Los elegidos de Mario Gustavo Fiorucci (fotógrafo)

Un libro: Ficciones, de Jorge Luis Borges.

«Los cuentos de Borges siempre me han gustado. Cuando los releo encuentro algo distinto, una palabra, una idea, algo que termina maravillándome nuevamente».

Fragmento de Pierre Menard: «Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con incrédulo estupor lo que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez o nuestra barbarie. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.»

Una canción: Do you feel like we do (Te sientes como nosotros), de Peter Frampton.

«Es, tal vez, el tema que más escuche en mi vida. Llegué a comprar este álbum doble y grabado en vivo, en donde viene esta canción, en todos los formatos que fue saliendo a lo largo del tiempo. Entre otros temas tiene a Jumpin’ Jack Flash, clásico de los Rolling Stones».

Un disco: Selling England by the Pound (Vendiendo Inglaterra por una libra), de Génesis.

«Sus suaves melodías, sus cambios de ritmo, el tiempo a que me remonto cuando lo escucho. Un gran disco para mí humilde manera de ver».

Una película: El francotirador, de Michael Cimino.

«Difícil misión elegir solo una, pero me decido por esta tremenda historia de la guerra de Vietnam, donde unos jóvenes Robert De Niro y Meryl Streep, entre otros buenos actores, empiezan a destacarse y quedar para siempre entre los mejores de todos los tiempos. Por esta película Streep recibió su primera nominación a los premios Oscar de las 20 que tiene. La historia cruda y dramática plasma una vez más los horrores de las guerras y las consecuencias psicológicas irreversibles para aquellos que logran sobrevivir».

Un poema: Ajedrez, de Jorge Luis Borges.

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

«Se unen en esta combinación Autor-Poema, el talento genial de mi escritor favorito y el Ajedrez que es, fue y será mi combustible intelectual. Una manera de pensar y mirar la vida, un deporte, un pasatiempo y un puente fantástico para hacer amigos».

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Autor

Raúl Bertone