Una confesión de Olga Reinoso, a propósito de Médano

La enorme convulsión que ocasionó el intento de llevar al Concejo Deliberante piquense a sesionar en el Centro Cultural Médano trajo un sin número de idas y vueltas, comentarios, reuniones, manifestaciones y, naturalmente, un largo ajetreo en Facebook acerca de este dilema. La escritora local y a la vez integrante de dicho Concejo Deliberante Olga Reinoso, vio mancillado su nombre en varias oportunidades y este espacio otorgado para que explaye sus sentimientos va por cuenta de su valor humano, literario, cultural. Es posible que hayamos olvidado que Reinoso no es un personaje político de General Pico, sino uno cultural, y de extenso recorrido.

CONFESIONES

Antes de comenzar con mi cantinela, quiero agradecer con toda el alma a mis amigos Eduardo Senac y Tano Bertone, que jamás escribieron sobre temas políticos y ahora me ceden las páginas amadas de su Lobo Estepario para que yo escriba una mezcla de confesión/catarsis vinculada con la política. Gracias, chicos. No olvidaré este gesto.

Voy a contar algunas cosas, como por ejemplo, que di clases durante más de treinta años. Primero en una escuelita rural, después en un Instituto de Menores de niñas abandonadas y desde 1988 en General Pico, mañana, tarde y noche, desde 7° grado hasta adultos; familias enteras me soportaron en las aulas y hoy voy por las calles recibiendo abrazos de mis exalumnos. Hace diez años que me jubilé y el amor no decrece.

El día que asumí como concejal mi juramento terminó así: “Si así no lo hiciere, que Dios, la Patria, mis hijos, mis nietos y mis exalumnos me lo demanden”. Puse mis actos en mano de la gente que más amo. Con eso no se juega.

¿Por qué cuento todo esto? Para decir quién soy: una mujer común y corriente, madre, abuela y maestra, con mucho amor. Vivo en una casa sencilla, creo en la palabra, escribo poesía.

Siempre estuve entre mi casa y el aula, nunca hice mal a nadie, luché y lucho por causas que creo justas, doy mi mano solidaria y celebro tanto la vida como la amistad.

En el año 2015, me convocaron para integrar una lista de la coalición Cambiemos, formada por cinco partidos, entre ellos el radicalismo. Yo soy enamoradamente alfonsinista. Pensé que me sobraba tiempo, que tenía energías, y que esta era una buena oportunidad para devolver en parte, muy en parte, algo de lo que esta ciudad y su gente me brindaron.

Aprovecho la oportunidad para aclarar algo que los periodistas dieron por hecho: No soy del Pro, soy radical. Pero me llevo muy bien con mi compañero. Tan bien, que cada uno vota según sus principios y convicciones. Es decir, practicamos verdadera democracia. No estamos atados al pensamiento del otro. Y eso es buenísimo.

En estos últimos días ocurrieron algunos acontecimientos que nos tuvieron en la palestra. Está por comenzarse la construcción del nuevo Concejo Deliberante y el Registro Civil, en el lugar donde está emplazado el viejo. Y se hace necesario que todo el personal se mude.

Más allá de que estoy en desacuerdo con el momento en que se va a iniciar esta obra, del mismo modo que las dos concejales radicales (mandato cumplido), Adriana Campi y Silvia Poy Carballo, votaron en contra de la ordenanza que lo decidió, me limito a relatar los hechos.

Tanto el Poder Ejecutivo como Legislativo se lanzaron en la búsqueda de un lugar donde mudarnos. Después de barajar muchas opciones que no funcionaron, tuvieron la malhadada idea de pensar en Médano.

Entre tanto, los concejales de la oposición, aturdidos con infinidad de rumores, no contábamos con ninguna información oficial y estábamos azorados sin saber cuál iba a ser nuestro destino.

No digo esto para defenderme ya que no soy culpable de nada. Como decía mi viejo, solo rindo cuentas a mi conciencia y mi conciencia está en paz.

Pero confieso que lo he pasado realmente muy mal en estos últimos días, leyendo cómo nos injuriaban a todos los concejales, sin saber quiénes somos, en algunos casos, ni conocer la totalidad de la historia.

Creo que es absolutamente injusto que una mujer o un hombre que hasta hace poco era un vecino apreciado, por arte de magia se convierta en una lacra al asumir un cargo público para el que fue votado por esa misma sociedad que lo defenestra.

En todas las profesiones, empleos, oficios, hay gente proba y de la otra. Les informo que es así. Válgame las decepciones que me he llevado entre los escritores y los docentes. El cargo no nos hace buenos ni malos. Siempre sostuve que el poder no corrompe, desenmascara. Y puñaditos de poder hay en todos lados.

El 10 de diciembre de 2019 ceso en mi cargo. Y nunca más (lo juro) intervendré en política. Volveré a mi rutina de siempre, con la frente bien alta porque no tengo nada de qué avergonzarme. Entonces, no merezco los improperios que ligué de rebote. Y lo digo públicamente. Porque soy una mujer sensible, generosa, que nunca dañó a nadie y a quien lastiman mucho las agresiones gratuitas, desmesuradas.

Siempre me jugué por las cosas en las que creo, no me escondo detrás de la banca.

Hace 55 años que escribo, amo la literatura, el arte en general. Lo disfruto, lo difundo. Y ahí estuve, luchando por Médano. Entre todos logramos que no se toque, porque es un lugar sagrado para muchos, muchísimos.

¿Por qué tuvieron que sospechar, prejuzgar, lastimar? No naturalicemos el agravio.

Así soy yo.

Yo soy de las que entregan el corazón
o lo malvenden
o lo reparten en mil pedazos
como una sopa de huesitos
en las calles de invierno.
Si corazón es lo que sobra.
Para qué quiero tanto.
Es mejor repartirlo, multiplicarlo,
para que no se caiga de un hachazo
de soledad
o infarto.

Olga Liliana Reinoso

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