«Crímenes impunes y otras maldades», el nuevo libro de Olga Reinoso

Los estereotipos transmitidos por la cultura patriarcal han servido para elaborar las historias con las que la reconocida escritora Olga Liliana Reinoso construyó Crímenes impunes y otras maldades. Su reciente trabajo será presentado el próximo viernes 23 de julio, y expone una serie de relatos gobernados por el femicidio, el maltrato psíquico, el abuso sexual, o por los distintos tipos de violencias que continúan siendo un hecho latente y alarmante. A la hora de narrar, Reinoso también interpela de alguna forma al poder, a su accionar, que propicia las desigualdades, la discriminación o la desprotección.

Reinoso, nacida en Capital Federal y radicada desde hace muchos años en General Pico, publicó su primer libro en 1982: Estar con vos. Le sucedieron Palabra de mujer (1991), A Quemarropa (1998), Cuentos con descuento (2007), La sembradora (2010), Nunca sabré por qué (2017), En este mundo traidor, Artículos para reflexionar y refrescar la memoria (2017), Palabra herida (2018) y el ensayo Educar para la paz: he aquí la cuestión. Ahora sale nuevamente a la escena literaria con Crímenes impunes y otras maldades, de Editorial La hora del cuento. De por sí, dar una nueva obra a la imprenta ya es motivo de celebración.

«En el primer trimestre de 2021 me puse en contacto con la Editorial riocuartense para publicar mi segundo libro de cuentos. Y casi simultáneamente, fui terminando y mandando a imprenta el sexto libro de poesía que, en breve, llegará a mi casa. La presentación será virtual y saldrá por mi canal de YouTube, Literamo, el viernes 23 de julio, a las 21 horas. A mí siempre me interesó hacer presentaciones interdisciplinarias, para que se luzcan los artistas locales. De modo que, esta vez, convoqué al Espacio teatral Ruido y Nueces y, en la parte musical, a Nany Mazzoky. También cuento con la amorosa participación de Daniela Selene Lorenzini Sánchez, representando a la Editorial», contó Reinoso.

Quien ha sido una de las fundadoras del Grupo de Escritores Piquenses, jurado en concursos literarios de diferentes provincias y coordinadora de Talleres Literarios, destacó que «son tantos los nuevos amigos que fui sumando en la red que los escritores tejimos como resistencia poética a la pandemia, que el video viajará por muchos lugares del país y fuera del país, como Guadalajara, Barcelona, República Dominicana, Bolivia, Colombia. Eso me entusiasma enormemente porque General Pico, La Pampa, viajará con mi libro. Se siente una emoción particular al imaginarse un poco embajador de su tierra». 

Cecilia Grierson

Cecilia Grierson descansa.

Por la ventana del cuarto se van desdibujando las líneas diurnas del paisaje de Los Cocos. Abril es un ramillete otoñal de flores gualdas.

Cecilia intenta dormir.

Su cabeza de copos de nieve reposa sobre el almohadón de plumas. En la duermevela febril de la agonía, su mente se sube al tiovivo incesante de la memoria y a lomo de un caballo de recuerdos galopa entre el pasado y el presente. Por momentos se sobresalta y abre los ojos, azorada. Le hace una seña al ama y ella, solícita, le moja los labios. Pero Cecilia indica, con su mano higuerosa, el libro que yace sobre la mesita de noche. Lee por enésima vez la dedicatoria de su tío abuelo, John Parish Robertson.

“Dear Cecil:

Envuelta en la mágica dicción del escritor, encontrarás aquí todo lo que la imaginación conciba de descollante, lo que la razón requiera de profundidad y justeza, lo que el humor pueda exigir de cortesía, vigor y sencillez.

Atraviesa tú misma este lugar de las pampas de cuyo nombre sí quiero acordarme y luego de beberte todos los buenos aires, enfrenta a los gigantes intolerantes de la Facultad de Medicina. Aunque no puedas verme, yo seguiré siendo tu fiel escudero.

 I love you, Grandfather John”.

Sonríe levemente y vuelve a cerrar los ojos. Se ve a sí misma ungida caballero frente a las ominosas autoridades de la Universidad de Buenos Aires cuando, después de la muerte de su entrañable amiga Amelia Köenig, decidió matricularse en la Facultad de Medicina y tuvo que hacer su propia defensa para obtener un permiso especial por el simple hecho de ser mujer. Pese a los comentarios malévolos y las burlas de sus compañeros, siguió adelante con excelentes resultados. Pero recién en 1886, durante la epidemia de cólera, cosechó los primeros reconocimientos sinceros al atender a los enfermos de la Casa de Aislamiento.

De pronto, la rodean. Alicia Moureau, Elvira Dellepiane Rawson y Julieta Lantieri se sientan a los bordes de la cama y hablan con fervor genuino acerca del Partido Socialista, de la completa igualdad jurídica de las mujeres, del divorcio, del mejoramiento de la maternidad.

Cecilia presiona su ajado vientre huérfano y revive el momento en que estuvo habitado por un niño que nunca creció.

Entonces, alguien entra. A pesar de los años transcurridos reconoce de inmediato su sonrisa tímida y su rostro aniñado. Es Emilio, Emilio Coni, el único compañero que la respeta y admira. Ha venido a buscarla. No lo duda un instante y, de inmediato, trasponen el umbral tomados de la mano.

El ama dormita en la mecedora, ajena a la celebración que estalla en el corazón de Cecilia. Ella es otra vez la joven médica llena de ilusiones que corretea por la campiña escocesa de sus ancestros.

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Autor

Raúl Bertone