Necesito un lugar al cual llamar hogar. El tiempo, me marcó un dolor en el costado de mi costilla. ¡EVA! ¡Déjame ir al Eden! La culpa, ya comió tres de mis costillas. Es que me cerraron la puerta, otra vez. El tiempo, marco, un ahora que hace que diga “Preferiría no hacerlo” a las personas que pasan y son parte de mi destino. Solo les pido hagan un paso al costado que quiero quedarme ciego con el amor al destino, al fin necesito tiempo para estar.
Un día me puse a buscar en un viejo cuaderno, que llevaba, en el reverso “Cosas que pienso”. Con la misión de dejar todo aquello que me atara al tiempo. Pero me di cuenta de que estaba dentro de él. El destino, me espera como un gran sol, que se adelanta a lo que puedo sentir. ¿El amor? Se fue a buscar amigos para estar. Es obvio, que nada está dado. El amor y el tiempo están existiendo. Yo busque mi destino una vez aquí. ¡No me quiero detener! Y menos al costado de toda esta masa de gente, que no sabe muy bien por qué siguen.
Ya encontré la brisa del viento que lleva todo aquello que conservo ¿Un tesoro? Nadie lo descubrió, ni mucho menos obtuvo un gran valor. Pero seguiré. Camino en búsqueda de esto que tengo debajo de la piel. Se acerca a mí. Me ciega en un tiempo, en mi cara, camino sin saber si estoy cerca de él. ¡Déjame ir al Eden! ¡Quiero estar junto a ellos! Aunque sea una vez. No pido mucho esta vez. Ya di tres costillas ¿Cuántas quieres en realidad?
Se filtró sobre mi piel y no pude evitar el tema fundamental de la existencia. Es olvidar que uno existe. Dejarse tomar con lo que uno tiene. Ser varios, no uno solo. Sonreír. Temer a la luz, alejarse de las personas sin saber cuándo fue el momento exacto que sucedió. Caer tantas veces, desdibujar, que no se vean las costuras. Por eso. Sé cuál es mi destino. Te doy todo lo que soy por él. Y que mi castigo sea: Escribir una sola línea donde me sienta conforme. Y rápidamente escribir otra. Luego de que pasen unos años corregirlo todo.
Por Renzo Burgos