Canto Agreste, la nueva voz del folklore pampeano

Lo que el folklore sea está bien sabido, intelectual o instintivamente, pero está bien sabido. Convivimos con él y resulta ser, naturalmente, un pedazo de la vida en cada uno de nuestros habitantes, sobre todo de aquellos que se inclinan fundamentalmente por los estamentos populares de la música. No hace falta extenderse al respecto, lo sabemos bien, como acabamos de decir. Cada conjunto que elije dicha expresión reconoce sus propios motivos y tendrá a la fuerza matices distintivos que subirán al escenario cada vez que ellos suban, y saldrán de una garganta y flotarán en el aire cuando los instrumentos suenen. Ningún grupo puede ocultar los matices que se encolumnan detrás de sus raíces, de su formación, de su voluntad de superación. De modo que tales matices efectivamente suben al escenario, y se plantan por delante, dejando ver a trasluz a sus hacedores agitándose tras ellos. Y esos matices no son casuales y terminan por ser la identidad de cada grupo, el adn final de un producto que vibra en el aire.

Muy interesante es este asunto de reconocer la célula nerviosa, la arcilla, que compone a sus integrantes y que darán forma a lo que apenas más tarde escucharemos. En ese principal sentido resultaría más interesante aún de oír si se diera cierta posibilidad, de conjugar un cancionero folklórico con un integrante venido del rock, otro de la música melódica, otro de la música barroca y sólo uno del folklore.

¿Qué podría surgir de semejante mixtura? Afortunadamente la pregunta ya tiene una respuesta, que se escribe con el nombre de Canto Agreste y representa la nueva voz del folklore pampeano.

La idea es extraordinaria porque el resultado, por fuerza, va a ser extraordinario, aunque desde luego conjugar y armonizar esos disímiles matices sea una tarea ciclópea. Sin embargo y al parecer, Agostina Pesce (voz), Nicolás Torres (voz y guitarra), Lucas Leone (percusión) y Darío Echeverría (flauta traversa), estuvieron dispuestos a enfrentar el desafío y hoy por hoy, a fuerza de ensayo y talento comenzaron a desandar un nutrido derrotero por escenarios de distintos calibres, pero todos ellos brindando una oportunidad para que suene y se conozca esta particular novedad.

Si conjugar esta mixtura fue voluntad propia o fruto del azar, lo dirá su propio origen. Al respecto, Agostina cuenta que “comenzamos como dúo junto a Nicolás, pero no era nada profesional, solo voz y guitarra y aprovechando la ocasión que estamos de novios. Vimos que más o menos funcionaba la música entonces decidimos llamar a Lucas que justo estaba volviendo de Rosario y a partir de ahí comenzamos a tomar otra dirección, más seria”. “Exactamente”, reconoce Nicolás, y en seguida admite también que “nos propusimos dejar de ser una guitarreada con la incorporación de Lucas, ya fuimos tomando la idea de hacer un grupo, de conformarlo y ensayar bastante para comportarnos más profesionalmente y empezar a pulir errores.”

Entonces tenemos esta parte donde la voluntad propia marca el camino, sin embargo el azar entra en juego aquí mismo y de pronto se despliega ante ellos una mágica alfombra que les allana el sendero para la conformación final de Canto Agreste. Apenas habían transcurrido dos semanas de los ensayos cuando llega la invitación para actuar en el Aniversario de General Pico representando a la Agrupación Gaucha.

“Nos gustó lo que salió –dice Nicolás-, pero seguía siendo guitarreada, aún sonaba muy improvisado, nos dimos cuenta que necesitábamos un proyecto y arreglar un montón de cosas para alcanzar el estilo que pretendíamos”. Y en esta otra parte más avanzada de la historia es donde surge la figura de Darío Echeverría, un reconocido traversista de nuestra ciudad, especialista en música barroca. Él fue el encargado de dar una nueva y novedosa nota, de amalgamar ciertos detalles, pulir, orquestar y agregar un colorido matiz.

Si bien la historia empezó a desenvolverse en este último abril, lo cual nos indica que es demasiado temprano para abrir un juicio final, debemos reconocer que Canto Agreste consiguió un nivel muy superior al esperado por los breves pasos marcados hasta aquí y teniendo en cuenta fundamentalmente que la voz de Agostina proviene del pop melódico, que la percusión de Lucas tiene sangre roquera, que la flauta traversa de Darío llega desde el cielo de la música y que sólo Nicolás trae una raíz folklórica pura. Pudo haber salido una cosa dislocada, sin amalgama, sin la cohesión suficiente para cautivar, pero no. Afortunadamente no. Canto Agreste pudo amasar toda esa mixtura y convertirse en la nueva realidad de un folklore moderno que viaja de escenario en escenario, respondiendo a una gran cantidad de invitaciones que recibe permanentemente desde su creación, que ya tiene su video, un cancionero depurado que no pasará demasiado tiempo en transformarse en álbum, y un profesionalismo de apoyo, de sostén, como mejor partitura.

Es bueno que se convoque a los que van detrás de un proyecto serio y una música seria. Es bueno que Canto Agreste, con toda su novedad, empiece a ocupar el aire de la ciudad.

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