Sinestésica Dúo y el tiempo de la música académica

El peor tiempo de la música es ahora mismo, ni melodía,  ni armonía, sólo ritmo, y ni hablar de su poesía. Al menos la música que masivamente difunden los medios de comunicación. Y siempre pasa así, cuando se toca un extremo oscuro y denigrante aparece en la otra punta una calidad opuesta, y es allí mismo donde el espíritu humano vuelve a asomarse curioseando si hay algo nuevo para escuchar. Y esta vez sí, en La Pampa al menos, donde apareció Sinestésica Dúo.

En el inicio fue la música, siempre la música

Sinestésica Dúo son Darío Echeverría (Flauta Traversa) y Cristian Mitzig (Guitarra), y se conocieron como suele suceder en estos casos, en el ambiente educativo. Pero no hubo una amistad por aquellos tiempos, sino la usual relación entre docente y alumno. Algunos años después se encontraron trabajando en orquestas y coros de Santa Rosa bajo el mando de Mario Figueroa, allí  comienzan a cruzarse con mayor asiduidad en los seminarios y en los cursos. “Mitzig estaba trabajando en el Ensamble de Cuerdas de Santa Rosa y yo en la Orquesta de Zona Norte, y simplemente dijimos de juntarnos”, cuenta Echeverría con precisión.  “El primer encuentro en realidad fue en el Crear –completa Mitzig-, y me dijiste que andabas tocando y que podríamos hacer música de cámara.” La primera nota ya estaba escrita.

Darío Echeverría

¿Qué tocar?

Pues sobre eso no había mayores dudas, sería música de cámara lo que este incipiente dúo decidió en sus albores. Un dúo de flauta y guitarra con partituras compuestas específicamente para ese tipo de formación, y no reducciones grupales.

En un principio largaron con «La historia del tango» de Piazzolla, y después aparecieron otras obras de alumnos de Piazzolla, como «Buenos Aires» de Diego Pujol. Viviana Dal Santo, compositora pampeana, también se sumó al desafío y escribió para ellos la suite «Tres formas de decir el sur».

No resultó fácil elegir un repertorio, pero sí el estilo de música que querían hacer y como cualquiera puede imaginar, ese estilo de música los dejaba a contramano  de lo que es la generalidad del oído actual. Sin embargo fueron subiendo algunos ensayos a las redes y a partir de ahí empezó a movilizarse toda una repercusión, “un italiano por caso nos dijo que tenía obras compuestas para flauta y guitarra, también Diego Sola por ejemplo también nos mandó otra partitura”, cuentan.

No todo es escuchar

Sinestésica Dúo es música, pura música, pero lo que sale de la flauta y de la guitarra  no son sólo notas, también está la intención de girar sobre un objetivo central,  que es la difusión de la música de cámara, y ayudar a escucharla, a entenderla. La idea matriz está allí mismo: “A raíz de todo el estudio es que empezamos a proponernos la democratización de la música de cámara, es decir ver a esta música desde una perspectiva diferente y entonces nuestra intención es llevarla a ámbitos que no sean exclusivos de los núcleos académicos, y llevarla a lugares que quizás parecen inalcanzables, pero lo cierto es que nosotros no consideramos que no se pueda, que se puede y debe haber acceso a este tipo de conocimiento para todo el mundo. Entonces nos hemos propuesto llevar adelante este género.”


Cristian Mitzig

Al escenario

Darío Echeverría vive en General Pico y Cristian Mitzig en Toay, pero la distancia se fue diluyendo a fuerza de voluntad y de llevar, tal como explicaron, a la música culta hacia ámbitos populares. De modo que los ensayos se fueron multiplicando muy a pesar de los kilómetros y se fue haciendo el tiempo de subir al escenario.

Además de los ensayos apareció una agenda, un calendario, y de hecho ya han tenido algunos presentaciones y varias por venir, por ejemplo el cinco de noviembre en el aula magna de Santa Rosa. Más tarde, el diecisiete de noviembre participarán en festivales nacionales e internacionales de música clásica, Por los caminos del vino, en Mendoza.

Las proyecciones a futuro son sumamente promisorias, justamente Sinestésica Dúo ya está inserto en el programa para espectáculos de la Universidad Nacional de La Pampa, también en un programa nacional, y estos pampeanos se han ganado ese lugar, un escaparate desde donde difundir la música de cámara, el objetivo principal.

¿Quién le habla al alma del hombre?

Hay que entender cuáles son las modas de la música, que cada cual escuche lo que le gusta, lo que quiere. Pero la verdad es que dentro de las artes una de las más maltratadas es la música. Del tiempo del barroco, del clasicismo, del romanticismo, del tango, del rock, del jazz, se llegó a un subsuelo, como si todos esos grandes de la música no hubiesen existido y pasamos de Bach a Elegante en poco tiempo. Increíble. Y no esperamos que la verdadera música vuelva a reinar, pero que sí que vuelva a flotar un poco en el aire de nuestro país. “La intención tiene que ver con un objetivo transformador social del gusto, es decir de algo diferente, porque el público no está teniendo la posibilidad aun estando insertos en una red mundial de información como es el internet, la cuestión es que no tiene acceso en realidad a la música de cámara”, explican a dúo, y agregan: “fijáte los medios de comunicación que posibilidades te dan de escuchar buena música. Todo bien, es el mercado, ¿pero el espíritu qué? ¿Qué le puede aportar esa música al espíritu? Nosotros deseamos diversidad, variedad, un público que escuche de manera crítica y elija con criterio propio, que no se deje imponer lo que los medios difunden. Queremos cambiar de alguna manera, transformar el gusto del público. No es que reneguemos del marketing ni del mercado. No, pero algo está faltando ¿Quién le habla al alma del hombre?”

En literatura pasa también. Y siempre sucede como un péndulo. Cuando la cosa se va a un extremo aparece el otro extremo pidiendo exactamente lo contrario. A la literatura, bien digo, le pasa. Todo es lectura liviana, best seller, pero de pronto aparece otro público lector que pide una literatura más clásica, más compleja, más profunda, y a la música le sucede lo mismo. Nunca se escuchó música tan pobre como la que se difunde en estos momentos. Y allí surge el amanecer, en la hora más oscura, como se dice habitualmente.

Hacer música de cámara “lleva otro tipo de elaboración, este tipo de música lleva mucho más trabajo, más tiempo, más dedicación. El camino es más duro. Y exige y busca un oído más preparado y un espíritu que quiera sentir”, indican los dos, como quienes buscan reavivar el fuego en nuestros oídos helados.

*Las fotografías pertenecen a Yamila Coniglione

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Autor

Eduardo Senac