«Entreveo, como diría Borges, que ya no hay lugar para los sueños»

«El gran Rafael Barrett (1876-1910) que arribó a estas tierras americanas a fines del siglo XlX, concluye así su ensayo El Progreso: “Jamás ha sonado en la Historia hora tan trágica. Todas las luchas de ayer, luchas de conquista religiosa o de conquista guerrera, fueron luchas humanas; ahora la humanidad comienza la lucha con algo extrahumano: la Naturaleza. Se concluyen o están por concluirse los combates dentro de la isla; se acerca el gran combate con el mar tenebroso. Toda nuestra evolución pasada parece en vista del duelo definitivo. Y al primer contacto, amor u odio entre la naturaleza y el hombre, se engendró la máquina, monstruo híbrido que enrosca en el seno del caos las raíces oscuras de su materia y de su energía cautivas, y en cuya forma resplandece la inteligencia humana. La mole cierra el horizonte y se agiganta cada día. No podemos comunicar con el mas allá, batirlo y enamorarlo sino a través de la máquina, el más allá a través de la máquina nos acecha, nos reduce, nos amenaza. La máquina es la frontera común, el arma, el escudo y el signo recíprocos, la puerta por dónde entra la vida o la muerte, el extremo inteligente de la realidad y extremo real de nuestra alma. Muy necesaria debió ser la máquina a nuestro destino y al destino de la Naturaleza misma, para hacernos renunciar al progreso humano y resignarnos a la servidumbre cruel del trabajo automático. Muy necesaria era cuando nos arriesgábamos temerariamente a maniatar los instintos fundamentales de nuestro ser y a represar en nuestros débiles depósitos las fuerzas misteriosas de lo desconocido. Sobre el abismo tendimos un puente. En la máquina chocarán, quizá mañana, dentro de mil siglos, nuestro verdadero espíritu y el verdadero espíritu de la Naturaleza. ¿Quién sabe? Vivir es creer. Nuestro heroísmo esta hecho de nuestra ignorancia. Nos sentimos en marcha, en marcha eterna. El soplo de lo irreparable acaricia nuestra sienes sudorosas.” Siglo largo ha transcurrido desde Barrett a esta aparente subrealidad; y nuestras sienes, como predijo, comenzaron a sudar. Por esos tiempos en los albores del siglo XX, Arnold Schonberg revolucionaba el universo musical con su sistema de composición dodecafónica, como parte fundamental del expresionismo todo. Más tarde fueron sucediendo nuevos sistemas sonoros aleatorios, mayoritariamente ligados a la “máquina”, a la exploración sin formación. La ciencia hizo lo propio. La medicina es hoy, máquina toda. Nos ha dicho Oscar Wilde: “La sociedad perdona con frecuencia al criminal; pero no perdona nunca al soñador”. La significación de lo antedicho es totalizadora. Asistimos a una guerra de relatos infames por parte de los dueños del mundo. Somos tan solo convidados de piedra. Números de una estadística cronométrica escupida desde todos los medios. Detrás del miedo observamos que aún no formamos parte de la contabilidad rigurosa de la necrología diaria. Con la idéntica desmesura improvisada, la clase dirigente dice gestionar. Sitiados en un estado policial sin precedentes avanza la inédita e insospechada puesta en escena planetaria. Shakespeare atónito. La dramaturgia toda estupefacta. La humanidad ha matado a los soñadores. Uno a uno. Giordano Bruno en la hoguera inquisitoria; El Che a manos de la cia; Federico en las garras del Franco dictador; por nombrar solo algunos. Hoy esa humanidad quiere soñar. Sueña con algo que ahuyente la pandemia. Lo que sea. Es un sueño muy distinto, mezquino. Propio de insomnios materiales. Sospecho que en búsqueda de nuevos espacios de confort. Entreveo, como diría Borges, que ya no hay lugar para los sueños. De allí también el epílogo del Arte. Crear es soñar. El soñar es mental. El todo es mental, como dijo Hermes. Desmaquinizar para volver a naturalizar es posible? Mientras la inteligencia artificial jaquea sin desmayo y el músculo adormecido, anonadado en la nada se siga hundiendo en la pandemia de la estupidez, el camino será irreversible. Sospecho».

Rubén Hidalgo

Egresado del Conservatorio de Música Pacioni y del Conservatorio Provincial de Música de Pehuajó, ha integrado diferentes agrupaciones vocales e instrumentales, actuando en Cosquín 1976. Fundador y director del grupo vocal Ethos 4. Participó del ciclo Semana de Pehuajó, realizado en 1998 en La Plata, organizado por la Cámara de Diputados. Protagonizó conciertos para guitarra y música de cámara vocal e instrumental. En 2005 presentó su trabajo discográfico Parábolas de provincia, con música vocal e instrumental, académica y popular. Creó el proyecto educativo Interacción Musical 2005/06, con la participación de escuelas rurales, urbanas y de educación estética de Pehuajó. En febrero del 2007 culminó la obra musical de su autoría compuesta sobre textos de Osvaldo Guglielmino: Canto a Guglielmino. La misma fue declarada de Interés Municipal y Provincial por la Cámara de Senadores de Buenos Aires, con una edición de 1000 CD’s subvencionada por Municipalidad de Pehuajó. Dicha obra se presentó en el Auditorio de la Cámara de Diputados, en La Plata. En 2009 compuso sobre textos de Osvaldo Guglielmino, Himno a la Patria Argentina en su Bicentenario, declarada de Interés Municipal e Interés Nacional con una edición de 200 CD’s. Creó también su versión para coro mixto. En 2010 concretó su disco Vera Violeta,  presentado en Mar del Plata, con obras de su autoría y reconocidos compositores académicos y populares. En 2011 creó el proyecto fundacional del primer coro estable del Teatro Español de Pehuajó, como director. El coro se encuentra en formación. Ha realizado y realiza arreglos instrumentales para guitarra solista y de cámara, y arreglos vocales para coro mixto a tres y cuatro voces. En 2012 editó Flores del monte, en tributo a Atahualpa Yupanqui. El trabajo consta de dos CD, concentrando un total de 27 obras. Fue presentado en Mar del Plata en octubre de 2012, y en General Pico el 24 de marzo de 2014. En 2013 editó Cancionero de Manuel Dorrego, sobre textos de Osvaldo Guglielmino, presentado en el Instituto Juan Manuel de Rosas de Buenos Aires (diciembre de 2013), en el salón de actos de la Escuela Normal de Pehuajó (abril de 2014), en el Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (marzo 2015) y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, como motivo de la presentación de la Cátedra libre de Estudios de Arte Historia y Sociedad (diciembre 2016), como también en Mar del Plata y Pehuajó. En 2014 surgió Canto fundamental en la llanura bonaerense, sobre textos de Osvaldo Guglielmino y composición e interpretación a su cargo; se presentó en el Auditorio Ñusta de Piorno, en Mar del Plata. Fue declarado de Interés provincial por la Cámara de Diputados bonaerense. Se desempeñó como profesor de guitarra en el Conservatorio de Música de Pehuajó.

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Autor

Raúl Bertone