Un juego de imagen y trama

Hay tensión y misterio en la propuesta, el personaje principal parece cargar con una culpa que tal vez nunca lo abandonará. Fantasía o realidad, que importa, estamos en la sala de un cine, ese lugar en el que todos al menos alguna vez estuvimos. Las películas de uno u otro modo nos alimentan y nos habitan, ya sea para emocionarnos y-o para que después reflexionemos, de ahí su importancia concreta y simbólica.

Es de destacar que “Él mató a un motociclista alcoholizado” dirigida por Mariano Ananía, es un thriller psicológico filmado en unos cinco meses con un celular, lo cual implica un muy bajo presupuesto. Esta mención permite poner en perspectiva el trabajo realizado por el director, el elenco y aquellos indispensables “invisibles”.

Para quienes disfrutamos del cine, las nuevas producciones nos permiten evocar otras, el rostro expresivo de Chock con su Ramón remitió al Anton de Javier Bardem en Sin lugar para los débiles de los hermanos Coen y hasta hubo quien lo asoció con el Eric de Brandon Lee en El cuervo de Alex Proyas. Por otra parte, la forma -aunque no el sentido- de la cabeza de caballo remite a la de una escena aterradora en El padrino de Francis Ford Coppola.

La trilogía principal se desempeñó con solvencia, René mostró su desesperación y afectación por la situación, su jefe laboral le dio directivas muy precisas que fueron potenciadas por los movimientos de cámara, la compañera de René destacó por sus versátiles expresiones faciales y corporales, el gomero y su ingesta de tortas negras aportaron una ruptura al drama. Caras conocidas en el reparto contribuyeron con su gran granito de arena, Olga Reinoso, Susana Deballi, María Inés Pasqualotto, Norma Torta, entre otros y hasta una amigable estrella canina de destacada actuación. Y una perlita, entre el grupo de corredores en la laguna piquense apreciamos a la distancia al presidente de la Asociación Italiana.

Tanto la Apertura del festival con “Maníacas” y el Cierre con “Él mató a un motociclista alcoholizado” son productos comparables a los de Domingo Mario Filippini en lo que respecta a la comunidad que participa y que siente como propia cada realización. Enorgullece pensar en esa semilla primigenia cuyos frutos llegan hasta nuestros días. Hay belleza en muchos planos de General Pico y de la Pampa, parciales y panorámicos, como la laguna La Arocena, la Reserva Natural Delfín Pérez y los pastizales a campo abierto, para finalmente reconfortarnos con el agua del Río Atuel en Algarrobo del Águila.

Hay sorpresa en el virado a rojo en una de las escenas y también hay un lugar para la culpa. Un juego de imagen y trama. Esta mini reseña que no pretende ser una crítica, es un modo de celebración que procura convocar a reforzar la continuidad de propuestas nacionales y locales. Felicitaciones a quienes hicieron posible el Festival de Cine de General Pico, que cumpliera en 2026 su décima edición, haciendo apuestas cada vez más poderosas en defensa de lo nuestro.

Rosa Audisio
Artista Visual y Gestora Cultural Independiente

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Autor

Raúl Bertone