«Si algo le faltaba a este planeta para los intereses de globalizar, es esta pandemia. Como si fuera una ironía –o no –, o quizás la intención -o no-, o el resultado de ello, es que este mundo está en sus manos. Nos puso en un lugar de pueblos expectantes al día día, y en resguardo a ello nos hemos recluidos. Y en ese adentro nos pone como en un reloj de tiempo. Analíticos, precavidos y temerosos quizás. Este invisible enemigo nos iguala, se aloja en la vía de la miseria y la realeza, cruza fronteras. Suponemos que después de esto el mundo ya no será igual, y sabiendo que aunque igual seguirá la condición humana, egoísta y solidaria, deberá esta última condición ser la predominante para que este planeta sea más equilibrado ecológica y humanamente. En este adentro con el paso de los días, nos moviliza a reforzarnos en la valoración de los afectos verdaderos y en la realidad del otro. Las calles vacías, apenas transitadas, la ausencia de niños en las veredas y hasta los ladridos casi ausentes, huelen como a un tiempo en pausa. Hoy, los músicos, desde esa ventana por la que solemos observar y describir desde nuestra visón, nos ubica en un lugar de lazo con la herramienta fundamental que tenemos que es la canción, que nos permite llegar a lugares impensados a través de la tecnología y decir ¡hola, estoy con vos!, ¡cuidémonos, no estamos solos!, y darnos el abrazo y tomarnos de las manos, algo que tanto añoramos. Dada la imposibilidad de estar presente en diferentes sitios físicos, esta situación nos da lugar al ingenio para desarrollar la actividad musical, donde las redes y las páginas de internet son el vínculo con el oyente por estos días. La conectividad que, en tiempos de circular libremente las calles, suele funcionar como un ir y venir de información, hoy se ha convertido en el vehículo necesario para sentirnos juntos de alguna manera en la distancia. No sé cuál será la palabra que dará lugar a la próxima canción, solo sé que la de hoy y la futura será siempre cobijo y testimonio de lo que nos suceda. Anhelo que aprendamos, nos aleje de la mezquindad y nos permita ser humanamente mejores».
Mario Cejas
Nació en Santa Rosa en 1956 y desde muy joven se dedicó a cantar, componiendo sus propias letras. Fue fundador del grupo Músicos Agrupados (MAG), que reunió a jóvenes roqueros en los años 70 y 80. Artista perseverante lleva grabados varios discos. En 2011 se presentó junto a su entrañable compañero Raúl Fernández Olivi, colmando la sala del teatro Español. Fue una especie de reedición del dúo Zampal, conformado por ambos en la década del ochenta, y que luego se transformó en trío con el aporte de María Emilia Montalvo. Cuando retomó su camino solista produjo trabajos como Por nuestros días y Un claro de vida. Participó en la primera edición del Cancionero de los Ríos y a partir de los ’90 se sumó a la agrupación Músicos Pampeanos del Encuentro, que se encargó de gestionar reuniones que se sumaban a Músicos Patagónicos, para impulsar diferentes expresiones de esta región del país. Algunas canciones de su autoría son Un claro de vida, Casita blanca, Señales urbanas o Cita de luna.