«Todas mis obras responden a automatismos inconscientes»

La imagen, como objeto de arte, siempre es la representación de una porción de mundo que construye sentidos. Es un discurso que circula socialmente y comunica, pone en relación diversidad de miradas que dialogan, se entrelazan, se soportan sobre imaginaciones, sueños, mitos, reverberaciones de lo real. Obras que traducen a imágenes vivas experiencias creativas en las que nociones tan huidizas como belleza, gracia, poesía, ilusión, abstracción, temor y temblor adquieren una dimensión formal. En otras palabras, se hacen obras de la pintura y se transforman en modelos eternos de lo único duradero que es capaz de lograr el hombre en su peripecia vital: el arte.
«No estoy segura de cuáles son mis fuentes de inspiración. En realidad, prácticamente todas mis obras responden a “automatismos inconscientes”: por ende, prácticamente no pienso en nada en particular cuando dibujo. No me siento una artista de vanguardia, es más, considero que desde que se fue el siglo XX las vanguardias propiamente dichas han muerto. Sin embargo, existen muchas manifestaciones de las artes visuales que pueden considerarse vanguardistas, pero son fugaces». Quien esto dice es Florencia Paolicchi, una joven artista plástica de nuestra ciudad que expone desde el pasado viernes en El Santo Bar. «Kundalini Psicodelicias» es el nombre que lleva su muestra de dibujo, que puede ser visitada en ese espacio de arte bosquejado por Alicia Malerba a finales de 2014, buscando de esa manera generar nuevos ámbitos donde los artistas encuentren un lugar para exponer sus obras.
La noche inaugural contó con el aporte musical de Jere Arguinzoniz y Pond La Banda, Nahu Rodríguez y Pau Fernández Cáseres. Este tipo de muestras se renuevan cada mes, y la intención es poder conjugar la expresión plástica con música y narración. Paolicchi, en realidad, abre sus alas como una mariposa inquieta, y transita, como todo reto, otros laberintos del arte como la fotografía, el cine o el teatro.
En el año 2012 participó como ayudante en el mural de la artista plástica Ana Lidner, en ocasión del Encuentro Nacional de Muralistas convocado por Corpico. Ha realizado, a su vez, muestras individuales y colectivas en diferentes espacios de la ciudad como Pizza Nova, La Caja Forense, Línea y MEDANO, entre otros. Intervino en distintos Salones de dibujo y pintura, siendo seleccionada en varias oportunidades.
«Mi “estilo original” -por decirlo de algún modo, ya que luego fui cambiando poco a poco-, y según las observaciones de otros colegas, puedo relacionarlos con los grafismos en general, sobre todo los precolombinos como los aztecas, mayas e incas. También algunos otros artistas han vinculado mi obra con la de Escher, básicamente por su complejidad. A pesar de todo, considero que no podría “encasillar” mis obras en un estilo o estereotipo en su totalidad. Tuve la clásica formación académica en Bellas Artes, tanto en Buenos Aires como en General Pico, pero mi desarrollo como artista plástica comenzó mucho antes, de forma autodidacta», relató Florencia.
Doménico Cieri Estrada escribió alguna vez que «el arte es la magia de transmitir la emoción». Cuando nos introducimos en el mundo de una obra, nos adentramos a un nuevo mundo, a una nueva experiencia con la obra. Esta se presenta como si fuera una nueva obra, diferente a la que percibimos la primera vez. Allí radica la emoción. El trabajo de Paolicchi ha sido publicado por la revista «WATT» en su edición de 2009 y cuando se le preguntó sobre sus próximos pasos, respondió que «cada uno de ellos los daré junto a mi arte. La verdad es que no tengo del todo definida mis metas». Algo sí está claro. Podrán haber otras atmósferas, pero el sentimiento seguirá siendo el mismo. Utilizando su lenguaje de sensaciones.

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Autor

Raúl Bertone