Adiós a un lobo estepario

Hoy murió en Capital Federal Juan José Sena, o simplemente Juanjo. Sería ocioso repetir aspectos formales de su biografía por varias razones, por ser de dominio común, por tener escasa importancia.¿Qué importan las fechas de sus libros, su carácter docente o bien el haber nacido en esta provincia? Apenas si puede interesarnos su gran amistad con Olga Orozco, en cuanto a «sociales» se refiere. Incluso nos da igual su personalidad en ocasiones histriónica, rodeada de amor y odio, sus extravagancias. Lo que sabemos es que hoy murió un escritor. ¿Qué significa eso? Un hombre que se dedicó de manera radical y excluyente a leer y escribir y que tuvo razones para hacerlo, vale decir, que un extraño mundo se movía por su interior y necesitaba ordenarse, con sinceridad, en largas hileras de letras que como ya sabemos a veces son un bálsamo y a veces una horca. En el caso de Juanjo fue un salvavidas que lo auxilió del escepticismo acérrimo o bien que lo ayudó a escribirlo y comprenderlo como un motor y no un ahogo.
¿Qué significa ser un escritor? Nada de poses ni agasajos, ni los juegos de palabras ni las tarjetas de presentaciones o escalafón social. Quiere decir vivir otra vida por fuera y por arriba de la vulgar de todos los días, quiere decir ir al mercado pero pensando en las estrellas, significa soledad aún rodeados por una ciudad.
A nuestra literatura no le sobran escritores. Nuestra literatura está más pobre que ayer.

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