«En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida» escribió Robert Penn Warren, autor de Promises y Now and Then, entre otros libros. Por medio de la palabra, de las emociones y sentimientos que puede manifestar el ser humano acerca de la belleza, el amor, la vida o la muerte, la poesía se erige como la música verbal mas poderosa. En la más refinada manifestación. Y también, un género que brinda identidad a la literatura de cualquier lugar. La poesía como una evocación de impresiones. Una toma del lenguaje.
Clementina Rossini nació en Vértiz en 1946. Fue docente, y escribe desde niña. Ese impulso se fue alimentando lentamente, pero de forma decisiva, a medida que comenzó a transitar la vida atada al barrilete mágico de la lectura. «Recuerdo la feliz niñez en mi pueblo natal, con nostalgia. Añoro los cuentos improvisados de mi padre, cuando en un carro de reparto de pan, lo acompañaba para llevar “las galletas de campo” a los agricultores de la zona. En esos viajes me relataba cuentos creíbles para mi primera infancia. Tal vez allí haya nacido mi vocación por la lectura y escritura. Eran historian surgidas de pájaros o animales que encontrábamos a nuestro paso por las huellas polvorientas de aquel entonces», contó, abriendo la charla con El Lobo Estepario.
Al evocar su infancia y adolescencia, Rossini señaló que «después de cursar el Primer grado en la Escuela 41 nos trasladamos a General Pico, donde terminé la Primaria y luego de cinco años, obtuve el título de Maestra en la Escuela Normal República de El Salvador. Una feliz adolescencia y juventud me deparó esa ciudad que aún amo. Sin tener pleno conocimiento del futuro que me esperaba, mi primer reconocimiento literario lo recibí en Quinto grado de la Escuela 26, con una composición sobre vida y obra de Domingo Faustino Sarmiento».
Mientras se incrementaba su acercamiento a los diferentes autores y géneros literarios, la escritura fue ganando terreno en sus días, amén de otras inquietudes e impulsos a los que también respondía. «Mis lecturas de novelas comenzaron a escondida de mis padres, a la vez que estudiaba leía gran cantidad de novelas y cuentos que intercambiábamos con amigas. Escribía en mi Diario Íntimo, de moda en ese tiempo, aunque no me satisfacía la simple cronología que registraba. Comencé a darle un sello poético a esa prosa que nadie leyó ni se enteró que había escrito. Fui designada en alguna oportunidad, desde la Escuela Normal, para escribir y leer discursos en los actos centrales durante las fechas patrias en General Pico. También aprendí dibujo en la Biblioteca Estrada, y a bailar folclore en la peña El Alero, con Margarita Rodríguez y Alcaín».
«Desempeñé cargos docentes en Colonia El Sauzal, donde mi marido fue laboratorista de obra en la construcción del puente dique. Los días no laborables los dedicaba a la lectura de cuentos, novelas, alguna poesía. Siempre escribí y hasta mi traslado a Santa Rosa rompía o quemaba mis escritos porque pensaba que a nadie le interesaría lo que yo había registrado. Desde mi asistencia a los talleres literarios que se dictaban en la APE, comencé a escribir, mostrar y compartir mi producción. Participar en distintos cargos en el Concejo Directivo de esa entidad me abrió las puertas de muchas actividades literarias», agregó Rossini.
Formó parte del Jurado en el Certamen de prosa y poesía del Fondo Editorial Pampeano en 2015, ha colaborado en la revista Café-Latino y en el boletín Rancho Aparte, suplemento digital de la revista editada por la Organización Latinoamericana de Francia. También escribió una columna titulada La Pampa, arte y cultura, para el diario virtual Noticias Pampeanas. Textos suyos fueron publicados en Radio Bumerang Argentina, una revista impresa y digital de Francia.
Rossini tiene cinco libros editados: Sabor a vida (Saveur á vie), bilingüe español-francés (Editorial Ola, París, 2008), La vigilia del ángel (7Sellos Editorial Cooperativa, Santa Rosa, 2016), Desde el umbral de la almohada (7Sellos, 2018), Etimología del amor, del desamor y otros vuelos (Puntoaparte Ediciones, Buenos Aires, 2023) y Viajeros del tiempo, junto al escritor Ariel Dietz (Editorial Gato Ilustrado, Buenos Aires, 2023). Además, textos suyos han sido incluidos en diversas antologías.
La escritora pampeana, Socia Honoraria de la SADE filial General Pico y cuya obra fue declarada de Interés Legislativo por la Cámara de Diputados de La Pampa, ha recibido distintos reconocimientos, a saber: Primer premio internacional de poesía Antorcha Cultural 2007, otorgado por AMRA; Primer premio internacional de poesía Lustro 2005-2010 Antorcha Cultural 2011; Gaviota de Plata 2022; Premio Internacional Cultor de la Palabra Escrita Gabriel García Márquez 2023, otorgado por la Confederación Mundial Literaria Plumas y letras de Curumaní, Bogotá (Colombia) y Premio Estatal de Literatura Ministro Joaquín Álvarez Añorve 2026, México.

¿Qué le hubiese gustado ser?
Estoy conforme con mi condición de ser humano. Conforme como fui en mis años pasados, con las satisfacciones que me deparó la docencia y con las habilidades que pude adquirir cuando descubrí mi inclinación por la escritura. Cierto es que me costó mucho aceptar que me llamaran escritora.
¿Un lugar para vivir en el mundo?
Sin lugar a dudas elijo Argentina para vivir. Me gustaría conocer, conocer no solo visitar, países orientales con un estilo de vida distinto al nuevo mundo. Creo que allí encontraría respuestas para mi eterno cuestionamiento a las ciencias de la salud, del conocimiento de cada uno como ser humano.
¿En qué tarea no se siente inteligente?
Uno puede ser inteligente pero falto de otras habilidades que lleven a resolver situaciones aplicando el razonamiento, la lógica. En cuanto a una respuesta concreta a la pregunta, diría que no me falta inteligencia (sin ser engreída) pero no me adapto fácilmente a los avances de la tecnología. Por lo tanto, trato de aprender lo justo y necesario para no quedar al margen. No veo la necesidad de utilizar otro idioma que no sea el español, en los países de América Central y del Sur, para denominar todo lo referente a esa tecnología que puede llegar a suplantar al hombre.
¿Cuál es su palabra favorita?
No es solo una palabra mi favorita, pero empezaría por nombrar al amor. Sin un orden específico: paz, solidaridad, honradez, felicidad, orden institucional, democracia y un largo vademécum que no voy a detallar.
¿Cuál fue el momento más feliz de su vida?
Sin duda los viví en mi niñez y juventud. Rescatando otros desde los avatares de la vida, mi matrimonio, ser madre de seis hijos, mi profesión, los momentos de lectura y el descubrimiento de mi pasión por la poesía.
¿Su primer trabajo?
Maestra de Segundo grado en la Escuela 41 de Vértiz con mi flamante título de Maestra Normal Nacional. Tenía 17 años. La misma Escuela donde había cursado Primer grado a los cinco años.
¿Cuál es el buen cine?
Aquel que, dentro de mis preferencias personales, aborda temas creíbles. Aquel donde el intérprete logra que cada espectador se sienta involucrado, se sienta protagonista.
¿El último libro que leyó?
El día que Nietzsche lloró, del psiquiatra y escritor judeo-estadounidense Irvin Yalom. Es una obra que mezcla historia y filosofía sobre la vida y crisis de Friedrich Nietzsche. Antes había leído El vuelo de la libélula, de Gabriela Exiliart, escritora, abogada y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Actualmente me inclino por las antologías de narrativa y poesía: Cuentacuentos Antología 2025, bajo la coordinación de Daniel Petasne, y Antología de Poesía y Narrativa 2025, editada por el FEP.
¿El mejor libro que leyó?
No sé si es el mejor, en todo caso es el que más me gustó: Te daré la tierra, del español Chufo Lloréns.
Un personaje de la literatura que le parezca imprescindible.
En la literatura infantil el personaje que se renueva en cada publicación es El gato Pirucho, de la escritora pampeana Stella Maris Gamba. En la novela me parece muy acertada la creación (aunque hoy se dice que existió una persona con esas características físicas, trabajando como carpintero, en el lugar de la acción novelada) de Quasimodo, en El jorobado de Notre Dame, de Victor Hugo. Para mi es significativo porque integra la discapacidad o capacidades diferentes, en un rol protagónico, siendo que en la época en que fue publicado se ocultaban esas diferencias. Representa una figura que personifica la lucha entre la fe, el deseo, la marginación y el amor puro en el oscurantismo de una sociedad medieval.
¿Mira TV?
Sí, aunque omito los noticieros salvo sucesos muy importantes. Se escuchan opinólogos tan disímiles en sus conceptos que terminan confundiendo. Pululan los entendidos cuando en realidad son simples operarios del poder de turno. Prefiero mirar películas o documentales.
¿Qué escritor/a influyó en su camino?
He leído a muchos/as, aunque mi preferencia siempre se inclinó por Borges, Benedetti, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y en menor escala, Simone de Beauvoir.
¿Qué hito de la historia mundial le hubiese gustado vivir personalmente?
Me hubiera gustado participar en la dotación de las naves que llegaron a la Luna, aunque me producía temor lo que se pudiera encontrar en los alunizajes. No habría participado con afán de conquista, mi interés en el caso de hallar vida similar a la nuestra, se basaría en adquirir conocimientos que aún no poseemos si fuera una civilización más adelantada que la nuestra.
¿Cuál fue la vez que más lloró?
Lloré mucho y me costó aceptar el fallecimiento de mis padres, de mi esposo a temprana edad y la de mis cuatro hermanos. Más recientemente, la partida de mi amado sobrino Sergio Rossini.
¿El mejor político en la historia de su país?
Por la honestidad en su gestiones presidenciales admiro a Humberto Illia y a Raúl Alfonsín.
¿La mejor persona que haya conocido?
En esta respuesta admito que prevalece mi instinto materno: mis seis hijos. Sin ser brillantes ni ostentar cargos preferenciales, son buenas personas dentro de la familia y en el círculo de sus amigos y conocidos. La gente que los conoce y trata me hicieron llegar sus comentarios reafirmando mi respuesta.
¿Extraña algo de su niñez?
Extraño el amor de mis padres y de mis cuatro hermanos mayores. Extraño esa libertad que sentía al andar, jugar, relacionarme con otros niños en la tranquilidad de un lugar chico, donde los niños “eran hijos del pueblo” porque siempre había mayores que, sin que lo notáramos, nos cuidaban y protegían allí donde estuviéramos. Me atraían las escapadas para atrapar mariposas en los descampados después de la lluvia, chapotear en los charcos descalza, las fogatas de San Juan y San Pedro bajo los faroles de las esquinas en las calles de tierra. Festejar Carnaval mojándonos, generalmente con pomos de goma aún con desconocidos/as, sin agresiones que pudieran lastimarnos. Disfrazarme para ir con familiares a los corsos en las calles de mi General Pico de hace décadas.
¿Qué profesión u oficio nunca ejercería?
No ejercería la medicina, aunque en este tema se me presenta una ambigüedad. Un sí y un no que se contradicen. La ejercería solo para aliviar y curar dolencias o enfermedades de un paciente. No la ejercería porque también implica que pueda perderlo. No me perdonaría su muerte, aunque sé que va más allá de lo que humanamente se puede hacer.
¿Un personaje nefasto de la historia?
Desde la antigüedad se conocen personajes nefastos que marcaron cambios a nivel mundial y no para bien, precisamente por ser nefastos. Concretamente me refiero a Adolf Hitler, aunque antes y después hubo otros. Más de una vez el revisionismo histórico trata de rescatarlo/os, pero a juicio personal no dejo de reconocer su crueldad y egocentrismo.
¿Le preocupa la muerte?
Llegada cierta edad, cuando uno logra comprender que no se es “el centro del universo”, se toma a la muerte como parte de la vida. Termina ese pensamiento, que dura muchos años, donde se cree que la muerte es cosa de otros. En realidad, no le temo a la muerte, le temo al dolor físico o psicológico que puede traer aparejado.
¿El arte salva?
Sin dudarlo, el arte salva. Ocupado/a en la creación, se está en otra dimensión, en otro estado témporo/espacial, donde se olvidan dolores y preocupaciones reales. Al emerger de ese estado puede que los males que nos aquejaban no sean tan graves o insolubles.
¿Qué párrafo de inicio de la historia de la literatura universal elegiría?
Tomando a la palabra párrafo como época, diría que no soy profesional de la literatura, y con los conocimientos que poseo elegiría la época de los filósofos, de los grandes pensadores, donde todo era discutible y hasta las contradicciones entre unos y otros quedaron escritas como legado para las generaciones posteriores. Como no creo en una verdad absoluta analizo cada pensamiento de ese legado y elaboro uno propio, adaptado a la época en que vivo, pero sin darlo como definitivo. Un párrafo con el cual me identifico es: “Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo”, de Charles Dickens, en Historia de dos ciudades.
¿Qué opina del aborto?
Respeto las distintas posiciones al respecto. Lo justifico en caso de violaciones debidamente comprobadas. Por conocimiento de lo que voy a expresar, lo justifico cuando se sabe de antemano que la criatura que nacerá no tiene esperanza de vida.
¿Qué le gustaría saber del futuro?
Mi futuro es hoy, y hasta cierto punto. Coincido con Walt Witman: «El futuro no es más incierto que el presente». Al no creer que existe una verdad absoluta, dudaría si lo que me gustaría saber podría ser creíble.
¿A quién no dejaría entrar a su casa?
No dejaría entrar a la falsedad, la envidia, deshonestidad, odio, egocentrismo y desamor. Si en un descuido entraran, de la mejor manera posible y sin violencia, me desharía del portador.
¿Donaría sus órganos?
Cuando decidí no hacerlo creía que la donación se podría convertir en un negocio detestable. Hay casos, hoy en día judicializados, que me hacen sospechar que así sucede. Desde que se hacen trasplantes con éxito en nuestro “pago chico”, creo que si al partir queda algún órgano en condiciones de ser donado, lo haría.
¿Recuerda su primera maestra?
Recuerdo con admiración y afecto a mi maestra de Primer grado (porque no existía el preescolar). Se trata de Sara Abadie, muy dulce, con mucha paciencia y cariño. La casualidad o causalidad hizo que cuando recibí el título que me habilitaba para ejercer, la Señorita Sarita, como la llamábamos sus alumnos, fuera compañera de trabajo en la Escuela de Vértiz.
¿Qué opina de la religión?
Soy católica, pero opino que se debe cambiar mucho en la forma de propagar la fe en la doctrina cristiana. Que se han cometido atrocidades dentro del clero y si bien algunos casos fueron condenados, otros permanecen protegidos. Respeto todas las religiones, no así a las sectas. Creo que con distintos nombres, el Ser Superior en el cual se cree según la raza, es el mismo con otras raíces, formas de alabanza y rituales.
¿Una película?
El curandero, de Michal Gazda. Basada en hechos reales, es una historia llena de sentido humano. Hace una prospección al interior del hombre para volver a sacar lo mejor de sí mismo.
¿Un héroe de ficción?
Sherlock Holmes, por la lógica deductiva que adjudican al personaje.
¿Su héroe de la vida real?
Mi padre. Lo veía poderoso, persistente en sus objetivos, protector. Partió sin que yo pudiera decir en voz alta lo que él significaba para mí.
¿Un disco?
Amo el tango y coleccionaba discos de Julio Sosa, Goyeneche, Chiqui Pereyra.
¿Qué género de música escucha?
Sigo siendo adicta al folclore, de vez en cuando pongo música clásica y siempre música relajante para dormir y meditar. Escucho muy poco música electrónica.
¿Su compositor, intérprete o grupo favorito?
León Gieco, Tania Libertad, Chaqueño Palavecino, Argentino Luna. Me gusta Narciso Yepes ejecutando Concierto de Aranjuez. André Rieu y su orquesta popularizando la música clásica. Entre otros grandes compositores de tango, menciono a Enrique Cadícamo y Homero Manzi.
¿Cuál es la persona que más le gustaría ver en estos momentos?
Aunque ya haya partido hacia otra dimensión, me gustaría volver a entablar personalmente esas largas charlas que mantuvimos con el emblemático poeta y escritor amigo Edgar Morisoli, bajo un frondoso árbol, en los atardeceres pampeanos. De cada una de sus palabras, aunque no fuera su intención, se desprendía una enseñanza. Aún hoy las recuerdo cuando escribo y trato de aplicarlas a mis escritos.
¿Cuál es su idea de la felicidad?
Muchos han elaborado prolongadas definiciones o pensamientos sobre la felicidad. Yo creo que está compuesta de momentos, y si uno no los registra como felices se pierde en utopías sin asidero. Coincido con Soren Kierkegaard: No es algo que se obtenga del exterior sino que debe provenir de uno mismo.
¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Tengo contados amigos y muchos conocidos. Hago entre ellos una diferencia. En los amigos valoro la discreción, la sinceridad, el afecto y la honradez.
¿Qué hábito ajeno no soporta?
No soporto la impuntualidad, el desorden y la falta de responsabilidad.
¿Qué siente nos dejó la pandemia?
Creo que nos dejó una enseñanza palpable. Como seres humanos somos vulnerables y no existe ningún tipo de diferencia desde lo generacional, económico, religioso o raza cuando algo totalmente desconocido nos ataca. O nos cuidamos entre todos o desaparecemos sin vuelta atrás. La posibilidad que nació con el aislamiento forzoso es la comunicación virtual como paliativo ante la soledad social que sufríamos.
¿A quién le gustaría parecerse intelectualmente?
No tengo un referente definido, a medida que adquiero conocimientos que me enriquecen, aparecen personas que intelectualmente me producen admiración.
¿Tiene un lema?
Mi lema es de autoría que no me pertenece pero que adopté porque coincide con mi personalidad: No te des por vencido ni aún vencido, no te sientas esclavo ni aún esclavo.
¿Le niega o le negó el saludo a alguien?
Se lo niego a quien no responde después de varios intentos. Tal vez aún no haya aprendido a perdonar.
¿Qué cualidad aprecia más en una persona?
Dos cualidades: lealtad y honestidad.
¿Qué le gustaría saber ante todo?
Difícil pregunta, la cambiaría por ¿Qué sabe antes de nada?. En tal caso respondería: no me daré por vencida fácilmente.
¿Qué instrumento musical le gustaría tocar?
Desde niña quise aprende a tocar el piano, pero lamentablemente no pude.
¿Su peor defecto?
No poder perdonar. Olvido por momentos, pero siempre vuelve el hecho o palabras que me afectaron.
¿Qué le gusta regalar?
Mucho amor a quien lo merece.
¿Su color favorito?
Azul.
¿La flor que más le gusta?
El jazmín.
Si fuera un animal ¿cuál sería?
Un hornero.
¿Qué piensa del periodismo en general?
Como en toda profesión, hay buenos, malos y mediocres. Me caen mal aquellos que un día se definen y defienden determinadas ideas o personas, y al tiempo son sus acérrimos enemigos.
¿Su artista favorito?
Norman Brisky.
Se incendia su casa, sólo puede llevarse una cosa, ¿cuál?
Mi integridad física.
¿Una canción?
Que canten los niños, de José Luis Perales.
¿Una obra de arte?
Los girasoles, de Vincent van Gogh.
¿Cuál lugar de la casa es el mejor para leer?
Mi mejor lugar es un ventanal del comedor por donde entra el sol de la mañana, y sentada en un sillón que elegí por la comodidad que me ofrece. Prefiero la luz diurna para leer.
¿Sus autores favoritos en prosa?
El colombiano Gabriel García Márquez. Cien años de soledad es atrapante.
¿Sus poetas?
Mario Benedetti, Pablo Neruda, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral.
¿Si fuese presidente, qué es lo primero que haría?
Crear fuentes de trabajo reales para todas/os. Trabajo digno según las capacidades individuales, nada de planes que se usen para tapar el desempleo. Respetar la Constitución Nacional. Salvo casos de extrema necesidad del pueblo, no gobernar por decreto. Destinar los recursos necesarios para salud, educación y vivienda. Combatir el narcotráfico mediante leyes que apruebe el Congreso. Defender la Soberanía Nacional.
¿Si fuese Dios, qué es lo primero que haría?
Que los seres humanos vivan en paz, con la palabra y el consenso como herramientas.
Si pudiera viajar a su infancia y darle un consejo a su yo pequeño, ¿qué le diría?
Disfruta tu inocencia. Aprende a cuidar tu salud.
¿Cuál fue la persona que más lo ayudó?
Hubo en mi vida muchas personas que me ayudaron, sobre todo a partir de mi viudez siendo joven. Estaría siendo desagradecida con todos/as ellos/as si nombrara a alguien y mi memoria flaqueara al no recordar a alguien.
Así escribe
Si me buscas
Estaré en el marco donde guardo las palabras
en la cima de reclamos todavía sin respuestas
en el archivo de los tiempos donde hubo apaleados.
Averiguando quién soy desde los genes de la herencia
y en la que se arriesga aunque el camino sea difícil.
Puede que me encuentres entre nómades silencios
y en el centro de proclamas encendidas por instinto
o cumpliendo los mandatos que heredé de mis ancestros.
Persiguiendo utopías, con rumbos que me lleven
a extramuros donde reinen la paz y la armonía.
Entonces, si decides que puedo alumbrar
las sombras que empañan los cristales de tus días
y me buscas y te empeñas en que te acompañe
extiende las manos y hallarás las mías
porque sigo en este mundo imperfecto
que insiste en que corra detrás de utopías.
Alabanza
Va pasando un río ancho entre mis dedos.
Sobre las piedras del lecho envejecido, motas vidriosas
del ojo seco, lleno de polvo, lleno de sueños.
El viento que ha hecho estragos en las venas
mueve la brújula que entorpece la tristeza.
Más allá de los recuerdos helados, más allá
de las sombras perversas, hay un espacio verde,
calles que brillan cuando humedecen las lluvias
y los remolinos presagian claridades diferentes.
Las llamas vuelven y suben. Despiertan las camelias
enardecidas con el acontecer del fuego.
Los ojos resplandecen, traspasan el filo del invierno.
Viajan por las noches eludiendo al enemigo
que pretende adueñarse de los cuerpos arrugados.
Rescatan a la esperanza prisionera en una cripta
donde mueren los pájaros, donde se queman las alas.
El desaliento, que intenta trasponer las ventanas entornadas,
se queda con las manos vacías. Alabada sea la razón
por la que descienden las estrellas sobre las rocas amargas,
y la luna se refleje en el río ancho que va pasando entre mis dedos.
Barajas
La existencia me enseñó
a jugar con sus cartas.
Me dejó elegir los juegos
y cortar, pero me asignó las barajas,
sin admitir protestas al tiempo de apostar.
Puse sobre el tapete
todo lo aprendido,
lo nuevo, lo obvio, lo supuesto.
La habilidad, el ingenio
y por si fuera poco
alguna martingala.
Sentí acelerar el pulso
cuando pude acertar,
venciendo oposiciones
que pudieran confinarme.
Pero también sentí impulsos
de cruzar los brazos
y dejarme estar.
El barajador
insiste en sus desafíos
y no los puedo soslayar.
Deberé continuar la partida
hasta que, con una mueca,
me señale el momento
de la apuesta final.
En las dunas con Olga
Homenaje a Olga Orozco
I
Me hiere el sol al caminar.
La tierra tiene lágrimas de arena.
Las manos no me sueltan.
Vamos al desierto de los sueños
con dunas arrasadas
donde el viento no tolera formas nuevas.
Los pies se hunden en el medanal
cansados de vigilias en soledad.
Cardenales y horneros nos acompañan
con temor a los ajenos.
Esta pampa nuestra de azahares propios
nos reconoce hijas de su vientre.
Nos abre el corazón con horizontes de caldenes.
II
Caminamos.
Ella con sus versos en la piel
fecunda las manos de poemas.
En mis ojos el asombro
y una prosa que me ahoga.
III
Olga se quedó en el aire
y en el aura del poeta
desde el instante en que partió
como calandria atardecida
hacia el otro lado de la vida.
Prisionera de sus ojos
Busco con disimulo esos ojos suyos
que lucieron desde siempre
el color del tiempo. En la aspereza
del invierno avienen grises, pero abrigan
como el calor de los leños encendidos.
En primavera reflejan los colores
que arrebatan a los tilos y a las flores,
nacidos a la par de los atajos
por los que avanza ansioso hacia mis brazos
para contemplar muy juntos un ocaso.
En la calidez del verano se parecen
a un fresco lago de aguas quietas
que delata perfiles, cuando aplacan
las ternuras que fueron contenidas
por la mirada indiscreta del entorno.
Llegó el instante en que las hojas bajan
o se vuelan, pero la dulzura de sus ojos
sigue embriagando mis sentidos,
y, sin reparos, aunque el tiempo avance,
soy feliz en la prisión de sus pupilas.
Nada se ha perdido
Si lloré cuando las alas
dejaron el nido
hoy me alegro porque quedaron
algunas plumas y muescas
en los rincones que escondían
berrinches de ocasión.
No es tiempo de lamentos todavía,
hay muñecas en el piso
y soldaditos guerreando con los indios,
sobre la alfombra
de los cuartos renovados.
Nada se ha perdido.
Por el contrario,
se han sumado nuevas voces
y otros nidos ofreciendo su calor,
para que el árbol que va perdiendo fuerza
no se deje vencer.
No es tiempo de lamentos todavía.
Nada se ha perdido,
aún quedan plumas
y juguetes en la alfombra de los cuartos
para levantar todos los días. Todos.
Entre cascadas y vertientes
Hoy tuve un sueño placentero que transcurrió entre cascadas
y profusas vertientes que manaban sin cesar.
Colibríes azulinos con alas transparentes
bajaban hasta mis manos, para que los pudiera alcanzar.
Mariposas de seda y arabescos se posaban en los arbustos
y formaban con los verdes un vergel multicolor.
Entre los pinos se colaban murmullos desde el viento
y un pentagrama completo de violines en concierto.
Hasta el sol lo iluminaba mientras yo estaba inerte
y en algunos episodios una sombra se animaba.
Me tomaba entre sus brazos, me acariciaba, me besaba.
Sin sonidos comprendía sus palabras de amor.
Un despertar placentero me hizo recordar
que aun los sueños pueden convertirse en realidad.
Pongo todo mi deseo, mi anhelo y voluntad,
para que ese amor no sea solamente el ideal,
de quien estoy enamorada de verdad.
A mi manera
Desde este lecho recién amanecido
voy cruzando los umbrales de la luz
y siento que anidaste aunque invisible
a la par de mis azules mariposas.
Que habitas en mi fase iluminada
y sufres también mi tiempo umbrío.
A veces me pregunto si todos esos versos,
que embebidos de misterios se soltaron,
partieron de mi afán ensimismado
o si los modelaste tú.
Si los pájaros que nunca más volvieron
a reñirnos con sus cantos tempraneros,
se espantaban por tu sombra o por la mía
cuando la noche ya era la de ayer.
También me deleita la osadía nuestra
de soñar cuando despuntaba el sol
dejando muchas veces sólo ideas
abrigadas en un blanco sin renglón.
Advierto que insinuamos más acá de lo cercano,
y mostramos desnudeces, muy sutiles.
Gocemos la licencia que tenemos
y brindemos, porque somos muchas más que dos.
Respiro al sentir que me sacudes,
que imperiosa estimulas mis enigmas
y celebro que tocaras mi lisura y te quedaras
para animar a mi lírica callada.
Quiero que soñemos cuando ya salió el sol.
Que sigas habitándome aunque invisible.
Que vuelvan los pájaros al alba
y que canten cuando encontremos letras.
Letras, ideas. Idea/esencia. Esa que tú engendras
y que yo transcribo a mi manera.
Alabanza a la razón
Va pasando un río ancho entre mis dedos.
Sobre las piedras del lecho envejecido, motas vidriosas
del ojo seco, lleno de polvo, lleno de sueños.
El viento que ha hecho estragos en las venas
mueve la brújula que entorpece la tristeza.
Más allá de los recuerdos helados, más allá
de las sombras perversas, hay un espacio verde,
calles que brillan cuando humedecen las lluvias
y los remolinos presagian claridades diferentes.
Las llamas vuelven y suben. Despiertan las camelias
enardecidas con el acontecer del fuego.
Los ojos resplandecen, traspasan el filo del invierno.
Viajan por las noches eludiendo al enemigo
que pretende adueñarse de los cuerpos arrugados.
Rescatan a la esperanza prisionera en una cripta
donde mueren los pájaros, donde se queman las alas.
El desaliento, que intenta trasponer las ventanas entornadas,
se queda con las manos vacías. Alabada sea la razón
por la que descienden las estrellas sobre las rocas amargas,
y la luna se refleje en el río ancho que va pasando entre mis dedos.