Un libro: «Cuando abran mi tumba», de Christian Brendel.
«Este libro lo conseguí en una librería de usados en Buenos Aires. Me gusta comprar libros sin conocerlos previamente, ni siquiera al autor. Fue el título el que me atrapó de inmediato. Contiene una colección de cuentos que te hacen pensar y te dejan pensando. Cuestionan la realidad, la cordura, la naturaleza humana…Tuve la oportunidad de leerlo de principio a fin casi en una semana, tal como a mi me gusta leer un libro o una historieta. El libro lleva el título del último cuento, muy bien ubicado a mi parecer: lo mejor para el final (como el postre luego de una comida)».
Fragmento: «Durante diez años estuve loco. Completamente loco. Es que yo, como cualquier otro humano normal, no era más que un manso producto de mi mente, y por esa causa cuando ésta, gracias a cierto azar que aún hoy desearía no alcanzar a discernir con precisión, decidió virar hacia la maraña de un pentagrama inconexo imposible de ser descifrado por los demás, y ni siquiera por mí mismo, de pronto me hallé encerrado en ella absolutamente inerme, apresado entre la laberíntica travesía por la que me estaba enviando. La fagocitación de la que me hizo víctima entonces fue implacable, no permitió que parte mía se salvase de su corrupción, pues incluso mi pobre cerebro, tan omnipotente que se había comportado en el transcurso de décadas enteras, resultó ser demasiado racional, encontrarse excesivamente ensimismado en su complejo orden para plantearle pelea y obligarla a volver a trabajar con polvo. Simplememente prefirió arrodillarse sojuzgándose ante la fuerza desconocida que lo absorvía hasta convertirlo en una gelatinosa masa inservible. Y de esa manera débil y cobarde, me empujó a cruzar el portal de la demencia.»
Una canción: «The Sleeper», por «Sopor Aeternus & the Ensemble of Shadows».
«Tanto la banda como el tema destilan un ambiente de misterio por demás atractivo. La letra no es otro que el poema del mismo nombre escrito por Edgar Allan Poe, uno de mis preferidos. La música y la voz del intérprete logran evocar la sensación melancólica, oscura y a la vez majestuosa y delicada que se encuentra en la obra poética de Poe».
Un disco: «Palosanto», de Enrique Bunbury.
«Uno de mis cantautores preferidos, tanto por su lírica como en la variedad de ritmos a lo largo de sus trabajos como solista. Es difícil encontrar el porqué de mi gusto por este disco, quizás porque me gustan cada uno de los temas del disco. Luego de escuchar alguno de sus temas (tanto de este como de otros trabajos), es inevitable pasarme el día cantándolos a viva voz (evitando siempre torturar a quienes me rodean). Creo que en cada canción hay algo muy personal del autor y en muchas me he sentido identificado: los amores y las penas, las alegrías y tristezas. Creo que este disco tiene una gran variedad de ingredientes sentimentales».
Una película: «The Matrix», de Andy y Lana Wachowski.
«Como en un cuento o novela, o en una historieta, espero que una película me haga pensar, me tenga pendiente de lo que pase minuto a minuto, que me sorprenda. Esta película hace todo eso sobremanera con uno de los géneros que más me atraen. La ciencia ficción, mezclada con la fantasía y la aventura, es un potente recurso para jugar con la realidad y la condición humana llevada a sus extremos, haciendo llevadera y atractiva la narrativa. Recuerdo haberla visto en el cine y, en cierto momento, la historia dio el giro que me dejó recalibrando las ideas para volverme a ubicar en una nueva realidad. Fue también un disparador interno muy poderoso que, creo yo, me definió en mi forma de pensar actual: cuestionar absolutamente todo y abrir la mente a las posibilidades más remotas, por improbables que puedan ser, algo que uso continuamente para mis ideas en las historietas».

