Un libro: «Mi planta de naranja lima», de José Mauro de Vasconcelos.
«Es un texto que atrapó mis sentimientos. Esta historia me conmovió, narrando la vida de ese niño llamado Zezé, que era muy pobre en cuanto a lo material pero muy rico en su imaginación y en sus sentimientos. Me demuestra lo difícil que es transcurrir la vida siendo tan pequeño y muchas veces sin ser comprendido».
Fragmento: «La casa se fue vistiendo de silencio, como si la muerte tuviese pasos de seda. No hacían ruido. Todo el mundo hablaba en voz baja. Mamá se quedaba casi toda la noche cerca de mí. Pero yo no me olvidaba de él. De sus carcajadas. De su diferente pronunciación. Hasta los gritos de los grillos, allá fuera, imitaban el trac, trac de su barba. No podía dejar de pensar en él. Ahora ya sabía lo que era el dolor. Dolor no de recibir golpes hasta desmayarse. No de cortarse el pie con un pedazo de vidrio y recibir puntos en la farmacia. Dolor era eso que llenaba todo el corazón, con lo que la gente tenía que morirse, sin poder contarle a nadie el secreto. Dolor era lo que me daba esa debilidad en los brazos, en la cabeza, hasta en el deseo de dar vuelta la cabeza en la almohada. Y la cosa empeoraba. Mis huesos estaban saltando de la piel. Llamaron al médico. El doctor Faulhaber vino y me examinó. No tardó mucho en descubrirlo todo.»
Una canción: «Para soñar», de Luis Alberto Spinetta.
«Hay que tener en cuenta que en mi caso, como músico, al escuchar una canción lo primero que me atrapa es la parte musical, la parte armónica, los climas de la canción, los arreglos…A veces hay temas en los que la parte lírica es muy pobre pero muy rico en cuanto a calidad musical. En ese sentido me gusta la lírica de Spinetta y la forma de decir las cosas. El Flaco sin dudas es, para mí, uno de los autores y compositores más completos, creativos y de alto vuelo de habla hispana. Al escuchar sus canciones es como desintoxicarse de toda la porquería que anda dando vueltas. Es como salir del sistema por unos minutos y tal es así que su música nunca se comercializó».
Un disco: «El Polaco por dentro», de Carlos Franzetti.
«Es un disco que me partió la cabeza. Lo grabó el director y arreglador argentino Carlos Franzetti con una orquesta conformada por treinta y cinco músicos, contiene tangos clásicos, como «Volver», pero con bases y un aire muy jazzístico. Y qué decir de la participación vocal, no la podría haber hecho otro tipo más que el genio del fraseo y la interpretación como el «Polaco» Goyeneche».
Una película: «Los coristas», de Christophe Barratier.
«Dos son los films que no me canso de mirarlos: «Cinema Paradiso» y «Los coristas». Si tengo que elegir, me inclino más por «Los coristas», principalmente por la parte musical. El mensaje que me deja esta película es que uno cree que toca el cielo con las manos, puede estar nadando en lo más hondo del infierno y poder levantarse de la nada y lograr algo maravilloso como lo que logra el maestro de música y director coral con los niños que trabaja en ese hogar. También me muestra el poder increíble que tiene la música, lo que logra en los niños, hasta donde nos lleva y hasta donde es capaz de transportarnos».

