
El misterio de las máquinas
Envejeciendo,
intrincadas entre masa de fundición
y cables.
Una bruma las acaricia
como manto que detiene el tiempo.
Su olor de grasa, sangre y sudor
de los muchos que ya ni están.
Sus manos tocaron, forjaron y se
entumecieron.
Mezcla de hierro y hombre.
El silencio trémulo guarda el insondable espíritu
de sus presencias.
Mis pies se funden con este piso enlutado,
el tedio del olvido premura de sueños
que se han perdido.
Es el llanto de un niño en una foto.
Brilla y vive en sus ojos
el sueño de uno de estos.
Ya cansado.