Una poesía de Dardo Cuellar

Soñé liberad

Libre y hermosa dama

Enseña a tus  hijas

A danzar

Son muchedumbre

Queriendo mostrar

Con sus bellezas

Sus delgados y suaves cuerpos.

Les caían sus cabellos

Ondulando sobre sus hombros

¡Llegó el día!

Nos movemos al ritmo del mar

Como algas, sin parar

En un ritual  de santidad.

Esa será la herencia

De nuestra madre.

Y se habrá cumplido

Lo que nos quiso enseñar.

Movían sus manos

 Sus largos y finos dedos

Al compás de un ritmo

Aprendido de su mamar.

Firmes  en distintas ramas

Sublimes y pequeños pies.

Delgadas piernas sujetándose

Con una gracia ancestral.

Sus vestidos colgaban

De  finas sedas. 

Se cambiaban de lugar.

Cada una dibujaba

Con sus brazos

Figuras que iluminaban

Mi libertad .

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