Una poesía de Dardo Cuellar

El misterio de las máquinas

Envejeciendo,

intrincadas entre masa de fundición

y cables.

Una bruma las acaricia

como manto que detiene el tiempo.

Su olor de grasa, sangre y sudor

de los muchos que ya ni están.

Sus manos tocaron, forjaron y se

entumecieron.

Mezcla de hierro y hombre.

El silencio trémulo guarda el insondable espíritu

de sus presencias.

Mis pies se funden con este piso enlutado,

el tedio del olvido premura de sueños

que se han perdido.

Es el llanto de un niño en una foto.

Brilla y vive en sus ojos

el sueño de uno de estos.

Ya cansado.

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