Días atrás publicamos una nota bajo el título «Arte vs. política, otra ronda». Dábamos cuenta fotográficamente de un mural que el artista santarroseño Dötz había plantado en la esquina de calles 22 y 19, y que desvergonzadamente fue tapado por propaganda política. Naturalmente los gritos y ecos de protesta fueron muchos, tantos que un par de plásticos locales decidieron poner manos en la obra, y con indignación a cuesta devolvieron la magia perdida en la esquina. Y agregaron un cartel: «El arte no se tapa». Ojalá sirva de algo el modo imperativo utilizado, tal vez no haya otra forma de comunicarse cuando el intelecto se encuentra en pañales.
El arte no se tapa
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