Anoche, en una ciudad donde los escenarios suelen estar monopolizados por la bailanta y la música tropical, cuatro bandas locales se adueñaron de la escena para demostrar que el rock sigue vivo y que la verdadera cultura resiste.
En General Pico, conseguir un espacio para el rock se volvió casi una hazaña. En un circuito cultural donde prácticamente todo converge hacia el ritmo tropical y la bailanta, las distorsiones, los parches y las guitarras eléctricas venían pidiendo cancha a gritos. Anoche, por suerte y finalmente, esa espera terminó.
El escenario de El Viejo Galpón fue el epicentro de la nueva edición de “Rock en el Galpón”, en el marco del ciclo Ateneo Cultural. Una fecha que funcionó como un auténtico oasis para la escena local, lograda gracias a la iniciativa conjunta de la Municipalidad de General Pico, el sector privado y el apoyo técnico de empresas locales.
Desde las 21:30, la velada se transformó en un manifiesto de identidad y talento autóctono. Cuatro agrupaciones piquenses tomaron el control del escenario para traer verdadera cultura a la ciudad:
- Muerto el perro
- Tres en Clave
- Quimerika
- Bandidos Urbanos
La respuesta del público confirmó lo que se sospechaba: la necesidad de estos espacios era real. Además del impacto cultural, la fecha tuvo un fin solidario y colectivo, ya que todo lo recaudado durante la noche fue destinado a MIPA (Músicos Independientes Piquenses Asociados), fortaleciendo la red de los propios artistas que la pelean desde abajo.
Lo que pasó anoche no fue solo una fecha más en la agenda de eventos. Fue la demostración de que cuando se abren los canales adecuados para los hacedores culturales de la ciudad, el rock responde, el público acompaña y la cultura local se vuelve más diversa y rica.



