El 10 de enero de 1911 el diario Le Figaro, de París, lanza al público: “Lo que bailaremos este invierno será una danza argentina, el tango argentino”. (…) Es graciosa, ondulante y variada…”. Bajo el título “Tangue”, “Tango”, la revista porteña PBT publica una nota pocos días después, donde resalta: «en París bailan el tango. ¿Dónde? En los salones más aristocráticos. ¿Quién o quiénes? Las señoras más distinguidas y los caballeros más elegantes». La prensa describiendo el furor del tango en la capital francesa a comienzos del siglo XX, un fenómeno que logró consolidarse hasta nuestros días.
Antonela Alfonso nació en Salliqueló, y cuando adolescente, comenzó vivir en General Pico. La música fue como un cascabel que con el transcurrir del tiempo se hacía escuchar cada vez con más fuerza. Con su talento innato, y un aprendizaje que no se detuvo en ese camino elegido, pasó a posicionarse como una de las importantes voces femeninas en La Pampa. Su particular estilo, cobijando el repertorio folclórico, se hizo sentir en escenarios emblemáticos como Cosquín, Jesús María o Baradero, hasta que en el 2014 presentó su primer disco. Enseguida, el tango retumbó fuerte en su corazón. Y terminó por conquistarla.
En abril de 2016, Antonela se instaló en Buenos Aires, junto a su hija Dafne. Decidida a seguir cultivando la pasión por la música. Y por el tango, esa fusión de sonidos y movimientos. Una década después, el presente la encuentra en París, junto a esa música donde retumba la sensibilidad, la melancolía, la algarabía, la emoción de lo que fue, de lo que pudo haber sido, o de lo que es, de lo que no es, o de lo que será. «Hace ya diez años dejé La Pampa para irme a Buenos Aires con un sueño muy claro: dedicar mi vida a la música. Después de muchísimo trabajo, formación, escenarios y años construyendo mi camino dentro del tango y la música popular, hoy me encuentro viviendo una experiencia que todavía me emociona profundamente: formo parte de la obra ¡Tango! en el histórico Théâtre Montparnasse de París», contó la artista, durante una charla con El Lobo Estepario.
La estructura actual del Teatro Montparnasse (en francés Théâtre Montparnasse) fue construida en 1886 en un sitio dedicado al teatro desde 1817. Situado en la animada rue de la Gaîté, ofrece varios espectáculos a la semana, y desde el 12 de mayo, día de su estreno, el espectáculo que cuenta con la participación de Antonela como cantante, ocupa un espacio destacado en la cartelera. El libreto, la puesta en escena y las luces llevan la firma de Marcial Di Fonzo Bo, mientras la dirección musical pertenece a Patricio Bonfiglio, y la coreografía, a Mauro Caiazza. La última presentación será el 12 de julio.

«Comenzamos con los ensayos el 25 de abril, eran ocho horas diarias con un franco semanal. La propuesta propone un viaje artístico entre Buenos Aires y París a través de la música, la danza y textos de grandes autores vinculados al universo tanguero como Julio Cortázar y Horacio Ferrer, y la música de Piazzolla o Pugliese, entre otros. La obra reúne músicos, bailarines y artistas argentinos y franceses. Llevamos más de siete semanas de funciones y viene teniendo muy buenas críticas, con una gran recepción del público parisino, que mantiene intacto su amor por el tango argentino. Estamos con funciones de martes a domingos», reseñó Alfonso.
El tango es un palpitar, es la vida que toma forma en ese sentir, y está abierto al desconcierto de ese concierto de instantes. «En Buenos Aires trabajo en distintas casas de tango y espacios culturales. Hasta mi llegada a París estábamos con un ciclo todos los viernes, y otro de folclore todos los miércoles, en la Casa de la Cultura, en Avenida de Mayo 575, junto a un cuerpo de músicos y bailarines, compartiendo cada semana nuestra música popular con entrada libre y gratuita. Paralelamente continúo desarrollando mis proyectos musicales. El más especial para mí es AH! Tango Dúo, junto a mi compañero pianista Hugo Hoffmann, con quien recientemente lanzamos el disco Te extraño, disponible en todas las plataformas digitales. Y hace muy poco, luego de haber compartido variados escenarios del mundo con orquestas como Tango Bardo y Romántica Milonguera, nació Tango Rouge. Con este nuevo proyecto debutamos antes de viajar a París, presentándonos en el Obelisco y en distintas milongas porteñas», agregó.
Alfonso no deja de proyectar, y a través de sus palabras expone esa búsqueda constante de nuevas sensaciones. «Al regresar a Buenos Aires vamos a seguir produciendo, grabando y llevando Tango Rouge a nuevos escenarios. Este es mi cuarto año de gira europea, pero esta vez es muy diferente ya que hago base en un mismo lugar, yendo a trabajar al teatro una vez al día y nada menos que en una ciudad tan mágica y hermosa como París. Antes de venir a Francia tuve además una experiencia muy especial y profundamente emotiva, como fue cantar junto a la Orquesta Sinfónica de General Pico en un homenaje a Piazzolla. Fue uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón, no solo por la magnitud artística, sino también por lo que significó volver a compartir música con mi gente y en mi tierra».
En el final de la charla, la artista mencionó a quienes fueron y son parte fundamental en su desarrollo y crecimiento, desde el mismo nacimiento de su derrotero musical. «Estoy muy agradecida con la vida, la música y todas las personas que me quieren y bancan desde siempre. A mi padre que me acompaña siempre álmicamente, a mi madre que siempre me apoyó y mostró el mejor camino, a mis hermanos y sobrinos que los amo, y al amor más hermoso y más grande de mi vida, mi todo, mi hija Dafne. Además de los amigos, colegas y conocidos que de alguna manera u otra siempre están para uno, y es recíproco», cerró.