Los juegos de los mapuches y la lucha de las mujeres

La escritora e investigadora neuquina Elda Durán (ahora radicada en Río Cuarto), llegará esta noche a nuestra ciudad para ofrecer el viernes a partir de las20 hs. en la Casa de los Escritores (Av San Martín y 19) la charla “Mujeres en el tiempo”, un recorrido por la lucha de las mujeres en pos de sus derechos, y viajará desde el matriarcado hasta nuestros días, incluyendo en el camino los siguientes temas: al patriarcado, siglo XIX, Ley Avellaneda de inmigración, surgimiento de la Escuela Normal, luchas por derecho al voto, a la educación, a las ciencias, a la participación pública, Cecilia Grierson , Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Eva Perón y otras mujeres contemporáneas que marcaron hitos en las ciencias y las artes, la lucha de las mujeres de pueblos originarios doblemente discriminadas, por mujeres y por indígenas, talfueron los casos de Eleonora Cayulef, Liliana Ancalao, Luisa Calcumil o Beatriz Pichi Malén. Además se prevé la proyección del documental Comunidad de la Sagrada Coca (grupo de protesta de mujeres bolivianas). La actividad para el sábado, a la misma hora y lugar, en tanto, contempla la presentación de su libro “Amuyú Kudehue, juegos para seguir jugando”, una recopilación de juegos del pueblo mapuche, lo cual resulta de especial interés para docentes, profesores de educación física y público en general.
Elda Durán, Licenciada en Ciencias de la Educación, es nacida en Las Lajas, muy cerca de la comunidad La Huitrera, y compartió su infancia con los mapuches, huella que marcaría a fuego todos sus días por venir y pueblo al cual posteriormente Elda le dedicaría importantes y lúdicas investigaciones como la que se presentará justamente durante el próximo fin de semana.
Respecto de su libro, le contó a El Lobo Estepario antes de viajar hacia General Pico que “nació en mis tierras neuquinas de Las Coloradas, con las historias que me contaba el Parrita, un indiecito mapuche y mi amigo del alma”, lo que evidentemente representó un hecho trascendental en su vida. “Amuyú Kudehue” fue editado por primera vez en el 95, por el Fondo Editorial de la Municipalidad de Río Cuarto, y en el 2010 “me lo piden en Chubut porque les interesó el material para editar, entonces lo corrijo, lo amplío, fundamento y Rithner me lo prologa, lo que es un lujo para mí”, agrega Durán en referencia a la edición de la Dirección de Patrimonio que se presentó por primera vez en la Feria de Gaiman, una colonia galesa, en soporte virtual, en de marzo 2013. Pero en septiembre de ese mismo año ya estaba disponible la edición en papel, la cual fue presenta en el Eisteddfod de Gaiman, “una celebración galesa de las flores y la poesía en la que fui jurado y le dieron un espacio a la Secretaría de Cultura de Chubut para que lo presentara y entregara”, añade la escritora siempre en referencia al “Amuyú Kudehue, juegos para seguir jugando”. Dicho libro fue declarado de interés para la bibliografía educativa de la provincia de Córdoba primero, y recientemente del Chubut. Su recorrido comienza a ampliarse y crecer, y ya cuenta con presentaciones en la Feria del Libro de Río Cuarto en octubre pasado, en la Feria de Villa Rumipal en setiembre último, y recientemente fue presentado en la Feria de Gral. Roca, Río Negro.

Juan Raúl Rithner, a quien hacía referencia más arriba Elda Durán, es un profesor universitario e investigador de la Universidad Nacional del Comahue y escritor. Como cuentista para niños y adultos, autor teatral y novelista, ha obtenido más de veinte premios a nivel regional y nacional y ha estrenado dieciséis obras teatrales, tres de las cuales obtuvieron el Primer Premio Nacional de Argentores. Esta figura de las letras patagónicas (nació en Buenos Aires pero desde 1970 radica en General Roca, Río Negro) prologó el “Amuyú…”, y lo adjuntamos a continuación, gentileza de la propia Durán.

Doble llave para alargar la memoria

Hace poco más de diez años, recibí una versión anterior de este “Amuyú Kudehue” de Elda Durán: un chaparrón fresco que cae sobre quien hace horas transita el desierto; un chaparrón fresco, literalmente, en el alma y la mente. Colaboraba entonces con una asociación del querido pueblo-barrio J. J. Gómez, en el centro del Alto Valle rionegrino, en derredor de la revitalización de los juegos nativos, sus reglas, sus soportes físicos, las rutinas de la vida cotidiana de los antiguos de esa localidad y el peso tanto de sus características socioeconómicas como de sus valores en el universo de lo lúdico.
En forma paralela, abordaba la cuestión desde lo meramente racional a través de la lectura de reconocidos autores con el propósito de insertar el tema en una de mis cátedras de Comunicación Social. Leer a Félix Coluccio y sus relaciones con el contexto y la normativa de los juegos, leer a Winnicott y sus vinculaciones con la educación y el desarrollo humano, leer al uruguayo Dinello (¡qué placer!) y luego la inteligente compilación de Graciela Scheines… En esos caminos andaba, lo racional al frente y encabezando el desfile, cuando recibo “Amuyú….” y lo empiezo a navegar inicialmente más seducido por las bellas y certeras ilustraciones de Mariano Ferreyra que por el texto de una tal Elda Durán. “¿Investigadora de Río Cuarto hablando de nuestros mapuche del sur?” me pregunté, petrificado de prejuicios y sospechas.
Mi tiempo de “darme cuenta” se había iniciado; fue entonces cuando comprendí que los mapuche no han sido sino que son y están en pie y en floreciente recuperación de su identidad, su lengua y su cultura. También, y gracias a Elda Durán y a su “Encantos y Espantos de la Trapalanda” (otra maravilla coescrita con Susana Dillon editada por la Universidad Nacional de Río Cuarto), comprendí no sólo del derecho sino también de la capacidad como investigadora de la autora, atributos que la respaldaban a hablar de la cosmovisión cultural mapuche y que se sumaban a su conocimiento vivencial del tema ya que los ranqueles son una nación originaria que forma parte de la cultura mapuche. Al producirse en el siglo XIX una fuerte corriente de expansión, llegaron hasta el sur de La Pampa y el sur de Córdoba donde se llamaron ranculche (o rankülche o ragkülche: rankül – caña o carrizo -, che – hombre, gente – en mapudungun; es decir «gente de las cañas o de los carrizales») para reconocerse y diferenciarse de las otras comunidades de su nación (pehuenche, picunche, huiliche, etc.); la denominación posterior de ranquel fue la «castellanización» de su autodenominación original. Carripilum, Yanquetruz, Painé, Pichón Huala, Mariano Rosas, Manuel Baigorrita, Epumer y Ramón Cabral (Nahuel, el platero) fueron algunos de sus líderes con mayor incidencia en la Argentina que va desde 1820 a 1890.
Volví a leer aquel “Amuyú Kudehue” pero ahora siguiendo el ritmo que la autora propone, comprometiendo la emoción y el cuerpo como vías hacia la razón (¿o como socios de ella?). Por eso, ante esta nueva y bienvenida edición, puedo afirmar que estos textos de Elda Durán son una doble llave. Doble llave útil para los más jóvenes que podrán – desde ellos, y compartiendo los contenidos – hacer restallar en sus familias la memoria almacenada (y muchas veces, adormecida por tanto forzosos silenciamientos). Doble llave útil tanto para ellos como para facilitarnos – a todos aquellos a los que no nos corre sangre india por las venas – el camino a la comprensión, a una admirada comprensión hacia la cosmovisión de esta nación originaria con representantes activos en casi medio país. No sólo la gente del sur de La Pampa, sur de Córdoba, regiones de Tucumán y la media Argentina que va desde el río Colorado hasta el extremo sur del continente podremos encontrar en estos textos del “Amuyú…” de Elda Durán una forma fresca y clara (una llave aceitada) para conocer los códigos, los valores y las claves de una de las culturas más potentes, y con mayor peso social, cultural y político de América del Sur.
Doble llave útil y precisa este “Amuyú…” para entender y valorar con más justicia cuanto en común tenemos todas las culturas y cuanto de encuentro sería posible si jugásemos juntos, si fuésemos capaces de jugar, de poner el cuerpo y la emoción para el aprendizaje y no sólo la helada razón que a veces disfraza con tanta destreza sus manipulaciones por parte de los intereses personales y de grupo, los prejuicios, y la estrecha mirada de lo convencional…
Esta obra de Elda Durán permite y fomenta la alegría, el placer de leer, la provocación de compartirlo con otros y de encontrar – también con otros – las similitudes y diferencias de muchos de esos juegos a los que tan fácilmente catalogábamos como originarios de tal lugar o de equis región.
Este provocativo “Amuyu Kudehue” que parece hablarnos del juego de los mapuche nos habla de la vida cotidiana, la alegría y el aprendizaje de una cultura oral cuya lengua, el mapudungún, es una de las 22 consideradas como lenguas “resistentes” sin sistema de escritura (once habladas en el actual territorio de México, ocho en América Central y tres en América del Sur) en un panorama general dramático ya que 191 lenguas (el 70,4 por ciento de las lenguas indígenas de Latinoamérica) ya están consideradas obsoletas por ser habladas por menos de diez mil personas.
Al hablar del juego, Elda Durán habla de las canciones ceremoniales, cotidianas y épicas, de los momentos de encontrarse y compartir, de las acciones de fundar y ser leales al compromiso colectivo, de la alegría y la puesta en práctica de una manera de vivir y de entender la vida y la muerte, el amor y el dolor, lo corriente y tangible y lo extraordinario, de las diferentes dimensiones por las que andamos – cuerpo, mente y espíritu –por estas tierras del viento y las grandes distancias.
Y, además, revaloriza lo lúdico como preparación para la vida, como posibilidad de sustraerse y transformar el poder de aquellas ideologías dominantes que homogenizan y debilitan la conciencia de las personas, el acceso al “darse cuenta” y a la conciencia del propio poder.
Este libro de Durán es ese chaparrón de agua refrescante que nos invita a trabajar la relación cuerpo, juego y comunicación desde los cuerpos jugando, acordando, encontrándose, desencontrándose, fundando reglas, transgrediéndolas, sintiendo desde la alegría de jugar – y de jugar con el otro – lo que antes cedíamos con exclusividad a la razón.
Podríamos hablar de sucesos de la comunidad, de comidas para el sustento y el placer de la gente, de hierbas para la salud integral de los pobladores, de canciones (desde el sagrado tayil a los parabienes, los calladitos, las tonadas y los romances sobre historias de mujeres), de rituales y ceremonias, del universo del juego: sus acuerdos, su significación, sus capacidades de capacitación y su alegría… Cualquiera de estos temas (¡y tantos más igualmente aptos para iluminar las memorias y reforzar las identidades!) son caminos por donde nos conduce la autora hacia lo esencial de la comunicación humana: la vinculación interpersonal, la tarea colectiva de intercambiar saberes transferidos y de construir grupalmente otros nuevos que formarán parte de esa dinámica y siempre intensa cosmovisión cultural de la nación mapuche.
Y aquí estamos en círculo ahora, en derredor de un fuego imaginario.
¡Y con alegría! Si se nos frunce el ceño o nos cae una lágrima podría ocurrirnos como cuenta Elda Durán del anchimallén: las lágrimas nos “apagarían la memoria encendida de las piedras”.
No cerramos sino que dejamos formalmente abierta la conversa de ustedes con este texto. ¿Cómo? Pues, que sea iniciando el rodar de la rueda por el lado inverso de las agujas del reloj para asegurar la buenaventura del encuentro.

Juan Raúl Rithner
Fisque Menuko (General Roca), Río Negro

Elda Durán con Juan Rithner durante la presentación en Gral. Roca

Elda Durán con Juan Rithner durante la presentación en Gral. Roca

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