Mediante la expresión corporal se consiguen desarrollar la imaginación y la creatividad, a través de la improvisación, la recuperación del placer de jugar y la espontaneidad. La danza como movimiento que abre las puertas a una comunicación más profunda y completa, lo que repercute positivamente en el encuentro con los demás. La expresión corporal constituye así una interesante forma de abordar las relaciones y los mecanismos que se establecen en los distintos grupos. Cuando bailamos nuestro cuerpo habla, nuestro cuerpo se comunica, se libera el alma y las penas se olvidan. La danza es el lenguaje universal entendido como una forma de comunicación que permite conocer culturas, tradiciones, valores y sentimientos. La danza es la expresión corporal propia de cada individuo y como tal, su necesidad de ser reconocida y explorada. A través de ella nos podemos conectar con nuestro cuerpo y desde él recuperar un espacio para desarrollar nuestra capacidad creativa y lúdica.
Ana Pávlova fue una legendaria bailarina rusa. Estudió en el Ballet Imperial de San Petersburgo, compañía en la cual llegó a primera figura en 1906, y brilló con la misma categoría dentro del llamado Ballet Russes de Diaghilev, creado por Sergei Diaghilev, y reconocido como uno de los conjuntos artísticos más respetables de la primera mitad del siglo XX.
Después, creó su propia compañía y con ella llevó la danza clásica a diversas partes del mundo. Como artista Pávlova fascinó también a otros bailarines, músicos, pintores, poetas y coreógrafos de la talla de Mijaíl Fokin, quien la incluyó en el elenco del estreno de una de sus más delicadas piezas, “Las Sílfides”. Según refería el coreógrafo, en esa obra la artista “volaba por el escenario”. Fokin creó para ella varios ballets, pero “La muerte del cisne” se impregnó de inmediato en la memoria histórica de la danza como la más exquisita miniatura coreográfica de principios del siglo XX y una de las interpretaciones más complejas y completas, por la fragilidad y la verosimilitud de su único personaje. La imagen poética del cisne herido que agoniza y muere trascendió gracias al ingenio del creador y a la espiritualidad de la danzante.
El carácter de esta bailarina fue otro de sus citados “encantos” por lo extraño, quienes la conocieron la describen como nada modesta y bastante celosa de sus compañeros de baile y de los aplausos del público. Aún se desconoce por qué guardó el secreto del matrimonio con su representante, por varios años, y la muerte de la artista, demasiado temprana, ha sido descrita muy similar a la agonía de su cisne. Momentos antes del fallecimiento, a los casi 50 años, a causa de un resfriado, Pávlova susurró sus últimas palabras a quien la atendía. Pidió que le preparasen su traje de cisne, y al poco rato, murió.
En nuestra ciudad, como sucede en diferentes partes del mundo, una Escuela de danzas lleva su nombre. Dirigida por la profesora Gabriela Hondere, desde hace varios años viene cumpliendo con la formación artística en ese lenguaje que es la danza, una expresión del alma, pintada con los pies e inspirada con el corazón. El próximo domingo 20 de septiembre se realizará en el Auditorio de MEDANO, desde las 19:00 horas, el espectáculo “La danza, pura expresión”, y en su transcurso se estará mostrando todo el trabajo realizado en lo que va de este año.
En la Escuela existen diferentes grupos que reúnen a mujeres de todas las edades -niñas de 3 a 5 años y de hasta 50 años-, abarcando la enseñanza distintas disciplinas y ritmos, entre ellos clásico, contemporáneo, español, jazz, ritmos latinos y k-pop. Allí es entonces donde cada integrante transmite sus emociones y sus sentimientos a través de los movimientos y los gestos, como una manera también de transmitir los mensajes tácitos o no verbales. Es una riqueza cultural y ademas un talento divino, que permite sentir el alma liberada. Junto a Hondere trabajan las profesoras Mayra Pron, Daiana Ledesma y Dévora Freire.
El arte manifestado de forma instintiva
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