Un homenaje a René Favaloro: «A cielo abierto»

La escritora y dramaturga piquense Beatriz Baudracco escribió un texto recordando al Dr. René Favaloro: «A cielo abierto».

A cielo abierto

Mi humilde homenaje a un grande doctor, René Favaloro.

Sobretodo y maletín, la estación de trenes aun inquieta en medio de cromáticos herrumbres lo recibió al pisar el pueblo signado en su boleto de segunda clase. Las dos comadronas, a puro coraje siguieron atendiendo partos, si se tornaba difícil, maletín en mano él estaba allí.
Monte Pena es el paraje y un sonido del aire sur es música fresca en el lugar. Ellas deciden romper “el silencio que no es silencio” sino abismo de palabras que no están, sus pasos llegaron hasta aquí donde siempre te encuentro comentó. Corre los cabellos de su rostro y el viento de nuevo la despeina, aun ensimismada narra sus sentires oníricos, este es el lugar, seguro es éste y por eso vuelvo, con árboles frondosos cubiertos de flores rojas así los veo, no es uno ni son dos, muchos de ellos suelo arriba, otros suelo abajo, y en el extremo uno muy distinto, tronco y ramas secas, belleza de particular movimiento como la Rosa de los Vientos que indican el rumbo firme de la navegación.
Ah! tu sueño, le responde, aunque esas especies no existen por aquí, pero él eligió éste descanso extenso tal vez agreste, de tierras solitarias y un arroyo que apenas se dibuja, sentado bajo la escasa sombra de aquellas plantas leía sus libros ¡mucho disfrutaba y mucho más trabajaba! Lo vimos abrir y cerrar el maletín hasta que un día lo cerró y nosotros cerramos la boca sin palabras que decir, muy lejos se fue tal vez algún día vuelva. A este lugar preguntó, eso no lo sé, el rumbo de los aires mueve pensamientos así como modela la arcilla el arte barrero del alfarero ¡Quizá vuelva!
Monte Pena las ve alejarse.

Ya no es el sentido ni el rumbo del viento sino la música clásica en sus oídos y la sincronía con la pulcritud holística del equipo de cirujanos.
El maestro ¡es un tren de alta velocidad! “un capo bueno que está en todo” y su entorno humano son piezas de gran valor asistiendo cirugías a cielo abierto, firmeza en su voz al indicar lectura del epicrisis, esto delinea el medio que nos aguarda y la fina motricidad a seguir. Continúe exclamó “el gran capo”, como un claro instrumento la voz articuló certeras palabras: paciente femenino, cincuenta y seis años de edad, cirugía programada de reemplazo de válvula mitral, válvula tricúspide y Betall de Bono y los sones musicales acompañan la segura presencia, todo debe ser en armonía frente al riesgo que siempre está. Antecedentes subraya el cirujano, Síndrome de Marfan, prolapso de válvula mitral, dilatación severa del ventrículo izquierdo, peón o alfil es la otra pieza que responde. El maestro sintetiza parámetros a seguir: Reemplazo valvular mitral tricúspide es el puerto al que debemos llegar sin perder el rumbo de la navegación.
El traumatólogo termina de quebrar el esternón y el cirujano, capitán de la nave, afina su pulso para aplicar el bisturí en el punto exacto.
La música clásica sólo parece una trama y sin perder el tiempo sobrevienen éstos relatos: ver belleza hasta en una pobre rama seca, con la sabiduría del hombre de campo, palabras mezcladas entre miradas inteligentes que ordenan el desplazo del instrumental.
Horas lentas van pasando cerca de allí y alguien esperanzado lo ve llegar, de blanco impecable toma sus manos y le dice paciencia mujer, necesitamos un tiempo más, supo leer sus ojos y calmar, sereno se va.
Día tras día a “corazón abierto” sin pensar en respetar fiestas, como los expedicionarios libertarios, caravanas en filas indias, faldeos y precipicio, loca geografía, cornisas que arremeten, reflejo del sol en el agua y nieves perpetuas, enorme muro de la cordillera, piedras sueltas, ajetreo, orden de partida, astucia del General y la travesía libertadora cruza los Andes. Si los caminos se nos estrechan recuerden al estratega, sugiere el maestro y como “altar pagano” el equipo está listo. Beethoven, Bach o Chopin y barbijos en sus bocas, la morbosis se entremezcla entre los acordes: enfermedades valvulares y congénitas, anatomía de las arterias coronarias y su relación con el vital músculo cardíaco, metodología de avanzada al servicio del humanismo médico, y la trama acepta la enseñanza: siempre he creído que toda realidad futura se eleva sobre cimientos de ideales y utopías Soñar es tarea fecunda.
El texto se estrecha como cornisa y transforma en agudo: “insuficiencia mitral para recambio valvular”, paciente “puesta en bomba” para que su corazón siga latiendo.
El cambio de la válvula fue regular, miradas se entrecruzan, intentan “salir de bomba” y otra vez camino difícil, la sincronía desaparece, el corazón hace dos latidos normales y luego se fibrila. El corazón omite latidos armónicos, se la chocó eléctricamente de modo repetido, los acordes clásicos no acompañan y la irregular frecuencia revela su propio sinsón.
Media hora de intentos inútiles, el accionar del maestro sobrevoló encima de nuestras miradas que negaban, tomó el corazón en su mano, lo apretó y lo dejó de nuevo en el tórax abierto. Sus latidos normales pusieron luz en tantas miradas sufrientes.
A diario se convive con la muerte, habla con ella: ¡A éste no te lo vas a llevar, a éste no te lo llevás! Imagen muy fuerte, “la vemos en el quirófano”, el riesgo no es cero.
Si va bien nada se dice, es duro pero sabemos cuanto duele su alma cuando repite “¿sabés cuanto pesan las crucecitas que vas dejando por tu camino?”
El ejército de San Martin enfrentó a enemigos, nosotros también lo tenemos,
ni Beethoven calmó su expresión y detrás del barbijo sonó extrema su voz, cómo te suicidarías inquisitivo preguntó al ayudante, después de su sorpresa le dijo una bala de alta potencia y por la boca. ¡No, no, no, no! puedes quedar inútil y ciego, hay que dispararse al corazón, conocemos bien la anatomía. ¡Ahí no te equivocás!
El “tren de alta velocidad” desestabiliza a su ayudante. Violín, clarinete, piano, “las cruces de madera” acordes de instrumentos, ciencia pura y heroica misión inspiraron la
increíble sinfonía.
En Monte Pena un viento suave mueve la hojarasca, “se nos adelantó” quedó escrito en el tronco del árbol y ¿hoy por qué viniste?
Sueños ya no tengo, las nervaduras del otoño sostienen sus cenizas y la belleza de ramas secas siempre hablan de él.

Material de consulta: cirujano Dr. Fernando Boullon

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