«Siento que más que un libro de mi autoría, es un libro comunitario»

Una escritora armando su atmósfera creativa. Observando. Mirando alrededor. Construyendo historias, personajes. La necesidad de organizar pensamientos y emociones para alimentar un proceso que es, de alguna manera, una forma de permanecer en el mundo. Ese impulso intenso que nace como una exigencia interior de lograr una mejor percepción de la realidad. Y disfrutar ese viaje.

Ana Viglianco nació en Villa Mirasol, vive en General Pico, y el oficio de escribir la acompaña desde hace más de tres décadas. Como integrante del Grupo de Escritores Piquenses participó en diferentes certamenes y concursos, logrando reconocimientos a través de algunos de sus trabajos literarios, publicados en distintas antologías, como Al corazón de un arriero, Facundo, Sólo porque trabajaron y amaron, Una historia de amor en el puesto del Matasiete o Dueño de la tierra y del sol, entre otros cuentos y poesías.

Viglianco vivirá este domingo 10 de octubre un momento singular en su camino como escritora. En el auditorio de MEdANo estará presentando su primer libro llamado Cuyén (Luna en mapuche), en el que concentra parte de su obra, y que ofrece como arista destacada y significativa la participación en el armado del texto de distintos exponentes de las más variadas ramas del arte. La actividad se desarrollará a partir de las 19:00 horas, contará con la presencia de invitados especiales, y cumplirá con el protocolo sanitario vigente. Acompañarán a la escritora Carlos Diván, Alejandro Avalos (junto a los músicos Gabriel Cuello y Martín Orellano), Griselda Leguizamón, Guillermo Calmels, Olga Reinoso, Gloria Fernández, el Coro de la Tercera Edad, Matías Rach y Silvano Fuentes.

Un libro es único e irrepetible legado. Viglianco decidió finalmente dar ese paso en este tiempo. Salvando de esa forma algunas barreras autoimpuestas que fueron demorando la posibilidad de publicar. Así le estará dando una vertiente universal al principio de toda persona que escribe y sostiene la premisa durante tanto tiempo. En el libro intervienen Margarita Espertino, Yamila Zaninovich, Estela Pacheco, Mirta Alzamora, Estela Daratha, Susana San Juan, Adriana Ale, Andrea Elizondo, Raúl Nievas, María Eugenia Lezcano, Loreley Cárcamo, Estela Jorge, Danna Miraglia, Virginia Ciccacci, María García Fava, Pía Ghigliotto, María Celia Verlini, Cristina Trotta, Bibiana Titarelli, Luis Abraham, Liliana Sconfienza, Fernanda Antoñana, Susana Castagno, Silvia Impaglione, Nora Giménez, María José Pérez, Marisol Alvarez, Norma Ferrer, Miguel Rosales, María Elena Giacobbe, Dora Rossi, Martín Parodi, Silvina Alcaraz, Paula Vernetti, Rosa Audisio, Marga Toranzo, Ana Kljajo, Zulema Minetti y Cristina Vanini.

«Hace muchos años que escribo, tengo textos mejores, algunos literalmente valiosos, pero nunca escribí con el ánimo de editar libros. Lo considero algo muy meritorio, pero en lo personal no era un objetivo que priorizara. Me apasiona escribir, lo hago, y allí es como que se cerraba la cuestión», contó Ana, iniciando la charla con El Lobo Estepario.

¿Qué sucedió para que modificaras esa postura que habías mantenido a lo largo de los años?

En un momento me di cuenta que había mucho material acumulado y debía darle una forma porque sentí que le dejaba una herencia demasiado pesada a mis hijos. Ellos no iban a entender nada y les iba a dar mucha culpa tener que eliminarlo algún día al no poder organizarlo. Fue entonces que se me prendió la idea de editarlo, si bien no encontraba la vuelta, o la manera de que se me hiciera interesante, me atrapara. Insisto, algo que me sucedía en lo personal, ya que es muy valioso que los escritores editen sus libros. Pensaba un libro algo artesanal, pero no me cerraba, y surgió encararlo con participación de artistas plásticos. Lo hablé con Dora Rossi, de quien soy amiga, le comenté lo que me gustaría, y enseguida ella se enamoró del proyecto, lo tomó y se ofreció hacerse cargo de todo lo relacionado a las obras. La grata sorpresa fue saber que cuando Dorita consultó a cada artista y les pidió ocho obras originales, todos y todas más que generosamente dijeron que sí. Me emociona pensar el gesto de la gente frente a esa propuesta, más de 40 personas se pusieron a trabajar, y siento que más que un libro de mi autoría, es un libro comunitario. Es el producto de un gesto de amor invalorable de los artistas plásticos. Cuando se gestiona algo genuino, cuando nace del lado bueno, es increíble lo que se promueve.

¿Cómo se fue gestando todo el proceso a partir de esa decisión tomada en el 2019, con una pandemia asolando poco tiempo después?

Había que armarlo, casi un milagro. Una amiga me habló de alguien que encuaderna, fui y me encontré con una maravillosa mujer, de quien ahora soy amiga. El libro acarreó muchos amigos, no hay mejor producto que eso. Por ejemplo, el imprentero es un compañero de la secundaria. Marta (Bertola) aceptó la idea y nos pusimos a trabajar. Estuvimos un año junto a Susana San Juan y con Dorita, por supuesto, siempre cerca. Empecé a buscar espacios para presentarlo, hasta que quedó en una caja durante dos años. Ahora puede ver la luz, estoy agradecida a todos y todas que me ofrecieron lo mejor. Son algo más de 600 obras originales contenidas en 100 libros. La presentación es una celebración, una manifestación jubilosa. El libro quedó atravesado de algún modo por este dolor que produjo la pandemia. Ojalá de la misma manera salga tanta nube, tanto sol opacado durante todo este tiempo. Más que un hecho literario, es un hecho de amor de algo más de cuarenta pasiones. Cada libro tendrá una ta´pa diferente, y contendrá imágenes diferentes, aunque la parte literaria sí será la misma en todos.

¿Seguís escribiendo con frecuencia, cómo es actualmente tu relación con la creación literaria?

En estos tiempos no escribo demasiado, nunca dejo de hacerlo pero no con la frecuencia y la sistematización con que lo hago cuando asisto a talleres. Me distraigo en otras cosas. No estoy tan comprometida con ninguna expresión. Es un tiempo que me permite ver un poco desde afuera el desarrollo de la cultura. Y en La Pampa, principalmente en General Pico, la veo como un niño que quiere crecer y no puede. A un niño si no le das la mano, no aprendería nunca a caminar. Y siento que la cultura está así, como un niño al que no le dan la mano, que hace intentos pero no puede desprender. Hay como una resignada expectativa de los artistas en los diferentes rubros, quizá tenga una mirada un tanto melancolizada de la cuestión, pero es algo que me produce tristeza. Es una política que no tiene en cuenta lo relacionado con la cultura, no se le brinda el estatus que debería tener. Se le niega esa posibilidad. Eso es lo que veo.

La tapa de uno de los libros, ilustrada con una obra de Dora Rossi.
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Autor

Raúl Bertone