«El arte invita a seguir soñando siempre»

El pulso cultural de Quemú Quemú tiene en Graciela Chela Garayo a una ferviente y entusiasta exponente. Desde hace un buen tiempo, viene motorizando diferentes expresiones artísticas, involucrándose es escenas vitales que tienen que ver con la identidad colectiva de un pueblo. En cada uno de los espacios que supo construir, ha logrado fortalecer el sentido de pertenencia, ese sentir compartido, como una forma de entender la existencia.

El teatro, la narrativa, la pintura, engloban algunas de las manifestaciones emocionales de una mujer que fomenta la interacción social y el fortalecimiento solidario, impulsando iniciativas que entienden la creación artística no solo como algo que se observa, sino como algo que se vive, se toca y se comparte.

Garayo, de 59 años, nació en Quemú Quemú, pero toda su infancia la transcurrió en Villa Mirasol -«guardo los mejores recuerdos, cursé la primaria en la Escuela 67-«, continuando sus estudios en Colonia Barón y General Pico. «Comencé magisterio, pero no pude concluir, no era mi vocación. Siempre quise ser periodista», señaló quien es madre de Félix, Camila y Aída.

Desde pequeña encontró motivaciones -«mi abuelo tenía una gran biblioteca, leíamos a García Lorca, Wilde, me crié leyendo a distintos escritores. Y luego mi padre nunca mezquinó comprarnos libros»-, constituyendo un alimento vital para satisfacer esa necesidad de adquirir conocimiento, de descubrir otros mundos. «Siempre me gustó todo lo relacionado al arte, y en un momento, me decidí a aprender. Hice infinidad de cursos donde las manos eran el instrumento hasta que en el 2006, después de una situación que me afectó emocionalmente, me incliné hacia la pintura».

Los primeros pasos los dio con Ana María Valiente -«una gran profesora que me enseñó todas las técnicas», destacando que «me encanta pintar, es un momento de soledad donde se produce una conexión con mi interior y lo plasmo en una tela. Es un reflejo del alma. Me recibí de Profesora de dibujo, pintura y pintura decorativa en el Instituto de Liliana Rodríguez. Hace 20 años que pinto, me gusta mucho el arte abstracto. Admiro a Klimt, y entre las personas que me han inspirado, se encuentra Uschi Demaría, una gran artista que tiene un vínculo especial con Quemú Quemú».

Su vinculación con el teatro se produjo en el 2012, en ocasión de un curso dictado por Alejandro Arias y promovido desde el ámbito municipal. «En ese momento se armó un grupo muy lindo, y personalmente no me detuve. Agradezco a los grandes maestros que tuve, quienes más allá de enseñarme la técnica, me inyectaron dosis de pasión y entusiasmo. Tuve la suerte de perfeccionarme con Gustavo Garzón, Alejandro Fiore, Diego Rinaldi. En los primeros años actuaba, y después empecé a escribir y enseñar», señaló.

Garayo dirige talleres municipales de teatro desde hace una década, y también brinda clases de arte. «Tengo tres grupos de niños y adolescentes con diferentes niveles, asisten 54 chicos y todos participan en distintos eventos, entre ellos, el que se realiza en el aniversario de Quemú. A su vez, dirijo e integro el grupo de teatro para adultos. Junto a Carlos García, un gran actor, por estos días retomamos Una noche con Sandro, la comedia de Pedro Gundesen, y la idea es andar de gira con la obra».

«Durante la pandemia hice recreaciones o adaptaciones de cuentos infantiles. Empecé a estudiar Dramaturgia teatral con Leandro Airaldo, me indicó dónde tenía que mejorar y hacia dónde apuntar. Tengo escritas varias obras infantiles como Blancanieves y un montón de enanos, El fantasma de Quemuville, Ramón y Julieta, La bella durmiente, y después me animé a escribir obras para adultos. La primera fue La mala cura, se presentó varias veces en General Pico, Santa Rosa, y en otras localidades del interior. Con esa pieza, el grupo quemuense se presentó a competir por primera vez en la Fiesta Provincial del Teatro, recibiendo muy buenos comentarios», destacó Garayo, en otro tramo de la entrevista con El Lobo Estepario.

«Tengo varias obras escritas, en varios géneros, que todavía no se estrenaron, por ejemplo, Perfume de jazmín, Día de locos…Y también escribo cuentos y relatos, narrando historias de mis lugares que me inspiran. Uno de ellos, El último arriero, recibió una mención de la Editorial Letras Negras, de Colombia. También recibieron distinciones El buque, que apareció en el libro 40 años de la Guerra de Malvinas – La Patagonia cuenta, y La dama de negro, cuento seleccionado para la antología Ellas y la tierra, concurso organizado por la Sociedad Rural de General Pico. Uno de mis deseos es editar un libro, tengo más de 150 cuentos», cerró.

El último arriero

¡Soy arriero! Dijo con voz fuerte y segura; oficio que heredé de mi padre Juan, agregó. Su figura plantada frente a mis ojos, paisano de gran estampa; él respondía a cada una de mis preguntas y yo no podía más que imaginar con detalle cada una de sus historias tan bien contadas. Sus pequeños ojos inquietos brillaban bajo de sus tupidas cejas negras cada vez que una anécdota lo remontaba a sus años mozos. Su rostro ya surcado por los años, su gran y continua sonrisa se dejaba ver debajo de un gran bigote, de vez en cuando dejaba escapar una gran carcajada sonora y contagiosa. Empezó contando que muy pequeño y en un acto escolar lo habían apodado Hilarión, de ahí en más nadie se acuerda que soy Ernesto Andreoli dijo entre risas; y sin más preguntas siguió con el relato. Con escasos doce años la vida me llevó a trabajar, tuve la suerte que mi padre fue mi guía en la vida y en el trabajo. “Soy el último resero de Quemú” dijo y la emoción se apoderó de él, la voz entre cortada y sus grandes manos entrelazadas, apretadas, tratando de contener el llanto, y alguna que otra lágrima contenida en su mirada; yo permanecía inmóvil escuchándolo, no quería perder detalle de esa historia de vida tan intensa e inspiradora para muchos. ¡Y sí! En esa época vivíamos más en la calle o sobre el lomo de algún matungo que en casa… nuestra casa era la calle, solíamos llevar tropa kilómetros y kilómetros, con frío, calor, viento y no era cuestión de unas pocas horas; nooo, eran días y días tirados en cualquier lado… y sigue contando; solíamos hacer fuego a la orilla del camino con algunos palos y ramas que encontrábamos por ahí, refugiarnos debajo de algún caldén viejo y ahí yerbear tranquilos, armar un par de cigarrillos y si con suerte la hacienda estaba tranquila dormitar un rato recostados sobre algún tronco caído. Es un trabajo solitario, donde el carpintero te funciona más de lo debido dijo. Era un gusto oírlo hablar con tanta simpleza y amor de su profesión, repasó su vida con tanta claridad en tan poco tiempo, recordó cuando aprendió a tirar el lazo, su arreo a caballo con una gran tropilla, tarea que le habían encomendado apenas ingresó al servicio militar, contó también la pelea que tuvo con aquel mancarrón que lo tiró contra el alambre y concluyó contando que lo domó con mano dura y habilidad que le habían dado sus años de arriero. También contó sus travesías con amigos en cabalgatas y viajes, recordó a cada uno de sus hermanos siempre con una sonrisa y disfrutando de lo vivido, mencionó a compañeros que ya no están reviviendo momentos imborrables en su corazón. Su orgullo se hizo presente cuando recordó cada vez que portaba la bandera de ceremonias o el estandarte en cada desfile y haciendo una pausa en el relato extendió sus manos, acarició el escritorio y contó que ese día antes de asistir a la entrevista había llorado de emoción cuando sostuvo entre sus manos la placa que le habían entregado donde se leía “al último resero”; volvió a acariciar el escritorio, yo imagine que en su memoria repetía esa acción que horas antes viviera. Así transcurrió la charla entre risas y alguna que otra lágrima. Se despidió no sin antes prometer regresar con alguna anécdota que en el apuro se le había “escapado”. Partió y en su porte, en su vestir gauchesco, en su paso tranquilo, vi reflejada gran parte de nuestra historia. “Hombres de a caballo que hicieron grande nuestra patria”. Largos días de lucha y trabajo, de amaneceres luminosos y rojizos atardeceres los habrán encontrado recostados bajo un árbol imaginando la vuelta a casa, ellos podrían contar las estrellas en medio de la noche, o tiritar bajo la lluvia sin más abrigo que su poncho encerado que seguramente también había sido testigo de alguna lágrima recordando a un amor que lo esperaba, y su caballo su fiel compañero, al que le confió sus más grandes secretos cuando la soledad los invadía. Honremos a nuestros grandes arrieros, a los últimos exponentes del oficio que inmortalizara a Segundo Sombra, arrieros, reseros, hombres de campo, hombres con amor a su tierra, hombres que levantan la bandera de mi patria con orgullo, hombres orgullosos de su oficio, hombres que se fueron perdiendo tras la polvareda de los camiones a la orilla de algún camino. ¡Soy el último resero de Quemú! Dijo Don Ernesto “Hilarión” Andreoli.

¿Qué le hubiese gustado ser?

Periodista.

¿Un lugar para vivir en el mundo?

El lugar donde vivo.

¿Qué desea para su vejez?

Estar acompañada de mis seres queridos.

¿En qué tarea no se siente inteligente?

Utilizando dispositivos móviles.

¿Cuál fue el momento más feliz de su vida?

Cuando nacieron mis hijos.

¿Su primer trabajo?

Ayudante de farmacia.

¿Cuál es el buen cine?

El que me atrapa y me emociona.

¿El último libro que leyó?

La cabeza contra el suelo (Memorias de Paco Jamandreu).

¿El mejor libro que leyó?

El beso, de Elizabeth Hickey.

¿Mira T.V?

Miro, pero poco.

¿Quién influyó en su camino?

Mi papá. Aunque solíamos discutir mucho, creo que su carácter, decisión, su honestidad, su compromiso con la sociedad, son cualidades que me marcaron. Confieso que ante algunas situaciones pienso cómo las resolvería él antes de tomar una decisión. Sin dudas es uno de mis referentes.

¿Qué hito de la historia mundial le hubiese gustado vivir personalmente?

La Revolución de Mayo.,

¿Cuál fue la vez que más lloró?

Cuando perdí a dos personas muy queridas con diferencia de pocos días.

¿Cuál es su mayor miedo y cómo lo enfrenta?

Que algún familiar querido sufra una enfermedad incurable. Lo enfrento tratando de no pensar en eso.

¿El mejor político en la historia de su país?

Raúl Alfonsín. El padre de la democracia. También guardo un gran afecto y admiración por Hipólito Yrigoyen. Fue amigo personal de mi abuelo y quién le indicó La Pampa para instalarse. A su criterio, un territorio con futuro.

¿La mejor persona que haya conocido?

Las mejores personas que conocí fueron los abuelos paternos de mis hijos. Siempre fui una hija más para ellos.

¿Extraña algo de su niñez?

Villa Mirasol, el lugar donde me crié. La casa de mi abuelo, las fiestas navideñas en familia.

¿Qué profesión u oficio nunca ejercería?

Dentista.

¿Un personaje nefasto de la historia?

Adolf Hitler.

¿Le preocupa la muerte?

No. Todos nacemos para morir.

¿El arte salva?

Salva y cura en todas las formas posibles que una persona pueda imaginar. Plasmar en una tela, en un escrito o sobre un escenario, sentimientos guardados, es algo que libera. Ayuda a ver desde otra perspectiva, revive tu niño interior, e invita a seguir soñando siempre. Sí, el arte cura de mil maneras.

¿Qué opina del aborto?

Estoy a favor de la vida, pero respeto las decisiones de cada persona.

¿Qué le gustaría saber del futuro?

Si la gente cambiará su forma de pensar. Si la solidaridad, el buen trato, la paz y la justicia serán los pilares de un mundo nuevo.

¿A quién no dejaría entrar a su casa?

A las personas que lastimaron a mis hijos o a mi.

¿Donaría sus órganos?

Sí.

¿Recuerda su primera maestra?

Sí. Lidia Estrada, mi maestra de Jardín de infantes. Ella vio condiciones en mí, y así fue que comencé Primer grado un año antes.

¿Qué opina de la religión?

Soy católica, y muy creyente. Devota de la Virgen de la Medalla Milagrosa.

¿Una película?

Titanic, de James Cameron.

¿Un héroe de ficción?

La Mujer Maravilla.

¿Su héroe de la vida real?

Mi abuelo. Con apenas 16 años, vino solo desde España. Trabajó, estudió, se recibió de boticario y se instaló en La Pampa, donde creó una gran casa de comercio de ramos generales, ayudando a mucha gente y trabajando sin descanso por el pueblo que lo cobijó.

¿Un disco?

Romance, de Luis Miguel.

¿Qué género de música escucha?

Romántica.

¿Su compositor, intérprete o grupo favorito?

Luis Miguel.

¿Un dramaturgo?

Leandro Airaldo.

¿Una obra de teatro?

Juana, la reina que no quiso reinar, de Jesús Carazo.

¿Cuál es la persona que más le gustaría ver en estos momentos?

A mis padres y a mi tía. Los extraño muchísimo.

¿Cuál es su idea de la felicidad?

Disfrutar cada momento junto a la gente que quiero.

Si fuera un animal ¿cuál sería?

Colibrí.

¿Qué es lo que más valora en sus amigos?

La lealtad y el compañerismo. Tengo grandes amigos.

¿Qué hábito ajeno no soporta?

La mentira y la impuntualidad.

¿Qué siente nos dejó la pandemia?

Una gran tristeza.

¿A quién le gustaría parecerse intelectualmente?

Alfonsina Storni.

¿Tiene un lema?

Hoy es un día perfecto, el más perfecto de los días perfectos. Lo repito tres veces cada mañana al despertarme.

¿Le niega o le negó el saludo a alguien?

Sí. Soy rencorosa con la gente que lastimó a mi familia o a mí.

¿Qué cualidad aprecia más en una persona?

La honestidad.

¿Qué le gustaría saber ante todo?

Que mis hijos y mis nietos van a ser felices siempre.

¿Qué instrumento musical le gustaría tocar?

El piano.

¿Su peor defecto?

Soy rencorosa, y como tengo buena memoria, no perdono fácilmente.

¿Qué le gusta regalar?

De todo, según para quien sea el regalo.

¿Su color favorito?

Azul.

¿La flor que más le gusta?

Magnolia.

¿Qué piensa del periodismo en general?

Cómo en todos los rubros hay muy buenos, mediocres y malos periodistas.

¿Su artista favorito?

Norma Aleandro.

Se incendia su casa, sólo puede llevarse una cosa, ¿cuál?

La caja que contiene las fotos familiares.

Si pudiera viajar a su infancia y darle un consejo a tu yo pequeño, ¿qué le diría?

Gracias por enseñarme a soñar.

¿Una canción?

El amor desolado, de José Dicenta Sánchez y Alberto Cortez.

¿Una obra de arte?

El beso, de Gustav Klimt.

¿Cuál lugar de la casa es el mejor para leer?

El dormitorio.

¿Sus autores favoritos en prosa?

No tengo ninguno favorito. Leo de todo .

¿Sus poetas?

Idem.

¿Si fuese presidente, qué es lo primero que haría?

Cuidaría de los chicos y abuelos, dándoles toda clase de beneficios. Los chicos son la base de muestra sociedad y los abuelos merecen ser respetados y cuidados. Han dejado su vida por nuestra tierra.

¿Si fuese Dios, qué es lo primero que haría?

Haría que la paz reinara en todo el mundo, terminaría con las guerras y la miseria.

¿Cuál fue la persona que más la ayudó?

Muchas me ayudaron, pero quiero mencionar a dos muy especiales. Una de ellas, mi tía Josefa Lombardía, a la cual extraño muchísimo. Y tengo la dicha de tener a mi lado a mi segunda mamá, como le digo cariñosamente a Nelly Rodríguez, quien desde que llegué a Quemú ha sido más que mi vecina. Ha sido mi madre, mi amiga, mi confidente, abuela de mis hijos y mis nietos. Realmente me siento dichosa y afortunada de contar con personas que me quieren y me han querido tanto.

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Autor

Raúl Bertone