Una entrevista o una gran lección de periodismo

Encuentro con el director adjunto del diario ‘El País’: Una entrevista o una gran lección de periodismo.

Juan Cruz  en la feria
“Te faltan dos centimillos”, me dice la vendedora de diarios a dos cuadras del metro Antón Martín. Quizás se me cayeron… no sé, lo cierto es que había contado dos euros en moneditas. Los dos euros, casi cuarenta pesos argentinos, que cuesta el diario El País los sábados. Llego a casa, esta habitación que alquilo desde hace 15 días, donde la tabla de planchar es mi escritorio, y me peleo con mi ansiedad por leer del papel… revuelvo las páginas, no alcanzo a pasar mi vista por los títulos que ya cambié de hoja, busco un nombre sin apellido: Juan Cruz. Lo encuentro a la mitad del ‘Babelia’. Y entonces me asombro otra vez, es el mismo que me firmó el libro en la feria, el mismo al que intenté entrevistar hace tres días en su oficina del diario… Digo ‘intenté’ porque siempre, si no me faltan “cinco para el peso”, me faltan “dos centimillos”… una pena ser así. Ese día me perdí en la ciudad subterránea de Madrid que es el Metro Gran Vía y llegué tarde, tarde no cinco minutos sino media hora. Bajé en la estación Suanzes, 38°C a las siete de la tarde, caminé hasta la esquina y vi un edificio de más de doce pisos que decía El País, bajé la pendiente corriendo aunque no quería (tan empinadas son las calles acá…). Le pregunté a un guardia que parecía estar vigilando el edificio cómo hacía para entrar, me mandó a la vuelta, a otro edificio, separado del anterior, que también decía El País. Estaba literalmente a un paso de este sueño inesperado para una periodista de pueblo, conocer uno de los diarios más importantes de España.

La recepcionista que me pidió el pasaporte o el DNI, me dijo que Juan Cruz le había preguntado hacía un rato si había alguien que lo buscaba. Luego, le anunció mi llegada por el interno y me indicó la planta a la que debía subir. Juan Cruz tiene la voz rasgada, los ojos celestes, clarísimos, una cuenta activa en Twitter con casi 72 mil seguidores y más de treinta libros publicados, mientras dice que el último (“Un golpe de vida”, Alfaguara, 2017) es el que más le dolió escribir. Es periodista desde los trece años. Ahora, a los 68 es director adjunto de ‘El País’, gigante mediático del que fue uno de los fundadores cuarenta y un años atrás (formó parte del grupo de periodistas que dieron el puntapié, luego de llegar a Madrid desde Tenerife, Canarias). Dos minutos después de haber entrado a su oficina me regaló un libro y dos minutos antes de salir le pregunté si le podía sacar una foto y me respondió que le podía sacar hasta la lengua. En su mesa de trabajo había más libros y artículos impresos, dos vasos de limonada, el móvil en sus manos y, a su izquierda, la computadora a la que dirigió su atención dos o tres veces, enfrente sobre una mesa, más papeles, y un cuadro de Sophia Loren. También miraba el reloj, me advirtió que a las 20:00 debía presentar un libro y que si a mí “me apetecía” lo acompañara a la librería donde sería el evento, entonces en el camino podríamos continuar la charla para aprovechar los minutos. De verdad dudé todo el rato que estuve en esa oficina, con la duda que es un peligro para el periodismo: no sabía qué preguntarle.

Juan Cruz entrevistando
Juan Cruz Ruiz, ahora sí con apellido, luego de varios intentos, que relata en el libro que me dio, logró formar parte de la redacción del diario como corresponsal en Inglaterra. “Me comía el mundo yo entonces, hacía hasta ocho noticias diarias. Me gustaba mucho hacer entrevistas, toda mi vida he sido un preguntón. Mi tarea es ocuparme de la buena relación de ‘El País’ con el mundo de la cultura, y a partir de eso llevo un poco la coordinación de las publicaciones del periódico en relación con los contenidos culturales. No he bajado la guardia, sigo siendo el periodista todoterreno que fui siempre, de calle, de contacto con la realidad, y creo que así terminará mi vida. No me imagino siendo un periodista de gabinete… Mi tarea es la que decía Eugenio Scalfari (fundador del diario italiano ‘La República’) que es la misión del periodista: ‘gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente’. Eso es lo que hago y lo que hice siempre, no me imagino siendo un periodista que le pasan cosas al lado y no contarlas en el periódico. Siento esa pulsión, aunque esté muy deprimido, si ocurre algo, suele encontrarme despierto”, así se definió.

“Cualquier reacción que uno tenga ante lo que oye, debe expresarse en forma de pregunta. Uno no va a un combate de esgrima con el entrevistado”, me respondió cuando le pregunté por aquellos entrevistados que quizás incomodan por los ideales que tienen en contraste con los propios. “Uno no va con ideales, va con preguntas. Del mismo modo que un médico no va a la consulta pensando en discutir con el paciente, un periodista no discute con su interlocutor, le hace preguntas. Un periodista no es un opinador, un periodista es un informador, cuenta lo que le pasa a la gente y lo que la gente dice, no cuenta lo que le pasa a él y lo que él dice”, y cambié de pregunta, claro… Entre aquellos de los que se sintió orgulloso de entrevistar figuran Borges, Onetti, Cortázar, Tomás Eloy Martínez, Francis Bacon… no obstante me aclaró que no aspira solamente a preguntarle a gente que está en un lugar de privilegio artístico, sino a médicos, a taxistas, a la gente que anda en la calle… “A estas alturas yo estoy orgulloso de haber preguntado”, me miró esperando la siguiente pregunta.

Lo acompañé a la presentación del libro, me confesó que muchos autores le pedían que él los presentase, pero que ya no, que este era el último que aceptaba. Mientras íbamos en el taxi, recibió e hizo llamadas, con el director de Clarín, por ejemplo, y entre una llamada y otra, me contó que es amigo de María Kodama, me preguntó cómo se escribía un verbo en inglés y no supe responderle (estaba enviando un mensaje desde su iPhone a Londres), me recomendó que leyera ‘Lugar común la muerte’, de su amigo Tomás Eloy, especialmente el capítulo dedicado al poeta Saint-John Perse, y otra lista de autores españoles contemporáneos, aunque admira la literatura argentina como la de Piglia o Sábato… la lista es larga, olvidé de referirles que Juan Cruz también fue director de Alfaguara durante seis años (1992-1998).
Llegamos a la librería tras media hora de atravesar las calles amarillas y calientes del centro madrileño. El libro que presentó se titula ‘Aún podemos ganar’ y lo hizo formulándole preguntas al autor, Juan José Flores, quien señaló que el personaje clave de su historia es un apicultor, y cómo la colmena y las abejas se transforman en una metáfora para dar sentido al relato.

El país
Antes de eso, todavía íbamos en el taxi (no… disculpen, no hice ninguna selfie), cuando me preguntó: “¿Tú le recriminarías a una abeja que no libe miel?”, y ante mis puntos suspensivos acotó: “No, porque está en su naturaleza… es su función. Esta es mi naturaleza: preguntar. Yo soy un loco de hacer. Hay locos de atar y locos de hacer… yo vivo, hago viviendo, es mi naturaleza… yo libo”.

Reflexiono sobre mi tarea, quizás estuvo de más el primer párrafo de este texto donde hablo sobre mí. En la nota del suplemento cultural Babelia (Ver acá: http://cultura.elpais.com/cultura/babelia.html), Juan Cruz escribió sobre la última publicación en España de un libro de la autora nicaragüense Gioconda Belli, y comienza de esta manera: “El último libro de Gioconda Belli (sobre la grama, Navona) es su primer libro, pero en España no lo conocíamos, nunca se había editado aquí)”. Constato: seguramente la autorreferencialidad del principio de esta nota está de más, aunque decido no borrarlo, me uso como excusa para dejar evidencia de la simpleza con que este profesional me recibió sin conocerme y aun así no escatimar sus saberes sobre el oficio.

Por Yamila Juan (Desde Madrid, especial para El Lobo Estepario)

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