Una poesía de Dardo Cuellar
El viento no para.
Las espinas del camino dejan su aguijón.
Y el humo de la vela jamás se movió.
Su voz nunca se volverá a oír,
se hizo lágrima, luego sollozo.
Y ahora, soledad.
Efímero es tu nombre.
Palabra que oí.
Ahora recuerdo
que naufraga en océanos de emociones,
moviendo sus brazos en desesperación,
que nadie sostiene.
Ni contiene, más que su propia respiración.
La vida,
es una decisión delirante de no saber
qué hay más allá del día.
Una fiesta,
risas y canticos,
que se vive como si fuera para siempre.
Aunque los gorriones nunca dicen cuando se van.
Y debajo de su piel,
se llevan todos los soles que supieron mirar.
¿A dónde van?
Por qué el frio del camino sigue buscando tu nombre.
Fotografía: Federico Lederhos