¿Por qué un festival llamado “grito de mujer” comenzaría con golpes de tambor? ¿Por qué un festival de poesía se llamaría “grito de mujer”? Claro que no hay una única respuesta y cada quien puede interpretar a su modo. Pero vale la pena formular una respuesta consciente y abierta para pensarnos como humanidad y, puntualmente, como sociedad piquense.
La necesidad de hacerse oír, la urgencia por subir el tono de diversas mujeres que se expusieron en un lugar público no se gesta porque sí. Reaccionan por algo, se organizan por algo, algo en lo profundo las lleva a involucrarse y a manifestarse. Quizás sean otros golpes y otros gritos los que recibieron y ahora salen estos, revestidos de alguna forma de arte.
“El desprecio y la humillación de la palabra, la ignorancia de la palabra, el silenciamiento y la poda de la palabra desfigurada en grito, en insulto o en cliché, es la puerta mejor abierta al golpe, la cuchillada o la bomba”, sostiene la ensayista Ivonne de Bordelois en su texto “La palabra amenazada”.
Pero un festival de poesía es el espacio germinal para la palabra, y es cerrar la puerta a la violencia para abrir la de la sanidad. Por eso el golpe de tambor, el grito, el zapateo lejos de ser violencia de unas locas resentidas, muestra la sana transformación de lo sufrido, la valiosa virtud de ser mujer y no callarse.
En grupo o de a una fueron pasando al centro de la escena para tomar la palabra. Unas cantaron, otras relataron hechos históricos, otras leyeron poemas, otras narraron sus ficciones, mientras que las artes plásticas y el baile completaron una noche de sororidad, o hermandad entre mujeres, tal como lo planeó Olga Liliana Reinoso: «Hace unos días, me comuniqué con Jael Uribe y le comenté que estaba conmovida por la respuesta que estaba recibiendo de mi comunidad ante la propuesta del «Grito…» Y ella me dijo que el efecto era mágico en cada lugar en que se presentaba el Festival –cuenta la reconocida escritora píquense-. Lo pude comprobar en emoción, vivencia y felicidad propias. No faltó casi ninguna de las convocadas (y las que no fueron lo hicieron con previo aviso), esperaron estoicamente su turno, a pesar de lo extenso del programa, respetaron la brevedad de cada presentación porque triunfó la sororidad y todas entendieron que cada escritora, cantante, bailarina, merecía lucirse y contar con la atención y el respeto del público. Yo comencé invitando, pero luego se fueron sumando en forma espontánea. En el maravilloso anfiteatro en que se ha convertido la Vieja Terminal, anoche se percibían la energía positiva, la fuerza vital y la alegría de todos los presentes. Marianela Camerlinckx, diosa gitana del flamenco, nos hizo un comentario a mi hija y a mí, que encierra la clave de que Grito de Mujer es mucho más que un Festival de Poesía y Arte: ‘fue un lugar de encuentro entre mujeres que no se ven con frecuencia, pero se quieren, se admiran y aman las mismas cosas’. Creo que esa es la síntesis y el objetivo primordial de este «Grito de Mujer»: fortalecer lazos, visibilizar el inmenso talento de nuestras mujeres y levantar la autoestima del género femenino para relacionarse amorosamente con los hombres de bien que nos rodean», concluyó Olga a modo de resumen del impulso invisible que ayer fue visible.
Aquí una recopilación de algunos de los textos leídos
Verónica Bessoni:
Ella hornea los recuerdos que amanecen serranos;
amasija silencios de arcilla con el sudor de los años
mientras saborea el viento terruño que llega girando.
Ella no entiende de números ni del saber ilustrado
pero cocina palabras trenzadas en un amianto;
también amalgama el polvillo que se desprende de a ratos.
Y cuando se acuerda,
toma un mate cocido con la pobreza en los brazos.
Tiene sufrir peregrino en los ojos de cobre antaño
y una actitud quejumbrosa en los hombros ya gastados.
Ella presiente qué luna le dispara algún quebranto
y cuál es la añeja tierra para amamantar su llanto,
pero no conoce qué voces ancestrales la han llamado.
Ella tiene un dolor atávico envuelto entre sus presagios,
lo va hilando a las arrugas de las palmas de las manos,
para que un ovillo de estrellas
le ampare el corazón empedrado.
Ella no tiene frío si la esperanza es de cero grado
porque se tapa el alma herida con un puñado de barro.
Yamila Juan:
Suárez
Usted es estúpido, no Suárez? Porque yo ya le había dicho veintidós veces que sí, antes de que usted atinara cursimente a abrirme la puerta pasando su brazo por delante y quedando medio cuerpo suyo apenas frente a medio cuerpo mío, solamente porque hoy pretendí ser descuidada y no prenderme el último botón de la camisa. Y ahora, de la misma manera estúpida, le voy a decir que no. Que no aceptaré su invitación a ningún barzucho melancólico donde los solterones grises rumean melodías cursis. Porque ahora que lo pienso, no voy ni a atinar a lavarle sus medias de rombos estúpidos ni a coserle los botones azules a su saco gris, como lo hubiera hecho bien dispuesta hace veintidós años, cuando esas melodías deprimentes eran la última moda sonora y cuando hubiese considerado esta camisa que tengo puesta ahora como de vieja que se le pasó la hora.
Laura Elena Carnovale
La niña
A mi mamá
La helada te deshace los huesos.
Tus manos chiquitas aprietan la ubre
y se siente tan tibia la leche entre los dedos.
Querés fundirte con el sol de la mañana.
Querés remontarte sobre el caldenal como un panadero
y recorrer los corrales
y rodar con los cardos
y jugar a la mancha con las tijeretas.
Las niñas del campo
no visten con flores
-te dicen-
a vos no te importa,
lasllevás en el pelo y en los ojos.
Y los colores del alba
se te pegan a los trapos.
Y brillás.
Igual brillás.