Los elegidos de Viviana Dal Santo (pianista, compositora)

Un libro: «Corazón», de Edmundo de Amicis.

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«Es el libro que más me gustó en la niñez y la adolescencia, y que por muchos años me emocionó hasta las lágrimas. La historia se narra en forma de diario de un niño e incluye narraciones por fuera del argumento principal. Al leerlo, por tratarse de los días de infancia de un niño italiano de finales del siglo XIX, imaginaba todas aquellas preguntas que hubiera querido hacerle a mi abuelo italiano y que no pude porque no llegué a conocerlo. Con frecuencia me preguntaba a mí misma cómo habría sido su vida antes de llegar a Argentina a sus 16 años, solo, huyendo de la pobreza y buscando una vida digna. Como él ya no estaba y no había nadie que me pudiera responder, imaginaba que ese libro tenía algunas de las respuestas que yo buscaba o, al menos, unas muy similares que, en ese momento me hacían sentir que estaba más cerca del «nono» y de mi papá».

Fragmento: «El año ha concluido, Enrique, y bueno será que te quede como recuerdo del último día la imagen del niño sublime que dio la vida por su amiga. Ahora te vas a separar de tus maestros y de tus compañeros, y tengo que darte una triste noticia. La separación no durará sólo tres meses, sino siempre. Tu padre, por motivos de su profesión, tiene que ausentarse de Turín y todos nosotros con él. Nos marcharemos en el próximo otoño. Tendrás que entrar en una nueva escuela. Esto te disgusta, ¿no es verdad? Porque estoy segura que quieres a tu antigua escuela, donde durante cuatro años, dos veces al día, has experimentado la alegría de haber trabajado; donde has visto por tanto tiempo, a la misma hora, los mismo muchachos, los mismos profesores, los mismos padres, y a tu padre y a tu madre que te esperaban sonriendo; tu antigua escuela, donde se ha desarrollado tu espíritu, donde has encontrado tantos buenos camaradas, en donde cada palabra que has oído tenía por objeto tu bien, y no has experimentado un disgusto que no te haya sido útil. Lleva, pues, este afecto contigo y da un adiós de corazón a todos esos niños. Algunos serán desgraciados, perderán pronto a sus padres o a sus madres, otros morirán jóvenes; otros tal vez derramarán noblemente su sangre en las batallas; muchos serán buenos y honrados obreros, padres de familia, trabajadores y dignos como ellos, y ¿quién sabe si no habrá alguno también que prestará grandes servicios a su país y hará su nombre glorioso? Sepárate de todos afectuosamente; deja un poco de cariño en esa gran familia en la cual has entrado niño y has salido casi jovenzuelo, y que tu padre y tu madre aman tanto porque tú has sido allí muy querido. La escuela es una madre, Enrique mío; ella te arrancó de mis brazos, hablando apenas, y ahora te devuelve grande, fuerte, bueno, inteligente, aplicado. ¡Bendita sea, y no la olvides jamás, hijo mío! ¡Oh, es imposible que la olvides! Te harás hombre, recorrerás el mundo, verás ciudades inmensas, monumentos maravillosos, y acaso te olvides de algunos de éstos; pero aquel modesto edificio blanco, con aquellas persianas cerradas y aquel pequeño jardín donde se abrió la primera flor de tu inteligencia, lo tendrás presente hasta el último día de tu vida, como yo conservo siempre en mi memoria la casa en la cual escuché tus primeros ayes la primera vez.»

Una canción: «Canción de las simples cosas», de Armando Tejada Gómez y César Isella.

«Es una canción cuyo significado descubrí de grande, es decir, siendo bastante adulta, y fue cuando me dí cuenta de la importancia suprema que tienen en la vida las cosas más simples, las que tenemos más al alcance de las manos y de los sentimientos, las que no se compran ni se obtienen por créditos y las que tuve durante toda mi vida, aunque no siempre lo supe. Por supuesto, también son efímeras, delicadas, endebles, porque nosotros mismos podemos romperlas o herirlas. Lo que dice esa canción acerca de las pequeñas cosas de la vida es lo que yo siento».

Un disco: «Yo-Yo Ma Plays Ennio Morricone», de Yo-Yo Ma.

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«Esta obra del violoncellista Yo-Yo Ma sobre música de Morricone tiene un aire de nostalgia, de calidez, de tranquilidad y de felicidad interna que me hace sentir bien internamente. Además, si bien compone música para cine, Morricone mantiene ciertas características de la música italiana con las que me identifico no desde lo musical o desde mi profesión sino desde un aspecto familiar, interno y tradicional, más ligado a lo personal».

Una película: «Cinema Paradiso», de Giuseppe Tornatore.

«Es mi película favorita. Sin querer ser repetitiva, vuelvo a la Canción de las simples cosas. Esa película, además de presentar también aspectos de la cultura italiana que sólo puedo conocer de maneras externas y no a través de mi familia directa, trata también acerca de esos valores que a veces perdemos en la búsqueda de lo que se nos impone como valor. Y nos vamos detrás de eso que parece un sueño propio y personal, olvidando que la felicidad y el bienestar está más cerca y más a mano. Sólo había que cuidarlo, sostenerlo, ayudarlo a sobrevivir. En casi todas mis elecciones está presente la cultura italiana con su nostalgia, su carácter fuerte pero amable y apasionado, el sufrimiento del desarraigo y la historia común a tantos argentinos. Tal vez es así por esa historia familiar inconclusa o fragmentada que se hace necesario reconstruir».

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