Una poesía de Dardo Cuellar
Arrogante balbuceo que dibuja mundos que no existen.
Palabras que no dicen nada,
solo molinos que se mueven por el influjo de un torso imaginado
y deseado por un soñador.
En un mundo aterrador,
dijo el pastor:
Al que veía infiernos,
arráncate los ojos.
¡Donde no hay como si hubiera!
Donde veo lo que quiero.
Barrilete de cartón,
solo si cierro los ojos vos podés flamear.
En una vieja película alguien dice:
Nadie está muerto
hasta que está bajo tierra.
Como la rama caída en el asfalto
ya es muerta.
Igual le pasa a todo pámpano que se deja arrancar de su vid.
Sabia eterna que da vida,
aunque muerto.
En medio de las fisuras de los ayeres dichos,
en un recuerdo se sobrevive.
¡Ellos nunca mueren!
Fotografía: Federico Lederhos