Una Mirada sobre el XXVII Salón Nacional de General Pico

El sábado 28 de julio de 2018, en MEdANo, se reunió el jurado convocado para realizar la premiación y selección de obras que integran el XXVII Salón de Pintura “Ciudad de General Pico”, edición 2018. El mismo estuvo integrado por la Prof. Ana Fabry y la Prof. Gabriela López y por quien esto escribe, decidiendo por unanimidad otorgar premios, menciones y selección de obras. El 18 de Agosto quedó oficialmente inaugurado con la presencia de autoridades, artistas y público en general. En un intento por agregar apenas una perspectiva a la que a su vez forjarán cada uno de los espectadores, es que he esbozado estas palabras.

Junto a las colegas que hemos actuado como jurado nos planteamos fundamentalmente analizar con el debido respeto todas y cada una de las obras presentadas intercambiando opiniones técnicas y conceptuales -que a su vez me permitieron hacer una síntesis para esta nota- y finalmente tratar de que las diferentes expresiones estilísticas estuvieran representadas, entendido esto último además como una manera de aportar pluralidad de emociones y conceptos al Salón Nacional.

El Primer Premio se denomina “Paisaje”; en este caso, con esa palabra tan sencilla intuimos un mundo que ya se ha ido; de excelente factura técnica y con la incorporación de fragmentos de herramientas oxidadas, Mario Eyeramonho como un arqueólogo de búsqueda incesante, quizá nos está mostrando el paisaje remanente, pero a su vez poético y pletórico de interrogantes, que se visualizaría una vez que el espacio ha sido deshabitado. De alguna manera su propuesta estética nos remite a la película recientemente estrenada “Miró, las huellas del olvido” de la directora Franca González, quien en otro formato artístico, el cinematográfico, con objetos, cartas, planos y testimonios nos muestra el universo de un pueblo pampeano desaparecido.

En el Segundo Premio “Doña Julia y los pájaros” observamos la vida pasar ante nuestros ojos, Julia es una mujer que nos transmite esperanza -a pesar de las dificultades- manifestada expresamente por el largo camino que aún tiene para explorar. Con logrados tonos azulados-verdosos, Silvana Barthel expresa poéticamente nuestra época como si estuviéramos frente al arquetipo urbano de esas mujeres que sobreviven en un contexto económicamente hostil; su trabajo nos remite a la visión del arte de la escultora Betina Sor, cuyas mujeres expresan -más que mil palabras- fortaleza anímica en una frágil situación social, mimetizadas y en sintonía con el paisaje que las asedia.

El Tercer Premio y mejor piquense es el “El cuarto jinete” de Pablo Llanos quien con habilidad en el dibujo, la composición y gran capacidad de síntesis, nos coloca frente al hombre y su máscara, tema existencialista que nos interpela la imaginación, además, la posición de la figura en el plano remite a Gregorio Samsa personaje de Metamorfosis cuyo autor Franz Kafka pone en evidencia lo absurdo del mundo en derredor. Si lo contextualizamos dentro del arte argentino lo referenciamos como un exponente de expresionismo figurativo con una impronta que nos remite al tucumano Luis de Bairos Moura cuyos trabajos, con cuerpos que se desdoblan, mutaciones y transformaciones, evocan universos fantásticos y fantasmagóricos.

Se otorgaron seis menciones sin orden de mérito; seleccionando para la exhibición 44 obras de artistas procedentes de Buenos Aires, Córdoba y La Pampa, entre otras.

Con “Niño árbol y pos shock epifánico” de Ana Paula Di Nardo estamos frente a una artista que observa el paisaje e interpreta al humano como parte constitutiva; el hombre-árbol está situado en el medio de una naturaleza lírica y pletórica de colores, iluminado por la sabiduría de un ave posada en su cabeza -igual sentido tendría la paloma posada en la cabeza de la protagonista de la obra de Silvana Barthel- y la convicción ancestral -de los hombres de la tierra sin mal- de que no respiramos por nosotros mismos, somos el aliento de los ancestros y el gran espíritu, quienes al momento de dejar de infundirnos su soplo, nos retornan a nuestro origen.

Florencia Pumilla presenta “Baile secreto”, un trabajo metafísico en donde apreciamos una conexión de pensamientos profundos asociados de manera quimérica más allá de la ciencia, además, no podemos evitar conmovernos ante el sugerente zorro, símbolo de inteligencia y referente mitológico de los indios Pampas, antiguos cazadores de la llanura. Lo ancestral y lo contemporáneo en una amalgama perfecta.

Guillermo Benavídez con “El dedo en la herida” nos reta a una propuesta existencialista y sugerente que indaga en el mundo de esa mujer en primer plano quien sangra al presionar su propia carne; tal vez la barcaza para llegar a la otra orilla le fue esquiva, le ha quedado a sus espaldas y la protagonista no puede verla, aunque si nosotros, los espectadores.

Con “Vocación de dialogo” de Gustavo González estamos ante una obra gráfica de rigurosa composición que nos invita a reflexionar sobre la disociación entre lo que se dice -texto en el sector inferior del cuadro- y lo que realmente se hace -imagen en el segmento superior- y nos recuerda que todo artista responde esencialmente a la época que le toca vivir.

“¿Quién dijo que no existe?” de Carola Ferrero es un paisaje resuelto con colores cálidos, sugerente y de buena composición, al igual que el primer premio nos habla de un tiempo que ya se ha ido.

Eliana Greda con “La tormenta” nos muestra pintura en estado puro cuyo paisaje nevado es capaz de trasladarnos a un paraje determinado, pero a su vez nos permite imaginar el acontecer de la existencia humana en ese contexto.

Los invitamos a recorrer la muestra y aportar sus propias impresiones.

Rosa Audisio
Artista Visual y Gestora Cultural Independiente

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