Para muchos fue el maestro alemán Alberto Durero quien marcó la senda a seguir con sus estudios de paisajes y de animales realizados en el siglo XV. Durero terminaba a la acuarela sus dibujos a pluma sobre temas de historia natural. Y surge también al mismo tiempo el nombre del pintor renacentista italiano Raffaello Santi, quien pintaba en grandes cartulinas como bocetos de tapices. En una lista de los principales representantes no pueden faltar John Sargent, Winslow Homer, Paul Sandby, Joseph William Mallord Turner, Mariano Fortuny, el postimpresionista francés Paul Cézanne y el vanguardista suizo Paul Klee. En nuestro país, Fernando Fader o Juan Carlos Castagnino dejaron legados imperecederos.
La acuarela, algo muy utilizado cuando en la escuela asistíamos a un curso de pintura, es una expresión artística muy usual desde épocas pasadas y que a diferencia del óleo plasma actividades cotidianas de la vida, como un cesto de frutas, una señora cruzando la calle, un vendedor de pescado o un baile costumbrista. Nos permite conocer con más precisión las costumbres de los pueblos. Además, por una cuestión económica, es una técnica que está más al alcance de la mayoría. Y como medio de expresión completa e independiente puede rivalizar en cualidades espirituales y emotivas con las demás técnicas; sin pretender que alcance el vigor de otras que se ejecutan con materias más fáciles de control y que tienen infinitos recursos a su alcance. La superioridad de la acuarela radica en sus finezas y transparencias, y en factores de estabilidad y permanencia a través del tiempo.
Un importante seminario tuvo lugar ayer sábado en MEdANo dictado por la profesora trenquelauquense Mercedes Jonas, quien fuera convocada por la Dirección de Cultura de nuestra ciudad. Artista plástica por vocación y profesión, Jonas adoptó esta técnica luego de tomar talleres particulares con los pintores acuarelistas Oscar Robledo y Sergio Merallo, y a partir de 1999 inició su recorrido profesional.
“La pintura me atrae desde que tengo uso de razón, y sobre todo el color. Mis primeros recuerdos se instalan en la niñez, cuando viajaba con mi familia y lo primero que ponía en el bolso eran las pinturas, hojas blancas, lápices, siempre fui marcando eso de la atracción por el color. A mis cinco o seis años le decía a mi abuela que iba a ser pintora, si bien en mi familia no hay artistas ni pintores. Con el paso del tiempo fui tomando clases, asistiendo a talleres y ya siendo adolescente decidí irme a estudiar a Capital Federal. Mis inicios fueron con óleo, estuve mucho tiempo con esa técnica, hasta que en 1997 conocí al riocuartense Oscar Robledo, la persona que dio el puntapié inicial para que me inclinara hacia la acuarela. En Buenos Aires concurrí a un taller de Sergio Merallo, también acuarelista, alguien que me marcó técnicas pero no me limitó, tuvo en cuenta el estilo que yo traía y eso es muy importante en un docente”, contó Jonas, respondiendo a la consulta de Lobo Estepario por sus inicios y su vinculación con la pintura, .
– ¿Cuáles serían las características principales que hacen a la acuarela una técnica que logra atrapar tanto?
– Considero que es un abanico muy amplio en cuanto a métodos y efectos que uno puede lograr. Sí se necesita de un trabajo constante, destreza, espontaneidad y paciencia para aprender esta técnica que difiere de otras en cuanto al manejo, la cantidad de agua que se necesita, los espacios en blanco, en fin, una cierta cantidad de detalles que la hacen diferente. Cuando mis alumnos vienen y me dicen que quieren aprender acuarela, siempre remarco que es una técnica suelta, que requiere de gran dinamismo y habilidad manual en el sentido de que es trabajar con el agua en movimiento junto con el pigmento. El papel no es cualquier papel, bueno, todo es un ejercicio contínuo, es como la gimnasia, se empieza practicándola de a poco hasta que el cuerpo se acostumbra y se ejercita. De la misma manera pasa con nuestras manos, y más pintando en acuarela.
– ¿Cómo fuiste armando ese recorrido desde el momento que decidís emprender una tarea profesional con la pintura?
– Lo hice a través de muchas exposiciones, y una vez que regresé a Trenque Lauquen realicé mi primera muestra con acuarelas en todos los formatos, y a su vez abrí un taller donde actualmente estoy dando clases. De esa manera me fui vinculando con otros artistas de diferentes ciudades de la provincia de Buenos Aires, durante 18 años viajé a Merlo, San Luis, para intervenir en un encuentro nacional de pintores paisajistas, como también a Villa La Angostura, Achiras, Potrero de los Funes. Además la posibilidad que brinda internet para mostrar lo que uno hace, por lo que decidí crear una página, generando el vínculo con exponentes de otros países. Así fue como me contactó un coleccionista italiano, me pidió acuarelas y bueno, pude de esa manera ir un poco más allá de nuestra frontera. Hay obras que vendí y se encuentran en distintas ciudades del exterior. Y una situación que me produjo orgullo fue un retrato del Papa Francisco, que una persona de aquí, aprovechando que tenía una audiencia con el, se lo entregó personalmente.
– ¿Qué temática utilizás preferentemente en tu obra?
– Los temas más desarrollados son totalmente figurativos, el espectador cuando se encuentra con mi obra se acerca a la realidad, ya sea a través de un paisaje, de flores o de un retrato. En cuanto a paisaje, tiene mucho que ver con mi entorno, con la llanura pampeana, todo lo relacionado a viejas estancias, ranchos, molinos. Y a la hora de los retratos me inclino hacia personas conocidas, sobre todo personas mayores. Aquí es donde necesito dibujar más, es una estructura mayor, y en lo que respecta al paisaje, armo mi propia composición a partir del desarrollo del mismo. La fotografía es parte de la pintura pero no hago una copia exacta de la imagen, por lo que busco un foco de atención en un determinado espacio de la obra. Y a la hora de elegir el tema de las flores, bueno, para mí es más libre, juego con la pincelada suelta, buscando crear y armar fondos con humedades y transparencias.