El próximo verano se estarán cumpliendo 50 años de su noche consagratoria en el Festival de Cosquín, escenario que es parte fundamental de su camino artístico. Fue la génesis de todo lo que vino después. En ese 1977, la cantora pampeana, nacida en General Pico como Irene Ángela Gola -un buen día su madrina artística Mercedes Sosa la bautizó Ángela Irene y así se hizo conocer en la escena- ganó sumando el veredicto del jurado técnico y el popular, con la canción Cruz de quebracho, de Francisco Barra y Miguel Gutiérrez. La instancia del voto del público se inauguró en esa edición a través de un aplausómetro, un medidor de decibeles para identificar la canción más aplaudida. Cruz de quebracho fue una de las tres seleccionadas para la instancia final, registrando 12 puntos para prevalecer sobre Es blanca la madre mía (Paglia y Castillo), y Bombo de palo viejo (Paeta y Di Fulvio).
A lo largo de estas cinco décadas, Ángela Irene ha entregado pura calidad interpretativa, hasta constituirse en una de las cantoras más respetadas del país. En sus comienzos salió al ruedo con la Orquesta Los Diablos, hasta que se instaló en Buenos Aires en 1975. Tras lo ocurrido en Cosquín, grabó un simple, que contenía Cruz de quebracho y Pueblos tristes, del venezolano Otilio Galíndez. En ese momento conoce al maestro santafesino Ariel Ramírez, quien se convertiría en uno de los motores decisivos para impulsar esos pasos iniciales, acompañándola en su primer disco de larga duración, en el que se destacan las versiones del chamamé Santafesino de veras y de la zamba Volveré siempre a San Juan.
Por estos días, la intérprete pampeana se muestra con nuevo disco. El trabajo, titulado De piel, contiene ocho canciones, y es un muestrario de sensaciones. Después de un buen tiempo sin pisar escenarios, tiempo dedicado a acompañar y cuidar la salud de su esposo, expone en cada tema la maduración artística que supo forjar, como también toda esa fuerza interpretativa que lo puede. La voz inconfundible de una referente de la música folclórica argentina. Desde el 3 de abril se puede escuchar a través de todas las plataformas musicales, mientras la presentación oficial será en Café Berlín, en Avenida San Martín 6656 (CABA), el próximo 30 de junio. Entradas por Livepass.

«La vida, en su trascurrir, nos deja marcas en la memoria de la piel, que los ojos no ven, pero laten en ella. Y de pronto, vuelven y nos cortan la respiración. Un gran amor, momentos felices, alguna decepción, o el dolor de una pérdida. De eso se trata este conjunto de canciones. Lalo Romero soñaba con que hiciéramos un disco juntos, para dejar testimonio de nuestra larga amistad, que nos había convertido en unos hermanos que se abrazaban, peleaban, reconciliaban…pero siempre eran incondicionales. A Lalo lo conocí en 1975, él era bajista de Víctor Heredia y yo recién había llegado a Buenos Aires. Fue en un programa de TV llamado Argentina canta así. Después dejamos de vernos un tiempo y cuando nos reencontramos en el 2004, surgió hacer un disco», contó Ángela Irene, en el transcurso de una charla con El Lobo Estepario.
«Fue así que un día lo logramos. Teníamos estudio, un grupo maravilloso que habíamos formado con Manu Navarro y Ariel Sánchez, y un mundo de canciones para elegir. ¡Éramos felices!! Ese 28 de julio lo esperamos. No contestó el teléfono. Y el mundo se congeló. Yo me juré que esos temas que habíamos grabado iban a ver la luz. Pero no podía cantarlos. No sin su aliento. Hasta que Néstor Díaz, otro amigo de la vida, me ofreció terminarlo, y me sentí contenida como para poner la voz a esas músicas archivadas en el cajón de los imposibles. Llegó la pandemia, con su pausa llena de dramatismo. Desconexión, mis temas de salud…Néstor y su esposa Laura se mudaron a Madrid. Con ellos el estudio. Y mis grabaciones. Y hoy, años después, puedo compartirles el resultado de esos gestos de amor de mis amigos, que dieron, como resultado, este disco que llamo De piel«, agregó la artista.
El disco, producido por Huella Música, reúne las siguientes canciones: La cruzalteña, Canción del centauro, Paisaje coplero, Canción de cuna costera, Regreso a la tonada, Canción de la partida, Jujuy mujer y Zamba del arribeño. «Es el resultado del encuentro de cuatro amigos que intentaron mostrar un momento de creación, de comunión y de felicidad. Todo eso lo quisimos dejar reflejado en este disco. En cuanto al nombre, al volver a escuchar estas canciones, mi piel sana de la llaga que dejó la pérdida de mi amigo en medio de ese momento especial. Y esa enorme cicatriz, mutó en una marca de bellos recuerdos que para siempre vivirán en mi piel».

Sus anteriores trabajos discográficos fueron Ariel Ramírez presenta a Ángela Irene, La cantora de Yala, Ángela Irene y Soy. Además, junto a dos notables de la música, como el pianista Eduardo Lagos y el bombisto Domingo Cura, recorrió el país en varias giras con el espectáculo Así nos gusta; ideó Canción de caminantes, junto a Cura, Zamba Quipildor, Cacho Tirao y Chiqui Pereyra; junto a Marián Farías Gómez presentó la obra conceptual Mujeres argentinas, de Ramírez y Félix Luna. En 2006 creó el espectáculo Cantoras del Alto Sol, cuya idea conceptual se basó en la energía de nuestros respectivos soles provincianos, y la esencia de cada uno de ellos.
«El nuevo disco me encontró en un momento en el que estaba absolutamente alejada de la música. Había trabajado por última vez en agosto del año pasado, cuando me declararon Visitante distinguida en San Salvador de Jujuy, en el marco del Festival de Comidas Regionales Los Hornitos. Tenía mucha necesidad de cantar, de estar otra vez en contacto con la gente, vivir todo eso que pasa cuando te bajás del escenario. Me di cuenta que ahora me estoy escuchando a mí misma, y con ganas», concluyó.