Olga Reinoso, de paseo con Borges y Barenboim

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires, porque cada vez que la visito me depara vivencias sorprendentes. Como una escultora, crea dentro de mí una fuente de luz inagotable.
Esta vez, la cita fue con Borges, en la Biblioteca Nacional, y con Daniel Barenboim, en el Teatro Colón.
La muestra sobre Borges se despliega en dos conceptos: Una lógica simbólica: Manuscritos de Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional, que reúne una extraordinaria colección de manuscritos originales del escritor, e Historia Universal de la Fama, que explora la recepción de Borges en la cultura popular en las décadas del sesenta, setenta y ochenta. Como parte de un mismo recorrido, en la Sala María Elena Walsh (inaugurada con esta muestra), de la planta baja de la Biblioteca, se pueden apreciar originales de los retratos del ilustrador Hermenegildo Sábat, quien logró captar con su arte a un Borges para nada solemne. A su vez, en la Plaza del Lector Rayuela, los dibujos del libro Georgie Dear, de Sábat, acompañan el recorrido por el espacio entre el Museo y la Biblioteca.
Pude apreciar manuscritos de los cuentos más célebres, entre los que se encuentran los once folios pertenecientes a “Pierre Menard, autor de El Quijote”, sus primeros poemarios y un ensayo sobre el budismo.
Admiré “Historia de la Eternidad” en el que incluye un artículo sobre las Kenningar o menciones enigmáticas de la poesía de Islandia. Borges explica que se trata de perífrasis metafóricas, asociaciones de imágenes donde, por ejemplo, la “tempestad de las espadas” nombra a la batalla y la “pradera de la gaviota” al mar. Y vi un ejemplar de Salmos Rojos.
Entre las ilustraciones de Hermenegildo Sábat, pertenecientes a su libro Georgie Dear, y publicados en 1972 por La Opinión, se exhiben los originales junto a una serie de retratos del escritor que Sábat realizó a través de los años, con diferentes técnicas y formatos. En conjunto, la selección que acompaña la muestra, resulta una introducción que apela a una cara menos conocida del gran escritor argentino: el Borges más desenfadado.
Eso fue durante el mediodía gris del sábado 30.
Al caer la noche, me acerqué a las luces del Teatro Colón que abrió sus puertas a las 19:30. Cortaron mi entrada y subí, en multitud, hasta la Cazuela del cuarto piso. No era el Colón de la “soirée”, sino de chicos con remera y jeans y señoras en pantalones que al final del concierto aplaudimos a rabiar y gritamos como en un recital de rock.
Yo sabía a quién iba a ver, pero cuando apareció en el escenario, mi emoción fue muy grande.
Actor, mimo, bailarín, orador, con sus manos, con su cuerpo, con su batuta: Mago Daniel Barenboim. Director vitalicio de infinidad de orquestas en el mundo, concertista de piano desde los siete años, profesor de poesía en la Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas, Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1999, junto con el intelectual palestino Edward Said, estableció la Orquesta West-Eastern Divan que, cada verano reúne a jóvenes músicos de Israel y de varios países árabes para facilitar el diálogo entre las diferentes culturas del Medio Oriente y promover la experiencia de hacer música, juntos. Además de todo esto, nació en Buenos Aires en 1942. Es argentino.
Y el sábado, con la West-Eastern Divan, homenajeó a dos grandes compositores argentinos: Ginastera y Salgán, al cumplirse los cien años de sus nacimientos. Como una perlita, invitó al Quinteto Real, creado por Horacio Salgán en los años sesenta (ahora toca el piano su hijo, César Salgán).
El programa incluyó Concierto para violín, Op. 30 de Ginastera y Don Agustín Bardi, Aquellos tiempos camperos y A Fuego Lento de Horacio Salgán.
Ante los insistentes y enfervorizados “otra, otra”, nos brindaron “El Firulete”, de Mores y Taboada (éste último estaba presente).
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire. (Fundación mítica de Buenos Aires, Jorge Luis Borges).

Por Olga Reinoso (escritora piquense)

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