El verbo bajo el agua

Hay ausencias que la literatura intenta edificar y la memoria insiste en desarmar. En esta pieza, Dardo Cuellar traza una cartografía del duelo donde la palabra poética opera como un refugio insuficiente: un intento de arquitectura simbólica frente al deslave inevitable del recuerdo. Entre tintas desvaídas, imágenes acuosas y la impotencia de la creación frente al dolor palpable, la escritura se revela como una frontera frágil; un portal que no logra aplacar a las bestias internas, pero sí resguardar, en la cavidad más íntima de la memoria, el eco invulnerable de un nombre.

Por Dardo Cuellar

La magia de las letras

dibuja muchas puertas 

y muchas espaldas

para escapar de fortalezas.

de emociones.

¡Donde se cruzan las vigas!

Sueño que contrae su fuerza,

el hueso más resistente de un cuerpo.

Tal vez todo fue mal hecho,

tal vez fallaron los cimientos.

¡Hay algo que está ahí!

Un embrión que es el verbo.

La acuarela de tus ojos se deshizo

 y escurrió, 

como papel bajo el agua.

Tu rostro se volvió una tinta descolorida.

Una vieja película dice que cuando uno se muere

su nombre es escrito en las nubes.

Palabras al viento.

Guionista que juega a ser Dios,

escribiendo destinos,

pero el dolor está adentro.

Ni el rostro,

ni las nubes ,

ni el que escribe,

saben nada de eso.

Solo el verbo de tu nombre 

vive y suspira

en el hueco de un recuerdo.

El cuadro se hizo río,

se sumergió furioso

durmiendo en profundo sueño

a las bestias que caminan

detrás de mis muchas puertas.

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