Como en una misa folklórica con baile y color

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Transcurrieron apenas casi dos años desde su irrupción en la escena del folklore provincial. Un breve tiempo en el que se sucedieron muchas situaciones que movilizaron a este grupo de jóvenes que sube a un escenario y entrega todo lo que tiene para dar. Provocando una simbiosis particular con el público. Ese público fiel que colmó las instalaciones del salón de la Asociación Española. Tinku vivió el viernes su noche esperada. En recorrido con mayoría de letras propias que, consideraron, merecía cerrarse de esa forma. Concluir una etapa para dar surgimiento a otra.
La grabación de su primer disco, y con el bonus track de un DVD, concentró euforia festivalera en el reducto de calle 13. No faltaron sus temas de siempre, y tampoco las canciones versionadas con otra impronta en el papel. Un escenario preparado de la mejor forma para la ocasión. El colorido, el ruido, el calor humano, inundaron la escena. Una vez más el significado quechua de la palabra Tinku quedó afirmado. Encuentro. El generado por la música como lazo, conducto emotivo.

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En esa propuesta sin estridencias, pero genuina, y desde el corazón, con todo el sentido que eso confiere, puesto también en la previa para no dejar ningún detalle librado al azar, la entrega casi visceral quedó expuesta. La cercanía con la gente, y esa forma de comunicarse, de transportar el mensaje. La variación a la hora de «pelar» los instrumentos para ampliar la temática. Tinku forjó la sensación de que cumplen muy bien el rol que les toca en este tiempo. Con el folklore como bandera, pero sin aferrarse del todo a él.
Así entonces, los momentos se sucedieron hasta las primeras horas del sábado. Ramiro Pereyra (guitarra y primera vez), Adrián Venturucci (vientos y charango), Mariano Romero (primera guitarra y voz), Leonardo Iglesias (bajo), Emiliano Saavedra (batería), Gerardo Caballero (violín y guitarra eléctrica), y Marcos Pinedo (percusión, guitarra y charango), los siete integrantes de Tinku, cumplieron otra vez con el rito de hacer música. Esta vez, el desafío era otro. Una actuación en vivo que quedará plasmada en un disco y en imágenes.
La peña en la Española ofreció, además, otros condimentos. Tinku estuvo acompañado por el arte de Yaperos, Lilen Mira, La Jarilla, Guarda El Parche, La Risotada, Alma de la Tierra y Taiñ Quinan. Y en ese ímpetu musical volcado por el grupo de la noche, un total de veintidos canciones, trece de ellas de su propia autoría. Se fueron sucediendo Mano a mano, Sueños de papel, Mi tierra, Tu camino, Enamorado de tí, Chacarera para el Zoko, El patio de Barrera, A mis madres, Volviendo, Way ay ay, Siguiendo la luna, Ojitos lindos, Tu filosofía, Simple Pampa, Lejos de tí, Saya de la ingrata, Lágrimas, Imillitay, Airampos, Pin pin, Selección de carnavales y El querendón. Una velada que convocó a sus fieles como en una misa folklórica en la que energía se instaló en el aire.

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