Por Iván Wielikosielek (Para El Lobo Estepario)
Director del Centro Filológico de la UNVM, el doctor Alfredo Fraschini publicó años atrás “Lugones. La hora de la palabra”, un ensayo sobre la obra del célebre escritor cordobés. En esta charla, el hombre que hizo de la “Ilíada”, las letras de tango y “Los jardines del crepúsculo” objetos de devoción y estudio, habló a fondo sobre uno de los autores más controvertidos y esenciales de la literatura argentina.
¿Héroe o villano? ¿Intelectual o populista? ¿Comunista o fascista? ¿Nacionalista o europeísta? ¿Escritor original o importador de poéticas extranjeras? Estas son algunas de las preguntas que se hacen muchos intelectuales de nuestro tiempo respecto de la controvertida figura de Leopoldo Lugones. A todas esas preguntas, sólo faltaría agregar “¿K o Anti-K?” para un mayor empobrecimiento espiritual. Pero las posibles respuestas a cada pregunta no es el problema de fondo. O al menos, acaso no lo sería para el propio Lugones. El problema es cómo hacer para reducir a un hombre de la amplitud poética e ideológica del escritor cordobés al empobrecido River-Boca de nuestro siglo. Porque si se pudieran formular todas estas preguntas al autor de “La guerra gaucha” como en un múltiple choice, es muy posible que hubiese puesto una cruz en cada una. O que hubiese dicho “soy todas esas cosas y mucho más”. Sin embargo, tanto la evolución de su poética como sus ideas políticas y su vida sentimental, son un fabuloso desafío para ser estudiados desde los tiempos que corren. Y ese desafío fue aceptado en toda su amplitud por el doctor Alfredo Fraschini, quien escribiera un ensayo rescatando el valor incalculable del oriundo de Villa María del Río Seco: “Lugones. La hora de la palabra” (Editorial Docencia, Buenos Aires, 1988, 88 páginas). Para hablar de ese libro y de la obra de uno de los escritores argentinos ineludibles, es que nos reunimos con el profesor en el Centro Filológico del Campus, que coordina y dirige.
Poética y política de un escritor complejo
-¿Qué elementos de la vida de Lugones lo llevaron a escribir su ensayo, Alfredo?
-Hubo dos cosas que me interesaron de Lugones; primero que nada su calidad poética, y por eso digo “La hora de la palabra”, porque a partir de Lugones la palabra tuvo otro peso en la literatura argentina. Pero también me interesó mucho su idea para un proyecto cultural nacional, esa que esbozó en sus “Estudios Helénicos” y que extrañamente no fueron estudiadas lo suficiente. Lo que no me atrajo fueron sus ideas políticas, pero hasta esas ideas fueron de una fabulosa complejidad y riqueza.
-¿Cómo es esto?
-Es verdad que Lugones redactó el manifiesto que leyó el general Uriburu el 6 de setiembre del ´30 cuando asumió el primer gobierno militar del siglo XX y lo deponen a Yrigoyen. Pero también es muy cierto que un mes después, Uriburu lo llama a Lugones para ofrecerle la dirección de la Biblioteca Nacional y él no aceptó. En cambio Borges, sí aceptó ese cargo de parte de la Revolución Libertadora que derrocó a Perón. Son cosas que no hablan ni bien ni mal de ninguno; pero yo no sé si en el fondo Lugones estaba tan convencido con el derrocamiento de Yrigoyen.
-¿A qué cree que se debió ese coqueteo con los militares?
– A que el “fenómeno Mussolini” atrajo a mucho a los intelectuales, tal vez por la idea de un orden y una disciplina que esos intelectuales no veían en sus países. Cuando en 1924 Lugones dijo “ha llegado la hora de la espada”, muchos lo tomaron como anuncio del golpe del ´30, pero yo pienso que es una exageració arrogarle a esa frase el valor de deseo y de vaticinio. Como será que incluso el título de mi libro me trajo problemas, porque algunos vieron una reivindicación de la espada en mi paráfrasis, cuando era exactamente lo contrario.
-¿Qué lugar ocupa Lugones dentro de la literatura argentina?
-Un lugar de excepción. Lugones se reconocía como amigo y discípulo de Rubén Darío, quien revolucionó la poesía en español devolviéndole la musicalidad, la revalorización de la palabra y las rimas exquisitas. Y Lugones hace lo mismo en nuestro país. Hay una implosión en el propio lenguaje de los argentinos para decirnos a todos “¡miren lo que hay acá adentro, lo que tenemos en nuestro idioma!”
-Hay elementos de la poesía de Darío que parecieran “traducidos al argentino” por Lugones…
-Sí, a eso lo podés ver muy bien en “Los crepúsculos del jardín”, donde hay doce sonetos impresionantes que Lugones titula “Los doce gozos” y en ellos aparece por primera vez en nuestro país la transposición de arte que predicaba Darío en su “Sinfonía en gris mayor”; esa idea de pintar un paisaje con palabras. En “Delectación morosa” dice Lugones: “La tarde con ligera pincelada/ que iluminó la paz de nuestro asilo/ apuntó en su matiz crisobelino/ una sutil decoración morada”. Son todos términos pictóricos y esta estrofa sería muy fácil de ilustrar.
-Sin embargo, Lugones no se va a quedar en el “Modernismo” ni en la vanguardia de la palabra…
-En absoluto. Vos fijáte que “Lunario sentimental”, de 1909, es tal vez el mejor libro de Lugones poéticamente hablando y donde el estilo moderno llega a su cumbre. Pero en 1917 publica “El libro de los paisajes”; y de repente su estilo es irreconocible. Allí, en un capítulo que se llama “Alas”, Lugones describe muchos pájaros del país en un estilo sencillícimo. Un poema dice “La casita del hornero/ tiene sala y tiene alcoba/ y aunque en ella no hay escoba/ limpia está con todo esmero”. Hace tiempo, esos poemas se esudiaban en la escuela primaria.
-¿Y piensa que ese cambio poético tiene que ver con el cambio de sus ideas políticas?
-En cierta forma sí, porque desde sus comienzos, él empieza con una poesía libertaria. O sea que de una ideología más bien revolucionaria pasa por el Modernismo y luego se empieza a despojar de esos oropeles y termina en una poesía llana, serena y con una métrica regular y tradicional. Lo que hoy se diría “un conservador” (risas). Pero a Lugones no le gustaba quedarse en ningún lugar. Y en 1922 le dedica a su mujer “Las horas doradas”, un poemario en su viejo estilo modernista pero absolutamente purificado por ese pasaje por lo tradicional. Así hasta llegar a uno de sus puntos cumbres, los “Romances del río seco”.
-Paradójicamente, los “Romances del río seco” fueron escritos en Buenos Aires recordando su provincia natal en tiempos de oro de Gardel y la poesía urbana ¿Le fue indiferente el tango a Lugones?
-Lugones no entendió el tango. Creo que se quedó, como Borges, con el tango primitivo y bailado. Creo que Lugones siempre pensó en el tango como algo bajo y prostibulario que no tenía posibilidades de evolucionar en lo poético. Tal vez el único punto de contacto entre Lugones y las letras del tango sean los poemas de Evaristo Carriego.
“La Guerra Gaucha” o la composición de “La Ilíada criolla”
-¿Qué me puede decir del Lugones narrador?
-Que abarcó todos los géneros, desde el cuento a la novela y desde el ensayo al informe; y que en muchas de esas obras está muy presente la poesía. “La guerra gaucha”, por ejemplo, aunque es una novela épica, es también un ensayos sobre el poder expresivo de la palabra.
-¿Cómo es esto?
-En “La Guerra Gaucha” Lugones está conociendo a Homero, está traduciendo La Ilíada y la Odisea, está comprendiendo al dedillo cada símil y cada metáfora, y está entendiendo que la unidad de esas obras épicas no está en la continuidad temporal sino en la sucesión atemporal de episodios donde se distingue el héroe. Y lo que está tratando de hacer con la “Guerra Gaucha” es eso, una “Ilíada criolla”. Así como Homero cantó en un lenguaje artificial para que se entendiera en toda Grecia, Lugones también inventa un dialecto épico para escribir su obra plagada de neologismos. En “La guerra gaucha” hay una descripción de un crepúsculo salteño que es una pieza de antología, aunque muy difícil de leer sin un glosario.
-Además de novelista, Lugones fue uno de los primeros cultores del cuento tal como hoy lo conocemos en Argentina…
-Lugones tiene dos libros, “Los cuentos fatales” y “Las fuerzas extrañas”. Y mirá vos la curiosidad. A Lugones le interesaba tanto lo esotérico como lo científico. Conocía astrólogos y ocultistas como también a Einstein, con quien se vio en Europa. En “Las fuerzas extrañas” aparecen como reales cosas que aún estaban en estado embrionario para la ciencia, como el Rayo Láser o el aparato que trasnforma sonidos en colores. Algunos cuentos de “Las fuerzas extrañas” son de literatura fantástica influida por Poe y también por la parte científica, con lo que en cierto modo inaugura la ciencia ficción en argentina. “Los cuentos fatales”, en cambio, son una celebración de Oriente.
-¿Qué piensa de la novela y los ensayos?
-Que su novela es lo más olvidable, pero que algunos de sus ensayos son fabulosas. Hay una obra que demuestra cómo se puede hacer una investigación a fondo utilizando un lenguaje poético magistral, y esa obra es “El Imperio Jesuítico”. Su gran aporte ensayístico, a mi juicio, consiste en su descubrimiento del mundo antiguo y medieval. En cambio, con sus traducciones y sus “Estudios helénicos”, Lugones quiere dar un ejemplo de lo que él llama “un estado ideal de la vida”, un modelo para un pueblo que recién se está desarrollando como el nuestro. En “El payador”, analiza el Martín Fierro desde la épica nacional tratando de unir todos los elementos que vinculan a Homero con José Hernández.
-Leído así, Lugones aparece como un utopista y helenista furioso…
-Sí, pero lo más extraño es que nadie sabe cómo ni dónde aprendió griego. Tal vez lo aprendió solo, leyéndolo en su Villa María del Río Seco. Lugones fue un autodidacta brillante y un escritor incansable, a tal punto que su obra completa tiene 42 tomos de unas 300 páginas cada uno. Hace poco, incluso, se anexaron 10 tomos más de textos y notas inéditas.
Crónica de un amor prohibido y un suicidio no anunciado
-Y entonces, inexplicablemente, Lugones se mata…
-Sí. Es curioso destacar que en ese tiempo, en menos de un año, se suicidaron tres grandes escritores argentinos: Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Alfonsina Storni. La pregunta es ¿qué fue lo que lo llevó a la muerte?
-¿Y qué dice usted?
-Muchos piensan que fue la política, el ver que lo que defendió se había convertido en una dictadura horrorosa y que su propio hijo era parte de la represión. Pero otros dicen que fue el amor. Porque Lugones también tuvo la suerte o la desgracia de enamorarse de una chica jovencita cuando él ya era un hombre maduro: Emilia Cadelago. Cuando descubrió el amorío, su hijo lo amenazó con meterlo en un hospital psiquiátrico declarándolo insano si no dejaba a la chica. Pero su muerte sigue siendo un misterio.
-¿Hay un interés en Lugones de parte de las nuevas generaciones?
-Es todo un problema. En las cátedras de literatura argentina es inevitable hablar de Lugones. Y la lectura política, que lamentablemente es la que prevalece, nos lo tira abajo porque habla de Lugones como un golpista y fascista de los años ´30, un tipo antipopular que descree de la democracia y del voto. Hoy hay muchos profesores que tratan de evitar a Lugones porque tendrían que hablar mal de él y de su poesía. Y hablar mal de Lugones como poeta es un disparate.
-Borges es, sin dudas, el escritor argentino más reconocido en el país y el exterior, y siempre se dijo deudor de Lugones…
-Si hubo un escritor para el que fue fundamental Lugones, ese fue Borges. No sólo por la aventura del lenguaje y la exploración a fondo de la palabra, sino también por muchos temas poéticos, como los payadores, Evaristo Carriego o el Martín Fierro. Pero también por haber concebido el cuento como formato de infinitas posibilidades. Borges dice que “hay un antes y un después de Lugones”. Y cuando escribe el prólogo de “El Hacedor”, demuestra de manera conmovedora toda su admiración y deuda al poeta cordobés.