Kafka y Han Kang: dos formas de desaparecer

Kafka y Han Kang: dos formas de desaparecer
(Un análisis literario desde el cuerpo y la experiencia)

Por María Virginia Figal


En “La metamorfosis”, Franz Kafka imagina a un hombre; Gregor Samsa, que despierta una mañana convertido en un insecto. No hay explicación ni consuelo, solo el desconcierto y el progresivo rechazo de quienes lo rodean.
En una habitación cerrada, un hombre abre los ojos y ya no es hombre. Su espalda endurecida, sus patas múltiples, el lenguaje imposible. Nadie le preguntó si quería ese cambio, le ocurrió. Como una condena sin juicio.
En “La Vegetariana”, Han Kang narra la historia de una mujer: Yeonghye, que decide dejar de comer carne. Ese gesto mínimo, casi silencioso, se vuelve una ruptura profunda con su entorno, que no logra comprenderla ni aceptarla.
Dos historias distintas, dos cuerpos que cambian, dos formas de dejar de encajar, dos formas de desaparecer
A diferencia de George. que no elige convertirse en insecto, Yeonghye es una mujer que sí elige dejar de comer carne, después de tener pesadillas con visiones violentas. Ve carne cruda, siente olor a sangre, aparecen sacrificios que la impresionan y decide dejar de comer casi todo.
No hay un insecto visible, no hay horror monstruoso que salte a la vista, es un horror silencioso, progresivo, incomodo. Adelgaza hasta volverse frágil, su cuerpo pierde consistencia, fuerza, presencia.
Pero algo igual que lo que le ocurre a George, algo inquietante sucede, su cuerpo comienza a retirarse del mundo.
George amanece convertido, sin quererlo, Yeonghye, se va convirtiendo en planta por su propio deseo, quiere existir como un árbol. También así deja de pertenecer al mundo humano
A él lo rechazan porque ya no produce, porque ya no sirve, porque su forma incomoda.
A ella la empujan, la corrigen, la fuerzan, porque su decisión rompe el orden, porque su negativa desarma lo esperado.
En ambos casos, hay una casa, dentro de esa casa, un cuerpo que ya no encaja.
Él golpea puertas que no puede abrir.
Ella cierra puertas que no quiere volver a cruzar.
Hay algo en común en esas dos metamorfosis: no son solo del cuerpo, son también del vínculo.
Porque lo verdaderamente insoportable no es el cambio en sí, sino lo que ese cambio deja al descubierto.
La fragilidad del amor, la condición del cuidado, el límite de lo tolerable.
Un personaje queda atrapado en una forma que no eligió. La otra se deshace de la forma que le dieron.
Y en ese gesto -impuesto o elegido-ambos, pagan el mismo precio:
dejar de ser reconocidos.
Kafka y Han Kang no escribieron sobre monstruos, escribieron sobre lo que hacemos con los que dejan de encajar.
A Gregor lo aíslan, a Yeonghye la medicalizan.
A ambos lo silencian. Y aunque en ambas historias irrumpe la transformación, lo perturbador no es el cambio en sí, sino la respuesta del mundo; el aislamiento, la incomprensión la necesidad de corregir o eliminar aquello que desborda la norma.
Así, ambas obras revelan una verdad incómoda, lo monstruoso no siempre esta en el cuerpo que cambia, sino en la mirada que no tolera lo distinto

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