“La verdadera educación se preocupa por la libertad del individuo, la única que puede lograr la verdadera cooperación con el todo, con los muchos; pero esta libertad no se alcanza mediante la persecución de nuestro éxito y de nuestro propio engrandecimiento. La libertad es el resultado del autoconocimiento, cuando la mente se eleva por encima y más allá de los obstáculos que ella misma se ha creado al ansiar su propia seguridad.
“La función de la verdadera educación es ayudar a cada individuo a descubrir todos esos obstáculos psicológicos, y no simplemente imponerle nuevos patrones de conducta, nuevas maneras de pensar. Tales imposiciones nunca despertarán la inteligencia, la comprensión creadora, sino por el contrario condicionarán aún más al individuo. Evidentemente esto es lo que está sucediendo en todas partes del mundo, y es por eso que nuestros problemas continúan y se multiplican.
“Es sólo cuando empezamos a entender la profunda significación de la vida humana que puede haber verdadera educación; pero, para entender, la mente debe liberarse inteligentemente del deseo de recompensa que engendra el temor y la conformidad. Si consideramos a nuestros hijos como propiedad personal, si para nosotros ellos son la continuación de nuestros pequeños egos y la realización de nuestras ambiciones, entonces crearemos un ambiente, una estructura social en la cual no hay amor, sino la persecución de nuestras ventajas egocéntricas.
“Una escuela que tiene éxito en el sentido mundano, es casi siempre un fracaso como centro educativo. Una institución grande y floreciente en la que se educan cientos de niños, con el éxito y la ostentación que la acompañan, puede producir empleados de bancos, súper vendedores, industriales o comisarios, gente superficial que son técnicamente eficientes; pero sólo hay esperanza en el individuo integrado.”
Esperamos sepan disculpar esta larga introducción, fragmento de las cartas que el filósofo de la conciencia Jidu Krishnamurti remitió a los directores de las escuelas fundadas según su ideología. Es sólo que pensamos que este preámbulo puede ayudar a entender mejor lo que Sandra Pistola está haciendo en el Colegio Ciudad de General Pico, donde se desempeña como directora, y a través de su proyecto “El taller viene al aula”, que sostiene la idea de que “los diferentes talleres vayan pasando por las clases atravesando las materias y relacionándose con ellas. Los valores fundamentales que tiene como meta este proyecto es trabajar la autoestima de los chicos, recuperar su valoración personal y el valor pilar básico es la paz y no la violencia en cualquiera de sus manifestaciones”, explica Sandra una vez que el año se está consumiendo y en él se han visto, como maduras frutas relucientes en un árbol en primavera, las bondades que ha traído aparejada esta idea de instaurar una educación diferente, con una mirada holística y sumamente humana.
Para eso, y como reafirma Pistola, la herramienta fueron los talleres, los cuales fueron “ubicados de acuerdo a las edades y a las necesidades según las mismas. Por ejemplo yo sostengo que un alumno sentado toda la mañana sin moverse de su banco se agota y es muy desgastante para el adulto que intenta mantenerlo, entonces los más chicos, los de 1ro y 2do tienen fútbol callejero, que trabaja con límites y con normas que ponen los mismos chicos, las nenas tienen taller de reciclado artesanal de ropa y mosaiquismo que es una técnica de arte, los de 3er año tienen taller de títeres para introducir la técnica del teatro, 4to y 5to en tanto tiene cerámica ranquel y 3ero Polimodal, que son los alumnos que ya egresan, tienen taller de cine y audiovisual”, detalla la directora, siempre respetando su idea central de que “es que por medio de un taller que se logra una clase distendida, lo cual genera una mejora muy importante en los vínculos entre los chicos y los adultos, a la vez que cuando ven sus producciones personales se sienten felices de lo que ellos lograron, incorporando de esta manera el ´yo puedo´ y el ´todos podemos”.
Los tiempos van cambiando pero hay una pregunta lanzada por el propio Krishnamurti que pocos educadores se animan siquiera a comprender: “No sé si alguna vez nos hemos preguntado qué significa la educación. Por qué vamos a la escuela, por qué aprendemos múltiples materias, por qué aprobamos exámenes y competimos unos con otros por lograr mejores calificaciones. ¿Qué sentido tiene toda esta llamada educación y qué es lo que implica? Es verdaderamente una pregunta muy importante, no sólo para los estudiantes sino también para los padres, para los maestros y para todos aquellos que aman esta tierra. ¿Por qué pasamos por el esfuerzo de recibir educación? ¿Es meramente con el fin de aprobar algunos exámenes y obtener un empleo? ¿O la educación tiene como función la de prepararnos, mientras somos jóvenes, para comprender el proceso total de la vida?”
Felicidades y toda la suerte del mundo para aquellos educadores que, lejos de las comodidades, albergan una muy humana preocupación.
Educar para la paz
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