Con la música a cuestas, expresándola a través de la voz, muchas veces componiendo. El derrotero de Oscar García está marcado por esa inquietud manifiesta de generar sonido y poesía. En sus inicios con la música, fue parte de Los tres del sur, junto a Delfor Sombra y Andrés Díaz, grupo que pasó a llamarse luego Las voces de Huitru Mapu. Posteriormente integró Los Ranquelinos (con Lalo Molina, Pelusa Díaz y Carlos Urquiza), y ese excelente quinteto vocal e instrumental llamado Cantizal (junto a Andrés Díaz, Omar Urreaga, Luis Montoya y Osvaldo Di Pietro), formación que dejó su impronta en el cancionero pampeano, plasmada en los álbumes Cantizal (1985) y El viento va…(1987).
Además de musicalizar y arreglar obras de otros autores, García nunca dejó de componer. Su primer trabajo solista fue La patria del corazón (2007), al año siguiente vio la luz su libro, que llevó el mismo nombre del disco, y en 2015 salió al ruedo con Pulsaciones y calandrias. A finales del 2020 apareció El bardo lejos, Toma mi copla en el 2023, y el año pasado lanzó Vamos andando. En ese proceso creativo permanente, la escritura también ha logrado convocarlo en distintos momentos de su vida. La primera infancia transcurrida en el paraje conocido como Bajo de las palomas, en el campo de su abuelo, el regreso a Santa Rosa, los amigos, el barrio Villa del Busto, donde vive actualmente, todas esas vivencias fueron volcadas en La patria del corazón, aparecido en el 2008.
Inquieto, cumpliendo con esa premisa de comunicar, algo que le nace constantemente, García presentará Divagario, su segundo libro. Será hoy, desde las 20 horas, en Los Pioneros, ubicado en Alsina y Pellegrini. «Cuando escribí La patria del corazón quise contar mi universo. Mi niñez, mi barrio y su gente. Mis amigos poetas, mis compañeros de ruta, mis sueños. Y para mi asombro, ese libro me abrió el camino al corazón de mucha gente. Tuvo una acogida mucho más grande de lo que yo esperaba. Y muchos me lo hicieron saber. Guardo en mi memoria encuentros y llamadas -algunas desde lugares lejanos- donde me han transmitido su emoción y su identificación con las historias de mi barrio. Para mí ya estaba bien. Había cumplido con mi barrio y con mi gente», contó el artista santarroseño, en la charla con El Lobo Estepario.
«Aunque seguí escribiendo cada vez que tuve la necesidad de hacerlo. Sin apuro, sin proyecto. Sin ansiedad. Así se fue armando Divagario. Tal vez escribo porque no lo puedo evitar. Puede ser. Pero, sobre todo, siento que escribo para comunicarme. Y también por intentar dejar escrito un modo de contar que está teñido de oralidad. Como en la rueda de un fogón, esa costumbre a la que asistimos de niños y que vive en la memoria de los hombres y las mujeres desde la época de las cavernas. Lo que podríamos llamar La memoria del fuego. En estos días se está realizando la Feria del libro de Madrid bajo el lema Leer y reír, dos formas de resistir. Esto me responde a algo que yo me preguntaba. También me he preguntado ¿Para quién escribo? Y creo que todos los que decidimos escribir lo hacemos para alguien», añadió.
La escritura, su práctica, logró conectar con sus emociones y seguramente le ha permitido tomar perspectiva con respecto a muchas situaciones, incluso las que no ha vivido. Roa Bastos señaló cierta vez que «escribir es despegar las palabras de uno mismo». García disfruta del proceso, es una fuente de felicidad. «En mi caso creo que escribo para un semejante. Es decir, alguien que sin ser idéntico es parecido, similar, cercano. Como aquellos de la rueda junto al fuego. Como aquellos amigos que la infancia y la música me dio. ¿Qué escribo?. Escribo relatos. Historias sobre la pertenencia y contra el olvido. Vivencias de la música y la amistad. Confieso que los proyectos y los sueños han sido mi pan cotidiano. Por eso en Divagario encontrarán algunos sucesos reales que parecen sueños y algunos sueños que parecen sucesos reales. Y como dice mi amigo Víctor Claudín “la memoria que no se va, porque es la que nos ha hecho, y la conservamos porque es nuestro tesoro.” Compartirla desde un libro, creo, es también una forma de amistad», concluyó.