«Veo cada vez más clara la plandemia que se instaló mundialmente»

«Cuando me siento a escribir esto (mitad de octubre) ya hemos pasado por varias fases, fuimos y volvimos de la uno a la no sé cuánto (creo que cinco?, ya ni sé), de ida y de vuelta, y de ida de nuevo. Desde un principio quise tomarlo responsablemente por lo que me porté como un buen ciudadano y cumplí con el aislamiento, lo que me llevó a comerme los pocos ahorros que tenía. Finalmente terminé aceptando ayuda de familia y amigues para llegar a pagar el alquiler, ya que soy un trabajador independiente, y estoy bajo el mandato de “si no trabajás, no cobrás”. Pero más allá de lo económico (que acepto que no es un tema menor) no creo haber padecido mucho este aislamiento. Nunca me faltó comida ni ninguna otra necesidad básica, así que lejos de quejarme. Es más, le encontré bastantes aristas positivas, que voy a tratar de compartir brevemente en este momento, y que seguramente comparten muchos y muchas. También quizás otros sientan que hablo en chino mandarín del oeste. Repito, son impresiones personales, llenos de subjetividad. Cada une vive la pandemia como le sale, o como puede, de acuerdo con sus sistemas de creencias y sus limitaciones. En la primera etapa de fase uno me metí para adentro. Literalmente. Y de modo metafórico también. Estuve mucho tiempo solo (mi hijo pasó la primera etapa con la madre) y eso propició un encuentro conmigo mismo, mi interior, mi yo más profundo (ése que muchas veces dejamos para después, al que desoyemos todo el tiempo, no damos crédito a sus gustos ni intereses…un yo que a veces no sabemos ni quién es). Estuvo muy bien, me amigué con él/yo. Volví a meditar, actividad que solía hacer en ciertos momentos y que había abandonado bastante. Ocupé mucho tiempo viendo y escuchando charlas y exponencias de despertares de conciencia, geometría sagrada, física y metafísica…y (obviamente) las infaltables películas (no sé si llegué a ponerme al día, pero al menos vi muchos filmes que venía postergando). Poco a poco dejé de escuchar la radio (medio por el que me informo, no tengo ni quiero tener TV), sentí que me estaban inoculando miedo, como a toda la población mundial. Un miedo sistemático y sostenido durante meses no puede dejar nada bueno en las mentes, conscientes e inconscientes. De la fase en la que estamos ya me voy a enterar, me dije, y ya no me preocupó más (aunque en verdad nunca lo hizo del todo) las cifras (abultadas o inventadas) de infectados o muertos. La actitud de Aquí Ahora me serena, tranquiliza y equilibra bastante. Y realmente me di cuenta que no necesito ni me hace nada bien pensar en los problemas ajenos que no puedo solucionar ni ayudar. Hago lo que está a mi alcance, trato de hacerlo bien y cumplir con los protocolos que obligan (protocolos que sinceramente veo inútiles). ¿Cree realmente la sociedad que un calzón en la cara puede detener a un virus? ¿Es en serio? Pero bueno, si insisten, lo uso cuando entro a un local, y lo llevo en el bolsillo el resto del día. ¿Será que tanto manoseo de la información, tantas idas y venidas de fase por intereses económicos haya hecho que descrea de todo? Entonces veo algunas exposiciones de científicos (que los medios masivos no muestran) y veo cada vez más clara la plandemia que se instaló mundialmente. No puedo no ser crítico. No puedo no observar las incongruencias del poder político. Incoherencia total. Pero también creo que por algo pasan las cosas. Y estoy en plan espiritual de aceptar lo que no puedo modificar. Así que bienvenido sea todo. La plandemia, el aislamiento, el mundo respirando un poco de tanta humanidad destructiva…Y como al paso no puedo dejar de mencionar la exposición que tuvo el sistema educativo (tema que me tocó más de cerca por mi hijo con autismo, que empezó el secundario en la escuela especial, o de apoyo a la inclusión, como le dicen ahora). Porque al estar obligados a la escuela en casa (lo mejor que nos pudo pasar) quedó a la vista el papel o el trabajo que hace o hacía la escuela. Un “hacer de cuenta” constante. Basado en excusas de la limitación estructural, o de materiales, o de capacitación (esta la más visible). La escuela como institución es la nada misma. Así que dejamos de esperar peras del olmo y recogimos el guante de la educación en nuestras manos. Logramos un espacio de trabajo y atención conjunta con nuestro hijo como nunca lo pudimos lograr con la presencialidad ni en toda la primaria. Un poco se enganchó con las videollamadas, pero no mucho. Nuevamente a la vista la poca capacitación docente en comunicación, aparte de los problemas de conectividad. Resumiendo, poniendo en una balanza (muy personal y subjetiva), veo más cosas positivas que negativas de este año plandémico. Lamento mucho los millares de personas que murieron por esto, pero la humanidad creo que estará agradecida por tal magnánima ofrenda de amor. Los despertares de conciencia masivos a veces parece que conllevan masivos sacrificios. Respeto por ellos y ellas y acompañamiento a las familias».

El Santi

Nació en General Pico. Aprendió a dibujar de manera autodidacta. Cuando adolescente tomó clases de Dibujo e Historieta con Daniel Arguimbau (actualmente radicado en Italia). En 2004 fue becado por el Fondo Nacional de las Artes para estudiar Historieta con Osvaldo Walter Viola (Oswal), en la Escuela de Dibujo de Garaycochea, en CABA. En Buenos Aires asistió en Tea a charlas dictadas por Fontanarrosa, Caloi, Langer, Ascher y Rabinovich. Cursó un Taller de caricatura en el Centro Cultural San Martín y regresó a la Escuela de Garaycochea para estudiar Dibujo Animado con Rodolfo Mutuverría. Sus trabajos aparecen en publicaciones como Sello Joven (historietas humorísticas en formato tira), El Barrial (dibujos e historietas sobre prevención de accidentes, defensa civil, etc), El Fisgón (dibujos), Cáscara (historietas de aventuras), La Hoja (autopublicación de humor, dibujos e historietas), Sexo Sentido (autopublicación de historieta erótica), Historia de un fueguito (animación, documental sobre la vida de César Milstein). Intervino en varias publicidades para TV y en campañas gráficas de prevención y sobre cooperativismo, además de realizar los planos ilustrados de las quermeses, para el Departamento de prensa de la Municipalidad de Santa Rosa. Coordinador del Centro de Ideas del I.Pa.De.S. (ONG en Santa Rosa para la prevención del VIH), creando campañas gráficas e historietas con adolescentes publicadas en diarios de la provincia. Ilustró portadas de demos y discos de bandas de rock, como Satura, Guadaña y Pri.Ma.Te, entre otras. Realizó ilustraciones en los libros Infieryo, de David Pietroboni; En el campo me crié, libro de adivinanzas tradicionales; Los cuentos de Hanu, de Cecilia Stanzione y Luces malas, luces blancas, de D. Estrella Fernández, como también en diversos medios gráficos locales y provinciales. Es miembro fundador de la Revista HB, Historietas Pampeanas, creada en 2O12, desempeñándose como director de la misma desde 2018. Las series de su autoría (guión y dibujo) más relevantes publicadas son Alen y Derico y Mañqué, publicando además varios unitarios, de aventura, fantasía y tragedia. Incursiona en aerografía y desde 2010 abraza el oficio de tatuador, siendo su principal sostén económico. Vive en Santa Rosa. «Continúo nutriéndome de cada maestro y/o colega, todo el tiempo. Me considero un eterno aprendiz».

Bustriazo.
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Autor

Raúl Bertone