todo el tiempo bajando un discurso patriarcal y de vuelta a los buenos modales, a las normas, es totalmente mal hablada, tiene un vocabulario muy guarro, pero dicho siempre desde ella. Entonces genera una contradicción fantástica. La amo a Normita, con sus rulos, que sospecha de si un pibe tiene gorrita o si usa capucha y tiene las manos en el bolsillo. Pero cuando Normita empieza a pertenecer a un sector que quería ganar el poder y hoy por hoy lo ha ganado, entonces tiene de maravilloso que sin cambiar prácticamente el texto, la actitud y la realidad con qué el espectador llega a la sala hace que el personaje se lea de otra manera, pasó de ser un personaje que busca el cambio a decir ¡mirá como ahora estamos generando este cambio nosotros!”.

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Autor

Raúl Bertone