«Estábamos embarcados en la parte final de pos-producción del último trabajo discográfico de la orquesta (Atípica). Este material quedó detenido ya que la situación afecta, como todos sabemos, a muchas entidades, tales las imprentas del packaging, o como Sadaic, donde nos quedan trámites por realizar para poder presentar todo en regla en la replicadora. En cuanto a conseguir los recursos necesarios para ir cumpliendo con los pagos que esto implica, teníamos actuaciones previstas y contactos institucionales, que por ahora quedaron para cuando todo esto termine. En cuanto a la actividad propiamente musical, obviamente quedó en “stand by” y consideramos esto como secundario por la necesidad de quedarnos cada uno en su casa, conscientes del momento que estamos viviendo. Sin embargo, mantenemos el vínculo a través de la telefonía o con periódicas reuniones virtuales a través plataformas. Así hemos festejado el cumpleaños virtual de Pao (nuestra cantante y mi compañera de vida), o realizar una “tocata” virtual con todos los atípicos desde nuestros hogares valorando lo esencial que es quedarnos en casa. A quienes integramos Atípica, esta situación nos afecta desde lo personal, a cada uno y a su familia. En esto no nos diferenciamos del resto de la sociedad. Habrá quienes se arman de una u otra manera, según sean sus realidades. En el caso de mi familia, lo real es que tanto Pao como yo somos docentes (de música y química, respectivamente), por lo que gran parte del tiempo estamos dando clases virtuales, enviando, recibiendo y corrigiendo trabajos, además de hacer de maestros con nuestros peques de 5 y 6 años. Puf! Imposible aburrirse!. Otros compañeros de Atípica tienen diferentes realidades, pero por lo que hemos conversado, estamos todos con el ánimo bien predispuesto y haciendo frente a esta pandemia, además de aplaudir fuerte a todos aquellos que hacen un esfuerzo tremendo para cuidarnos. Ninguno de los integrantes de la orquesta depende exclusivamente de los ingresos que le pueda generar la misma, pero está claro el perjuicio, que no es privativo del sector, que genera esta falta de actividad. Sabemos que algunos artistas de distintas ramas del arte, están intentando actividades virtuales como forma de general algún ingreso. Desde lo económico, la actividad se resiente y estas dificultades se generalizarán y seguramente dejarán su huella. Avizoramos que no será fácil la reactivación de las actividades. Si miramos alrededor, son muchos los rubros perjudicados por este parate, pero no hay que dejar de entender la necesidad de hacerlo. Seguramente, las instituciones que nos cobijan a cada sector, deberán encabezar la búsqueda común de soluciones para ir paleando la situación hasta que esta pesadilla pase. Afortunadamente, vemos que la sociedad ha reaccionado con cierta responsabilidad en este tiempo de pandemia. En nuestro medio la población acompaña de verdad en el cuidado común, y parece que los resultados son buenos. Será el momento quizás de que revisemos actitudes y formas de vida. La solidaridad se está tornando un imperativo impostergable. Vemos a diario que las necesidades de sectores sociales vulnerables, son castigados con más crudeza al no poder generar ingresos. Pero también estamos viendo las respuestas de organizaciones sociales que complementan el accionar del estado. Merenderos, comisiones barriales, como en el caso de nuestro barrio “Las Camelias”, donde juntamos alimentos no perecederos, y también personas individuales que se han puesto al hombro la tarea de colaborar con los que menos tienen. Eso me parece que serán conductas que tendrían que continuar. Lo que nos pasa como artistas, se parece en mucho a lo que nos pasa como sociedad. Creemos que nadie podrá salir de esto en soledad. Y las necesidades no son solo materiales. El otro día, casi como jugando, nos propusimos con Pao de hacer un concierto barrial desde nuestra terraza. Montamos el piano y un micrófono, y compartimos una linda y distinta tarde con todo el barrio. Pareció un juego, pero la repercusión que tuvo en los medios y en las redes sociales, demostró que atendimos una necesidad distinta a lo material, de nuestros vecinos y también de tanta otra gente que nos hizo llegar sus saludos a través de las redes de la orquesta, cuestión que nos sirvió para sentir que no estamos solos y es bueno que así sea. Estamos viviendo un momento histórico, y si todos juntos luchamos a la par, podremos contar a nuestros nietos, cómo hicimos para derrotar al coronavirus».
Manuel Neveu
Empezó con la música siendo un niño. A los seis años ya estaba sentado al piano y posteriormente, de la mano de su profesora, logró los títulos de Profesor de teoría y solfeo, y de Profesor Superior de piano. Cuando adolescente, mientras cursaba el Profesorado de piano, en los ratos que dejaba de tocar y estudiar a Chopin, Mozart o Beethoven, se hacía un tiempo para escuchar a Charly García o Fito Páez. Así compartió todo eso con ensambles junto con amigos. Ingresó en la Facultal en el ’93 para estudiar Licenciatura en Química, realizando a su vez el perfeccionamiento en piano de música clásica durante dos años, además de realizar cursos, talleres y clínicas sobre historia de la música, derechos de autor e intérprete, música argentina y latinoamericana, improvisación y arreglos, dirección coral, etc. En 1995 comenzó a dictar clases particulares, y durante 15 años conservó esa actividad hasta que su profesión no le dejó espacio. En 1999 fue convocado a participar de un ensayo del Grupo de Jazz Santa Rosa, siendo parte de la agrupación durante 15 años. A su vez acompañó sobre el escenario a varios artistas, con su piano le puso música a ciclos de cine mudo y fue invitado en algunas ocasiones para integrar la Banda Sinfónica de La Pampa como pianista y clavecinista. Es autor de Cifrado, un cuadernillo con conceptos de armonía básica y cifrado americano, que no ha sido publicado. También comenzó a elaborar un texto denominado El piano, que concentra la historia de dicho instrumento desde sus comienzos y su evolución, pasando por su mecanismo, funcionamiento, y cuidado. Luego de incursionar por distintos géneros y formaciones, en 2009, junto a su compañera de vida Paola Bergsma, comenzó a gestar la idea de hacer tango. Un terrible accidente sufrido ese año relegó las intenciones, y al tiempo, con esfuerzo, siguieron marchando. Luego de ese mal trago, en 2010 quedaron establecidas las que serían las bases de una formación como lo es Atípica Orquesta hoy: tres vientos, un contrabajo, un violín, batería, piano, bandoneón y voz. En un primer momento se llamó Tango Libre, el estreno fue en un Teatro Español sin butacas vacías, y meses después pasaría a llamarse como se la conoce hoy. Con el transcurrir de los años se produjeron deserciones y nuevas incorporaciones, hasta que la formación se consolidó con Paola Bergsma (voz), Rafael Faito Baraybar (bandoneón), Adalberto Cornejo (violín), Gabriel Blanco (saxo tenor), Walter Forastiero (trompeta y flugelhorn), Fabio Zabala (bajo), Martín Cayre (batería) y Manuel Neveu (piano y dirección). Se sucedieron actuaciones en nuestra provincia y en Buenos Aires, editando en 2018 su primer trabajo discográfico: Tango ecléctico. En abril de 2019 falleció Beto Cornejo, un golpe duro que hizo que por un tiempo la orquesta dejara de tocar, y cuando se retomó, se produjo la incorporación de Pablo Lubomirsky. .