Un libro: El tango, desde el umbral hacia dentro, de Rafael Flores Montenegro.
«Como amante del tango me interesa conocer sus raíces, el núcleo de la cosa, y este libro me ha ilustrado muchísimo acerca de la historia del tango, de sus músicos, cantores, bailarines y poetas que le han dado vida. Su autor nos recuerda los personajes emblemáticos, indaga en las circunstancias y en los movimientos sociales que lo inspiraron, y página a página uno puede conocer desde lo más profundo y lejano la trama vivencial del pueblo, que ha creado una música que es la manifestación alegre que da la plenitud de las cosas cotidianas hechas con la satisfacción de manifestar en el canto o el baile, la creación única e intransferible que cada tango tiene.
Fragmento: “El tango no necesita de maquinarias publicitarias ¡cualquiera lo juzgue¡ para difundirlo no invierten Repsol, YPF ni Microsoft, ni los ministerios, ni la telefónica. Cuando lo hagan, será para ganar de antemano, veámoslo sin embargo, desde los garitos oscuros, de antiguos discos de pizarra, de músicos ya viejos que tocan como siempre tocaron, desde bailongos en lo profundo de los barrios de Buenos Aires, de casi subterráneos o escondidos programas de radios, así como de espectáculos musicales aventureros, comenzó a ganar el mundo, extendiéndose como un óleo profundo, luego lo descubrieron los listos del cine que ganan efectos, elocuencia de siglo XX, pozos de intimidad sobrecogedora y socarrona, poniendo escenas de intimidad tango en las pantallas, así son las cosas, así lo fueron siempre para el tango.“
Una canción: Sobreviviendo, de Víctor Heredia.
«Esta es mi canción preferida. Una canción por los derechos y la paz de la humanidad con una letra que lamentablemente cada día se hace más actual y necesaria. Sus versos son una protesta contra las guerras, las injusticias sociales, la contaminación ambiental; esta poesía me conmueve y cada frase me confronta y me hace reflexionar sobre todo el mal que genera el ser humano con el egoísmo, el orgullo, el materialismo, pero también nos habla de no quedarnos de brazos cruzados si no que nos habla de la responsabilidad que tenemos cada uno, nos alienta a luchar para “no ser solo un sobreviviente”. Creo que vale la pena intentarlo más allá de lo difícil que es por la gran corrupción que hay en todo el sistema. Yo también, como canta Víctor, ¡¡¡quiero la vida de mis simientes!!!».
Un disco: Las grandes creaciones de Aníbal Troilo, con Roberto Rufino.
«¡¡Que hermoso es el tango!!! Soy ferviente admirador de Rufino, para mi gusto y sin ánimo de ofender a los seguidores de otros cantores, creo que “El pibe del Abasto” fue el cantor más completo que tuvimos, y se puede comprobar con su extensa obra grabada. La ductilidad en el abordaje a los distintos tipos de estilo que tiene el amplio género del tango lo comprueba. Exquisito en el matiz, con una maravillosa técnica vocal y un sentimiento auténtico que desbordaba tanto en vivo como en las grabaciones. Y si a esto le sumamos la orquesta de Troilo tenemos una de las mejores duplas en la historia del dos por cuatro. En este disco no hay un declive, todo es para arriba y con niveles de genialidad en algunos casos. Es un alarde de calidad y capacidad artística para disfrutar a pleno tangos como María, Ninguna, Desencuentro, Frente al mar o Siga el corso».
Una película: La sociedad de los poetas muertos, de Peter Weir.
«Puedo asegurar que hubo un antes y un después de verla. El guión es genial y la actuación de Robin Williams es magnífica. Es un film que echa luz sobre cosas muy importantes de la vida, atrevernos a vivir como queremos, a ser quienes realmente somos, a no vivir en una sociedad que nos imponen máscaras para negarnos nuestra propia identidad, poder romper el paradigma. Ser quienes realmente deseamos ser sin miedo a que nos rechacen. Ser libres de elegir».
Un poema: Cuando me amé de verdad, de Charles Chaplin.
Cuando me amé de verdad
Cuando me amé de verdad
comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta,
y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre…”Autoestima”
Cuando me amé de verdad,
pude percibir que mi angustia,
y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal
de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es…”Autenticidad”
Cuando me amé de verdad,
dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a ver todo lo que acontece,
y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama…”Madurez”
Cuando me amé de verdad,
comencé a percibir
como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona,
solo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento,
o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es…”Respeto”
Cuando me amé de verdad,
comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable…,
personas, situaciones, todo, y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó esa actitud egoísmo.
Hoy se llama…”Amor Propio”
Cuando me amé de verdad,
dejé de temer al tiempo libre
y desistí de hacer grandes planes,
abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta,
cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es…”Simplicidad y Sencillez”
Cuando me amé de verdad,
desistí de querer tener siempre la razón,
y con eso, erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es la…”Humildad”
Cuando me amé de verdad,
desistí de quedar reviviendo el pasado,
y preocuparme por el futuro.
Ahora, me mantengo en el presente,
que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama…”Plenitud”
Cuando me amé de verdad,
percibí que mi mente puede atormentarme, y decepcionarme.
Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón,
ella tiene una gran y valiosa aliada.
Todo eso es…”Saber Vivir”
«Creo que han sido diferentes los poemas que me han conmovido a lo largo de mi vida, y hoy, que ya he pasado el umbral de los 50, puedo asegurar que he tenido un verdadero reencuentro con mi mismo y con esta reflexión me siento identificado».


