Vientos soplando historias

El cuento nos transporta a otros mundos. Tiene muchas vidas. Y Silvina Barroso trabaja las emociones a través de los cuentos, una herramienta eficaz que provee experiencias variadas a nivel emocional en niños y niñas. Así construye puentes sólidos para la empatía. De oficio docente, narradora oral, actriz y titiritera, la santarroseña no solo expone con su voz y sus gestos situaciones de todo tipo, sino que desde hace un tiempo sus personajes y sus historias son recreadas a través de las ilustraciones, son volcadas en el papel.

En ese sentido, los títeres que ella misma recrea en su armado, y le dan vida a las narraciones en diferentes ámbitos de todo el país, también fueron alimento para plasmar los relatos en libros. Barroso ha salido a escena con obras como Jacinterías (2000), Fafty Pronchi Fafty Krub (2006), ¡¿Dale…que soy pirata?! (2007), Cuentos con títeres (2010, 2011, 2012, 2013), Vientos (2012), Historias plumíferas (2014) o Títeres y cuentos con un toque mágico (2017). Y a lo sucedido con su primer hijo de papel llamado Eladia y Elina, brujas mellizas, una historia que nació con la obra para títeres Brujas mellizas, y la posterior publicación, Historias plumíferas, recientemente vio la luz Vientos, a través de Visión 7 y Sietesellos Editorial.

«Hace un tiempo, vivía al lado de un lugar mágico, como el de esas películas en donde los efectos especiales recrean un cuento de hadas, un bosque encantado. Había allí árboles frondosos, añejos, con los que se podía jugar a las escondidas…Los escondites eran impensados: troncos donde podían estar tres personas detrás sin ser descubiertas, arbustos fantásticos. Verde, mucho verde…Un día escuché la motosierra que se devoraba esos árboles… los del cuento de hadas. Esos árboles que habían estado allí por vaya a saber cuántos años…Esos árboles que albergaban historias de todo tipo… Mucha tristeza, impotencia. Ya no había lugar para las escondidas. Al poco tiempo, cuando el vacío era enorme, sentí el viento…¿Por qué tanto viento? Nunca se había sentido así. Antes, los árboles formaban una barrera muy poderosa para el viento. Ahora, ya no estaba».

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Autor

Raúl Bertone